Capítulo 93
Sarah
El tiempo es algo muy curioso, vuela cuando eres feliz, pero va de forma extremadamente lenta cuando no.
He perdido la cuenta del tiempo que llevo encerrada en esta habitación.
He perdido la cuenta de la cantidad de veces que le he plantado cara a Evander desde que Silas murió.
He perdido la cuenta de las veces que rogué por mi muerte.
He perdido la cuenta de los cortes que me he hecho con cualquier cosa afilada que pueda encontrar para que el dolor físico aplaque el dolor mental, lo purgue.
He perdido la cuenta de las palizas que me han dado por no obedecer.
He perdido la cuenta del dolor que mi cuerpo es capaz de sentir.
Pero ante todo, he conseguido que Evander no me vuelva a poner una mano encima.
He descubierto que cuando le digo que pese a que esté muerto sigo siendo de Silas, la rabia lo invade de tal modo que no puede contenerse e intenta irse lo más rápido posible para no golpearme a mí.
Ha matado a muchos de sus hombres en este rango de tiempo por mi culpa.
No me importa.
No tengo remordimientos, lo volvería a hacer una y otra vez.
Ahora me siento invencible ante Evander, me he jurado a mí misma que nunca más, nadie, volverá a ponerme una mano encima, al menos no sin que yo presente batalla.
Silas ya no está, pero su presencia me acompaña siempre. Viviré del mejor modo que pueda en su honor, lucharé por salir de aquí.
Su amor me impulsa a intentar conseguirlo.
La puerta se abre y me sorprende que la comida se haya adelantado hoy. Me giro esperando encontrar a mi hermana tras ella, pero el hombre que está en el marco de la puerta es uno que no esperaba volver a ver jamás.
—Callum —susurro sorprendida.
—¿Callum? Para ti sigo siendo tu padre, no sé qué clase de educación te están dando aquí, pero está claro que en mis tiempos era mucho mejor.
—¿Cómo me has encontrado?
—Tu hermana no es tan lista como cree. Solo he tenido que esperar el momento perfecto para seguirla y dar contigo. Debí haber sabido que ese hijo de puta te metería aquí.
Mis pies comienzan a retroceder hasta que siento la pared a mi espalda y soy consciente de que lo único que he conseguido de este modo ha sido darle la opción de que pueda acorralarme aquí.
—¿Cómo estás, florecilla? ¿Qué tal te tratan aquí?
Y ahora que no tengo nada que perder, dejo de morderme la lengua, porque con suerte Callum me dará un mal golpe que hará que por fin pueda reunirme con Silas allá donde sea que esté.
—Mejor de lo que me tratabas tú —contesto, sabiendo lo que va a dolerle.
Callum acorta la poca distancia que había entre nuestros cuerpos y me agarra las mejillas con fuerza.
—De eso no me cabe duda, has pasado de follar una polla a follar muchas.
Ha tenido que ser un cambio agradable para una zorra como tú.
¿Qué tal se siente vivir con el semen de varios hombres dentro de ti constantemente, florecilla?
Estoy seguro de que añoras la polla de tu papá, no hay ninguno que se pueda comparar.
Las palabras no han terminado de salir de la boca de Callum cuando subo la rodilla con toda la fuerza que tengo y dejo que aterrice sobre su polla.
Él intenta silenciar un grito, pero está claro que mi acción lo toma por sorpresa porque consigo escapar de la jaula que estaba haciendo con sus brazos.
Antes de que consiga llegar a la puerta, me sujeta por el pelo y me tira al suelo.
El golpe hace que el aire que tenía dentro de mis pulmones salga por completo y me cueste volver a llenarlos.
Callum se coloca encima de mí y posiciona su mano sobre mi coño, apretando con fuerza.
—Mientras tú estás aquí encerrada disfrutando como la puta que eres, disfrutando como la máquina de bebés que serás para el hijo de puta de Evander, tu querido amorcito se está pudriendo en el sótano, viendo absolutamente todo.
Viendo cómo Evander te llena con su semen una y otra vez.
A veces lo escucho gritar por las noches, ¿sabes? Llora y ruega que no te toque más —ríe.
La sangre se me va a los pies. ¿Eso significa…? No, no puede ser. Estoy segura de que solo lo está haciendo para causarme más daño, para hacer que vuelva a pasar por ese momento de ruptura de mi alma, para que vuelva a ser sumisa.
Mi cuerpo se ha congelado y Callum se ha bajado los pantalones. Me gira la cara y me susurra al oído:
—Saluda a Silas, florecilla. Nos está viendo.
—No.
—Claro que sí —se ríe Callum.
Las lágrimas corren por mis mejillas mientras veo la cámara que nos enfoca, pero Callum no llega a tocarme, no llega a hacer nada más allá. Noto su peso desaparecer de encima de mi cuerpo, y Evander con la cara de mayor furia que le he visto jamás lo tiene sujeto por el cuello.
—No tienes derecho a tocarla —le grita—. Fueron mías, siempre fueron solo mías.
Callum desaparece llevado por Darío y Zeke, cada uno de ellos por un brazo. Evander duda si acercarse o correr tras ellos. Finalmente, se va cerrando la puerta pero dejando la llave sin pasar.
Ahora o nunca. Puede que sea mentira lo que me ha dicho Callum, pero su intención era que yo sufriera, así que creo que no es el caso, pero aun así no me importa.
Salgo corriendo y voy directa al teléfono que Evander tiene en su habitación. Llamo a Knox pero el puto teléfono da apagado. Las dos putas veces que hago la llamada.
Miro por la ventana y el color anaranjado de las hojas de los árboles me hacen saber que estamos en otoño.
¡La cabaña!
No puedo estar más agradecida a Silas en este momento que me obligara a memorizar todos los números donde podía encontrar a Knox en caso de que hubiera alguna emergencia.
No hay mayor emergencia que esta, así que tan rápido como los dedos me permiten y teniendo un ojo puesto en la puerta, llamo.
El teléfono suena y suena. Me desespera que nadie conteste.
En cuanto escucho cómo se descuelga el teléfono, comienzo a hablar de forma atropellada.
—Knox, necesitamos ayuda, Evander nos tiene a los dos en la fortaleza. Silas está en el búnker, necesitamos ayuda.
Al otro lado de la línea, una voz que hacía demasiado tiempo que no escuchaba, una voz que no me gusta encontrar en este momento.
—¿Sarah…?
—Mads, por favor, no tengo más tiempo. Sí, soy yo y si Knox consigue sacarnos de aquí, te prometo que te lo explicaré todo. Por favor, dile lo que te he dicho. Debo colgar, no tengo más tiempo.
Dejo el teléfono donde estaba y vuelvo a meterme en mi habitación, donde no dejo de caminar de un lado para otro. Necesito que Knox lo saque de aquí sea como sea.