A través del sexo. La saga completa 13. Encuentros y desencuentros #5
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13. Encuentros y desencuentros #5

Ella negó con la cabeza, haciendo que sus pendientes se tambalearan entre sus cabellos.

—Pablo —empecé—, no creo que sea necesario que…

—Claro que es necesario —me interrumpió ella, mirándome reprobatoriamente con esos ojos tan parecidos a los de su hermano—. ¿Quién es David?

—Oh, bueno… —dijo Pablo contestando por mí, al ver que yo no tenía intención de hacerlo—. David es su primer amor, ¿sabes? Un capullo que se lo folla cuando le parece y luego lo manda a la mierda.

—¿Tu ex se llama igual que mi hermano? —preguntó ella, contenta por la «coincidencia»—. ¿Y no me lo habías dicho?

—Pablo, por favor —le rogué—, no creo que este sea el momento para…

—Pero Noah sigue enamorado de él, por lo visto es un dios del sexo — prosiguió como si no me hubiese oído bajo la atenta mirada de Clara—, y es condenadamente guapo, el muy cabrón.

—Pablo… —advertí de nuevo.

—¿En serio? ¿Es muy guapo? —Mis amigos se estaban esforzando por ignorarme—. ¿Cómo es? ¿Lo has visto?

—Solo en fotos —respondió él—, pero es moreno y…

—¿Podemos hablar a solas un momento? —Viendo venir una debacle, conseguí reaccionar y agarré a Pablo por la camiseta, tirando de él hasta que estuvimos suficientemente alejados de Clara.

—¿Pero qué mosca te ha picado, Noah? Suéltame ya.

—No quiero que le cuentes a Clara nada acerca de David —dije muy serio.

—¿Por qué? Pensaba que ella era tu amiga y…

—Aun así, no quiero que se lo cuentes.

—O sea, que a mí me vuelves loco con David: David para arriba, David para abajo… ¿pero Clara no lo puede saber?

—No —negué de nuevo.

—¿Por qué? Estoy seguro de que Clara no va a ir por ahí contándoselo a todo el mundo.

—Por lo menos sería más discreta que tú —le recriminé—, pero ese no es el problema, no es que no confíe en Clara… es que ella…

—¿Ella qué? —se impacientó.

—Ella es su hermana.

Hubo un momento de silencio.

—¿Cómo? —preguntó muy despacito, como si no me hubiera oído.

—Es su hermana —le dije, evitando su mirada—, es la hermana de David, pero no sabe nada acerca de…

De repente, Pablo giró sobre sus talones y se alejó de mí. Asustado, corrí tras él y tiré de la manga de su camisa.

—Pablo, ¿qué pasa?

Se encaró conmigo, con lágrimas de rabia brillando en sus ojos.

—¿Así que has vuelto a hacerlo, no? Todo tiene que ver con tu maldito David.

—Pablo, no es lo que tú crees…

—¿Ah, no? Es como la noche que nos conocimos, sólo me ligaste para ponerle celoso, y ¿ahora vas y te haces amigo de su hermana?

Sus palabras se clavaron como alfileres en mi pecho, haciendo que los remordimientos que guardaba acerca de la noche que le conocí y de los secretos que tenía con Clara afloraran a la superficie de nuevo.

—Me dijiste que me habías perdonado por eso, pero no me importaría pedirte perdón mil veces más si hace falta.

Y en cuanto a Clara, tienes que creerme — supliqué—, no tiene nada que ver con él.

Por eso fue a buscarme el día de mi cumpleaños, porque quería que habláramos acerca de su hermana, y a él le dije lo mismo que te digo a ti ahora: no estoy con Clara por él, ni siquiera al principio.

Ni contigo. Sois mis amigos y os quiero a los dos, pero ella no puede saberlo. Le prometí a David que no se lo diría.

—¿Pero por qué no me lo contaste a mí? —dijo señalando su pecho—, ¿por qué no confiaste en mí?

Bajé la mirada.

—Porque no quería oírte decir las cosas que me estás diciendo ahora. —Le miré de nuevo—. Eres mi mejor amigo, Pablo, el mejor que he tenido en toda mi vida, pero tenía tanto miedo… —Eso pareció ablandarle un poco—. Debí habértelo dicho antes. Perdóname.

Suspiró y me abrazó.

—Maldito idiota —musitó contra mi oído—. Siempre tengo algo que perdonarte, pero nunca puedo evitar hacerlo.

—No volveré a ocultarte nada de nada, te lo juro.

—¿De verdad? —Se separó un poco de mí para verme asentir—. ¿No habrá secretos entre nosotros?

—Si eso es lo que tú quieres…

—Entonces, ¿me dirás de una vez cómo la tiene David?

—Diecisiete centímetros y medio de pura delicia —susurré—. Y tú, ¿me vas a decir de dónde demonios sacas el dinero para pagar el alquiler?

Rio a carcajadas.

—Ah, cabrón, me has cogido por los huevos. —Sacó su cartera del bolsillo trasero de los vaqueros y extrajo una tarjeta. Me la tendió—. Pero no te burles de mí.

Miré la tarjeta. En ella estaban las señas de un local de «porno show gay». Le miré sorprendido.

—Sólo trabajo de camarero allí, lo juro. Sirvo las mejores margaritas de la ciudad.

—No le veo ninguna pega al trabajo. ¿Por qué no me lo querías decir?

Se ruborizó.

—Porque me obligan a llevar el culo al aire.

Riendo a carcajadas, nos abrazamos de nuevo, aliviados por habernos sincerado.

Cogidos del brazo volvimos en busca de Clara, mientras Pablo me prometía no contarle a ella nada que le hiciera darse cuenta de que mi David era en realidad su hermano, y yo iba pensando en lo rara que estaba resultando la noche.

Con una sonrisa recordé mi encuentro con David y me dije a mí mismo, no sin cierta satisfacción, que al menos esa vez no me había dicho que no podíamos volver a vernos.