14. Carpe Diem #2
—¿Cómo? —El ataque a bocajarro me descolocó.
—¿Es por eso por lo que te sientes incómodo con él? ¿Te intimida?
—No —exclamé.
—¿No, qué? ¿No es guapo o no te intimida? —Abrí la boca y la volví a cerrar, incapaz de decir nada coherente—. Mi hermano no se come a nadie, aunque tenga esa pinta de tío serio.
—Tu hermano no me intimida —dije, encontrando mi voz al fin.
—Pero te parece guapo —afirmó con una incisiva sonrisa.
No había caso en negar algo tan obvio.
—Sí.
Se rio a carcajadas.
—Lo sabía —dijo—, pero no te preocupes por eso, no tienes nada que hacer con él. David es hetero.
Tal afirmación me molestó hasta la médula.
—¿Segura?
—El ladrón piensa que son todos de su condición —recitó cantarina—. Estoy segura. Mi hermano no tiene nada contra los gays, de hecho, le parece muy simpático que seas amigo mío y siempre me pregunta por ti. Si fuera gay yo lo sabría, él no tiene por qué esconderlo.
«Eso piensas tú, bonita», me dije, recordando que le había prometido a David guardar sus secretos.
Clara colocó sus cosas sobre la mesa del comedor y empezó a rebuscar en su bolso hasta sacar los libros y el estuche donde guardaba sus bolígrafos de colorines.
—¿Por dónde quieres empezar? ¿Física o formulación orgánica? —preguntó enarbolando los dos libros ante mis narices.
—Formulación —contesté sacando mi propio libro de química orgánica—, es más divertido, y tú todavía te lías con los compuestos nitrogenados.
—Pero es que son un coñazo. —Hizo un puchero—. Que si aminas, que si amidas… ¿Cómo quieres que no los confunda?
—Pero si es fácil, tonta. —Abrí el libro por ese tema y le expliqué—: Mira, lo dice aquí: las aminas son compuestos derivados del amoníaco, cuando se sustituyen uno, dos o tres de sus hidrógenos por radicales alquílicos o aromáticos, siendo aminas primarias, secundarias o terciarias; mientras que las amidas son derivados funcionales de los ácidos carboxílicos, en los que se ha sustituido el grupo –OH por los grupos –NH2, –NHR o –NHR’ , con lo que resultan las amidas primarias, secundarias o terciarias, que también se llaman amidas sencillas, N-sustituidas o N-disustituidas —concluí triunfal, pero ella me miraba como si le hubiera hablado en chino—. ¿Qué? ¿Qué es lo que no entiendes?
El sonido del ascensor al abrirse nos interrumpió en ese momento y vi con un atisbo de horror que David salía por él, y que estaba guapísimo. Nunca le había visto con un traje de chaqueta, era obvio que venía de trabajar. Quizá por eso parecía cansado y de mal humor.
—¡David! —Clara corrió a su encuentro, ignorando olímpicamente el mal talante de su hermano—. ¿Qué tal el día?
—Mal —contestó él—, la reunión con los de nuevas tecnologías me ha dado dolor de cabeza.
Se desanudó la corbata y desabrochó el primer botón de su camisa como si estuviera agobiado, mientras Clara cogía el maletín de sus manos y lo ponía sobre la mesa.
Parecían un matrimonio de serie norteamericana: él llegando a casa agotado y encontrándose a una mujercita preciosa que se preocupaba por él. Solo que, en vez de eso, eran hermanos.
No me dio mucho tiempo a seguir pensando, pues en ese momento David reparó en mí, y mi mente se detuvo por completo.
—No sabía que tuviéramos invitados —dijo con un tono monocorde.
—Ah, sí —respondió Clara como si nada—, ¿te acuerdas de Noah, verdad?
—Hola —saludé con la voz ronca, aún algo atontado, mientras él se limitaba a hacerme un leve movimiento con la cabeza a modo de saludo.
Clara me echó una mirada que quería decir: «¿Ves como sí te intimida?», antes de volver a dedicarle su atención a su hermano.
—Pensábamos estudiar aquí, pero si te molesta podemos irnos a mi cuarto.
—No, no te preocupes, la mesa del comedor es más grande, estaréis más cómodos aquí. Además, yo sí que me voy a mi cuarto, necesito darme un baño. —Se quitó la chaqueta con un descuidado ademán y la tiró sobre el sofá—. Pero antes, ¿podrías hacer algo por mí, preciosa?
Ella asintió enérgicamente.
—Claro.
—Hazme un café y tráeme un analgésico. —Se frotó el puente de la nariz mientras cerraba los ojos.
—Está bien. —Se giró hacia mí—. ¿Tú también quieres un café?
—Sí, gracias.
— Marrrchando —respondió Clara marcando la «r» cómicamente mientras se iba hacia la cocina.
David esperó hasta que su hermana se hubo alejado lo suficiente antes de hablarme:
—¿No te parece que es inconveniente que vengas a mi casa? —siseó.
Enarqué las cejas.
—¿Tanto te molesta verme aquí?
—No es que me moleste. Ya te lo dije, es problemático.
—Se supone que Clara es mi amiga, ¿qué excusa quieres que ponga para no venir? Lo problemático sería que ella sospechara algo. —Sonreí con inocencia—. Sólo estoy intentando actuar con naturalidad. Quedamos en eso, ¿no?
