A través del tiempo y del Atlántico Capítulo 43
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Capítulo 43

L as lágrimas inundaban mi rostro, Derek y yo lo habíamos conseguido, habíamos cumplido con la voluntad de nuestras tatarabuelas, y saber que Catherine e Ian habían vivido una vida plena y feliz fue un regalo del destino.

Lloré de felicidad, pero también de pena, pues hubiese dado lo que fuera por tener a mi madre junto a mí, por mirarla y decirle que todos pagarían.

Miré a Diana.

—Gracias por traerme esto. Llamaré a Derek, tiene el mismo derecho que yo a leerlas.

—Helenita, disculpame pero dos días junto a él era demasiado para no mostrale esto.

—Has hecho bien. Pero hay algo que no comprendo.

— Contame.

—¿Por qué mi bisabuela le contó todo a mi madre? Después de todo lo descubierto me da la sensación de que tras lo de Londres lo dejaría estar.

—No lo recordarás, pero tu madre tenía planeadas unas vacaciones para conocer Inglaterra. Irías ella, tú y tu padre. Cuando se lo dijo a tu abuela, esta trató de convencerla de que no lo hiciese, llegó a suplicarla y mostrarle otros muchos destinos vacacionales. Y ya sabes cómo era mi Rosita…

—Tenía instinto de sabueso —respondí.

—Exacto, y fue tal su cabezonería de no cambiar el viaje que Emma habló con Juana, pidiéndole consejo. Y a tu bisabuela solo se le ocurrió decirle la verdad a su nieta, mostrarle el diario de Catherine y pedirle que olvidase todo, que comprendiese lo peligroso que era aquello.

—Pero el alma periodística y justiciera de mi madre no le permitió mirar a hacia otro lado.

—Así fue. Poco después murió Juana y mi comadre prometió ante su tumba llegar hasta el final. No quería que tú tuvieses que vivir con miedo como lo hicieron ellas, quería dejarte un legado y poderte contar algún día quién era tu tatarabuela en realidad y el valor que tuvo para luchar por el amor.

Diana se mantuvo a mi lado dos semanas hasta que Derek y ella emprendieron el viaje de vuelta. Fueron días intensos, en los que la prensa quería respuestas.

Nathan y Cedric fueron asediados y sus empresas pendían de un hilo.

Con el apellido Digby en todos los titulares, como eje central de la trama y de crímenes impunes durante generaciones, padre e hijo decidieron romper con un pasado que no les pertenecía.

Gracias a la astucia empresarial de mi suegro, pudieron vender gran parte de las acciones antes de que su precio se redujese a la nada.

Y dispuestos a aclarar lo sucedido, dieron una rueda de prensa unidos, una declaración que dio la vuelta al mundo y en la que Cedric, con su saber estar y su templanza, dejó claro que ni Nathan ni él eran Digby, que el título nobiliario había sido retirado por su majestad la reina de Inglaterra a su exmujer Eleanor Digby y que, de ese día en adelante, su hijo y él mismo recuperarían su apellido, Holmes.

Cedric decidió aquel día retirarse de la vida pública, pues Nathan le dejó claro que su vida estaba junto a mí en Barcelona y no tenía intención de levantar un nuevo imperio empresarial. Algo que su padre, tras todo lo vivido, aceptó de buen grado, deseándonos toda la suerte del mundo.

En ese cambio de actitud, sé que no hubo solo la influencia de los acontecimientos y todo lo descubierto, sino también de una persona que llegó a la vida de Cedric para devolverle el amor que siempre le fue negado.

En la actualidad.

Miro a mi suegro, quien ha dejado de observar a su hijo para contemplar a la mujer que acaba de llegar y le ha devuelto la esperanza, Amanda Miller.

—¡Hola! —saludo a los hermanos sin levantarme.

—Hola, preciosa, ¿cómo van esas pequeñajas? —pregunta Liam dándome un beso en la mejilla.

—Grandes, pero perfectas. Sentaos que me muero de hambre —advierto.

