Abrázame fuerte (Chicago Railers Hockey 2) 49 Capítulo cuarenta y nueve
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49 Capítulo cuarenta y nueve

CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE

CALLIE

La luz de la mañana baña Lakeshore Sweets.

Es de esa clase que se filtra por los escaparates en rayos dorados y hace que el mostrador de cristal resplandezca.

El aroma del café recién hecho y d el azúcar caliente flota en el aire cuando meto el último cupcake en su caja y ato la cinta con un bonito lazo, con más cuidado del habitual.

Por una vez, todo parece fácil.

Desde nuestra mesa habitual en el rincón, Lilah, Rina y Sloane están en pleno ataque de risa por algo que solo capto a medias. Lilah lleva un vaporoso top bohemio y su pelo rubio resplandece al sol. Cuando levanta la mano y la coloca sin pensar sobre su vientre, yo me paro en seco.

—Pero mírate —digo—. Ya se te está empezando a notar.

Lilah sonríe y toda su cara resplandece.

—Siento como si me hubiese tragado un melón.

La risa resuena entre nosotras, y por un instante, me permito disfrutar de simplemente estar aquí, rodeada de mis amigas.

La puerta se abre y levanto la vista para ver entrar a River, con la ropa de los Railers puesta, y demasiado guapo para esta hora tan temprana, con el pelo revuelto y un atisbo de barba creciendo en su cara.

El hombre es ridículamente guapo.

Y tras él viene Oliver, siguiéndole.

River no titubea. Viene directo hacia mí, me toma la cara entre sus cálidas manos y me besa como si llevase toda la mañana pensando en hacerlo. El mundo se reduce para mí al frescor mentolado de su aliento y a la sólida presión de su cuerpo contra el mío.

Sonrío contra su boca, mientras la pastelería estalla en comentarios a nuestras espaldas.

Rina silba.

—Bueno, maldita sea. ¿Soy yo o de repente hace más calor aquí?

—Siempre supe que habría un final feliz en su futuro —dice Lilah con un suspiro soñador.

Oliver se apoya en el mostrador, con la mirada clavada en Rina.

—Te he estado buscando.

Rina arquea una ceja.

—Por desgracia, parece que me has encontrado.

Una lenta sonrisa se dibuja en la boca de Oliver.

—No hay ningún sitio en el que puedas esconderte en el que yo no vaya a encontrarte.

—Eso me suena como una amenaza —le suelta ella.

—Considéralo una promesa, querida —replica él sin dudar.

El color inunda las mejillas de Rina y, por una vez, no le replica con un comentario lo bastante afilado como para hacerle sangre.

Yo miro a Lilah, que se está mordiendo el labio para no echarse a reír.

—¿Quién habría dicho que tendríamos desayuno con espectáculo incluido?

—Mientras no se convierta en una escena del crimen, por mí ya está bien —replica Sloane con una risita.

Rina parece estar solo a unos segundos de echarle a Oliver las manos al cuello y ponerse a apretar.

O… quizás no.

A veces tengo la sensación de que hay algo más entre ellos de lo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir.

River se inclina hacia adelante y me limpia una mancha de harina de la mejilla con el pulgar.

—Te he echado de menos esta mañana. No me gusta despertarme y no encontrarte a mi lado.

Me derrito un poco antes de bromear:

—Tenía unos cupcakes que glasear y una pastelería que abrir.

—Lo dejaré pasar por esta vez. —Sus ojos se ensombrecen y sus dedos se deslizan por mi cara—. Pero esta noche, eres toda mía.

Se me corta el aliento pero consigo asentir.

—Hecho.

Él le da un rápido apretón a mi mano antes de retroceder.

—Probablemente tendríamos que ir marchando antes de que el entrenador nos multe por llegar tarde.

La mirada de Oliver se queda clavada en Rina, que da un sorbo deliberado de su taza sin mirarle.

—Te veo luego, Reynolds.

—Sinceramente, espero que no —farfulla ella entre dientes.

Le observo marcharse, moviendo la mano hacia mi vientre sin pensarlo conscientemente. No estoy segura de por qué ese gesto me parece tan adecuado.

Tal vez no sea nada.

O tal vez lo sea todo.

Lo que sé es que el futuro no me asusta.

Está desplegado delante de mí, lleno de promesas, y no puedo esperar a adentrarme en él al lado de River.