Entrecerró los ojos.
—Sólo porque tú te empeñas en alargar esta estúpida situación.
Puse pucheros, fingiendo estar molesto.
—La semana pasada no parecías tan descontento de verme.
—¿Estás disfrutando con esto, verdad? —me reprochó, haciendo evidentes esfuerzos por mantener bajo su tono de voz—. Si te refieres a nuestro encuentro en el baño…
—¿A qué otra cosa puedo referirme, David?
—Lo del otro día fue un error —espetó.
—Eso haberlo pensado antes de follarme.
David miró alarmado en dirección a la cocina, pero al ver que Clara aún estaba lejos, pareció relajarse un tanto.
—Créeme si te digo que no fue algo premeditado. Hacerlo en un baño a las apresuradas no es mi idea de pasarlo bien.
—Oh, sí, eso ya lo sé —seguí picándole—, te lo hubieras pasado mejor teniéndome atado a una cama.
—De verdad, Noah —meneó la cabeza; de repente parecía divertido—, eres un deslenguado. —Se acercó lo suficiente para ponerme nervioso—. La próxima vez que te domine vas a tener que recordarme que te ponga también una mordaza.
—Si no recuerdo mal, la última vez tu polla hizo de mordaza con bastante entusiasmo.
David rio bajito, conteniéndose para que su hermana no lo oyera.
—Tienes razón, esa es una manera espléndida de tenerte calladito. Una pena que Clara esté en casa, ¿no?
—No tanta —respondí altivo—, ahí fuera hay miles de pollas que chupar.
Sonrió con malicia.
—¿Intentando ponerme celoso de nuevo, pequeño? ¿No ves que eso no funciona conmigo?
No pude responderle, pues vi venir a Clara con una bandeja y tres tazas de café. La puso sobre la mesa junto a nosotros y vi que, aparte del analgésico de David, había también un plato lleno de galletas de chocolate.
—Gracias, preciosa. —David besó a su hermana en la frente mientras cogía su café, la pastilla y unas cuantas galletas—.
Procurad no hacer mucho ruido, por favor —dijo mientras se alejaba por el pasillo—, creo que hoy me meteré pronto en la cama.
Y no estudiéis mucho, ya sabéis lo que dicen —añadió girándose un poco para mirarme antes de perderse de vista—: Carpe diem quam minimum credula postero .
Si bien yo nunca fui muy bueno en latín, al menos sí reconocí la primera parte de la frase: Carpe diem, y aunque sabía bien lo que significaba, no entendí si David estaba haciendo una referencia velada al lugar donde nos habíamos conocido, o bien me estaba dando a entender que le daba igual que me follara a quien quisiera.
Me giré hacia Clara, que estaba bebiéndose su café. Luego dejó la taza sobre la bandeja y volvió a rebuscar entre sus libros.
—Pues yo prefiero empezar con física —dijo retomando nuestra conversación anterior, como si no hubiéramos sido interrumpidos—, no estoy de humor para la formulación.
—Yo tampoco —susurré dándome cuenta de que me temblaba el pulso—, ahora que lo mencionas.
—¿Eso te dijo?
—Sí, palabra por palabra.
Pablo se me quedó mirando con los pantalones a medio poner, estático, mientras procesaba lo que le había contado.
—¿La próxima vez que te domine? —repitió lo que le había dicho—. O sea, que quiere una próxima vez.
—Eso parece. —Intenté disimular que la perspectiva me emocionaba.
—Al menos tu contestación estuvo a la altura.
—No sé de dónde saqué los huevos para decirle eso —admití suspirando.
—Seguramente de las ganas que tienes de volver a tener su polla en la boca, cariño —dijo despreocupadamente mientras terminaba de vestirse y se miraba en el espejo, dándome a entender que yo no disimulaba muy bien.
Luego cogió un bote de gomina y se peinó el pelo aún mojado, para darle un aspecto impecable durante toda la noche.
Se estaba vistiendo para ir a trabajar, y tenía que ponerse guapo.
Yo le había dicho cada palabra que intercambié con David esa mañana porque me sentía obligado después de nuestra mutua promesa de no más secretos.
Además, él iba a recompensarme llevándome al garito donde trabajaba, en la última noche que me permitiría salir hasta después de los exámenes.
—¿De verdad crees que me dejarán entrar por la cara? —pregunté por enésima vez desde que me había dicho que fuera con él esa noche—. Porque si me hacen pagar la entrada…
Los precios para acceder a ese tipo de locales eran prohibitivos.
—Vas conmigo, Noah, no es la primera vez que uno de los empleados cuela a un amigo.
—¿Pero no vas a tener problemas por eso?
—Lo más probable es que nadie se dé cuenta. Pero de todas maneras, aunque el dueño se enterara, no pondría pegas al ver lo guapo que eres. —Me guiñó un ojo, divertido—. La mayoría de los clientes son viejos verdes, y un chico lindo no le viene mal al negocio.
Mi mirada se ensombreció un tanto.
—¿Quieres que haga de carnaza sexual o algo así?
—No… si no quieres. —Le miré aún más serio y él se rio, abrazándome—. No te pongas así, que es coña. Vas, miras, te tomas una copa y luego te quedas si te apetece. Y si no, pues te vas.
—No sé yo si encajo en ese tipo de ambientes…
Volvió a reír.