—Voy a salir a ver a mi equipo y luego vuelvo, empezad sin mí —asegura justo cuando Derek le intercepta.

—De eso nada, hoy mi jefe de seguridad está librando, siéntate antes de que esta mujer nos devore a todos.

Le lanzo un trozo de pan y la mesa estalla en carcajadas. Liam obedece y sentado frente a mí, pregunta:

—¿Cuándo se celebrará el juicio?

—Todavía no hay fecha, pero mis fuentes aseguran que antes de que acabe el año —explica Nate entrando en la conversación desde su asiento.

—¿Qué tal llevas ser el periodista más cotizado del planeta? —pregunta Derek a su amigo.

—Estresante, la verdad, pero por ver a todos esos pagando, vale la pena. ¡Será el juicio más mediático de la historia!

De eso no nos cabe duda a ninguno, a raíz de la investigación conjunta entre el FBI y NCA se destapó toda una red de delitos fiscales, tráfico de influencias, coacciones y desapariciones sospechosas ligadas directamente al Consejo de Ébano, y además de la bruja del cuento, se sentarán en el banquillo de los acusados personalidades públicas como Oliver Ashbourne —mano derecha del primer ministro— o William Cavendish, descendiente del infame Howard Cavendish, antepasado que ahora sabemos estuvo igual de implicado en todo lo acontecido que el mismísimo Herbert Cavendish.

Además, la investigación de la muerte de mis padres, los llevó a destapar una red de corrupción en las altas esferas policiales de Scotland Yard, apresando a los responsables de falsificar el informe y aquellos que recibieron dinero por su silencio, en ese caso y otros muchos que se descubrieron a la par.

Lo que peor llevo de hacer justicia es que Derek se ha emperrado en ponernos seguridad a toda la familia, pese a que todo sea público es demasiado protector y se niega a aceptar que esa gente ya no puede tocarnos, según su experiencia las represalias en nuestra contra podrían fraguarse mientras esas familias tengan recursos.

Y, para colmo, Nathan es de su misma opinión.

Un mal pequeño para el gran bien que hemos logrado, según ellos…

Aunque es cierto que Liam se encarga de que sus hombres hagan su trabajo con discreción sin entorpecer en nuestro día a día. Solo espero que una vez pase el juicio, y se depuren responsabilidades, podamos dejar de mirar nuestra espalda.

Dejo de perderme en lo negativo de mi vida, cuando un trozo de pan impacta en mi rostro.

—¡Helena, vuelve, que te has quedado otra vez en las nubes! —dice Ava riendo.

Le sonrío, volviéndome a perder en el bullicio de esta amplia mesa.

En medio de todo este maravilloso caos que me rodea, me invade una certeza cálida, tranquila: ya no estamos separados por la mentira o el miedo. Nos ha costado, hemos perdido demasiado en el camino, pero al final lo conseguimos. Estamos juntos, y nunca más permitiremos que la distancia nos separe.

—Helena —mi hermana me da un codazo—. ¿En qué piensas?

Sonrío, acariciando mi vientre.

—En que tus sobrinas van a tener la familia más caótica del mundo.

Ella me guiña un ojo.

—Y la más maravillosa.

Y por primera vez en mucho tiempo, sé que es cierto.

—¿Llamaste a Diana? —pregunta Nathan cerca de mi oído.

—Sí, en cuanto aterrizamos. Le he prometido ir a verla cuando Catherine y Leslie nazcan y tengan edad suficiente para viajar en avión.

Me toco el vientre sintiendo una patada enérgica que sé que es muestra de la felicidad de la que gozan mis futuras hijas.

Esas niñas a las que les regalaré las joyas que un día mi tatarabuelo Ian regaló a la mujer que cambiaría el destino de varias generaciones, con la promesa de que volvería a buscarla y nadie los separaría.

Por inercia toco el colgante que luzco en el cuello, al tiempo que leo la inscripción que adorna mi muñeca desde hace años y se ha convertido en el lema de nuestra familia: «Te querré a través del tiempo y del Atlántico».