30
Llevaban más de una hora y media corriendo.
No era una carrera limpia, no era constante. Era un avance desesperado a un ritmo que ningún cuerpo sin entrenamiento militar podría soportar… y, aun así, Emma seguía.
Su respiración se había convertido en un sonido irregular, entrecortado y casi doloroso, jadeante. El aire entraba en sus pulmones como fuego seco, raspando cada vez que intentaba inhalar más profundo.
El pie le latía, cada impacto contra el suelo enviaba una punzada aguda que subía por la pierna hasta clavarse en la cadera.
Las piernas le empezaban a fallar, los músculos temblaban y la visión se estrechaba, pero Jack no soltaba su brazo. Su agarre era firme, estable, marcando el ritmo y empujándola hacia delante impidiendo que se detuviese.
—Respira —le ordenó entre dientes—. Corta. Controlada.
Emma asintió sin saber realmente si lo hacía bien, solo sabía que seguía avanzando porque él la llevaba.
El equipo corría alrededor de ellos en formación dinámica. Mark abriendo camino, el gunner cubriendo flancos, Alex vigilando retaguardia mientras avanzaba hacia atrás en intervalos cortos, Ethan cerca, atento a cualquier señal de colapso.
El desierto se había vuelto más escarpado, el terreno irregular, obligándolos a saltar pequeñas rocas y pendientes cortas que quemaban las piernas.
Y entonces Emma las vio. Luces, pequeñas al principio, pero reales. No eran vehículos, eran fijas y altas.
—Jack… —jadeó.
Él ya las había visto. Una línea tenue en el horizonte junto con una torre de vigilancia y antenas que se posicionaban como sombras geométricas que rompían la forma natural del desierto: la frontera. Una base, allí, aproximadamente a un kilómetro. Cerca, muy cerca, pero a la vez demasiado lejos.
—Las ves —dijo él.
No era una pregunta. Emma asintió, incapaz de hablar. El corazón golpeaba con fuerza salvaje dentro de su pecho.
—¡Movimiento lateral! —gritó Mark.
Luces nuevas aparecieron desde el flanco, más bajas y rápidas. Obviamente eran vehículos que pertenecían a la milicia y que estaban esperándolos para cercarlos.
Jack aceleró.
—¡Más rápido! —gritó.
Emma sintió que las piernas no le respondían, pero él tiró de ella literalmente, arrastrando su ritmo hacia delante.
—Solo un poco más —le gritó—. Solo un poco más.
Las luces de la base crecían, más claras ahora. La silueta de la torre destacó contra el cielo oscuro cuando un foco se encendió en la distancia, signo de que desde la base los habían localizado.
Y entonces… los disparos, secos, lejanos al principio y luego más cercanos. Balas golpeando la arena por detrás de ellos.
—¡Contacto! —gritó Alex.
El equipo agachó instintivamente el cuerpo mientras corrían con la espalda inclinada y la cabeza gacha.
Los motores rugían detrás, cada vez más cerca.
Emma sintió el pánico subiéndole por la garganta.
Jack la sacudió ligeramente.
—Escúchame —gritó. Ella levantó la mirada—. Pase lo que pase… corres hacia esas luces. —Señaló la base—. Manos en alto. —Su voz era firme e irrompible—. Gritas que eres americana. ¿Entendido?
Emma asintió.
—Entendido.
Jack sostuvo su mirada un segundo más y entonces volvió a tirar de ella.
Las luces crecieron frente a ellos. La torre de vigilancia ya era una silueta clara contra el cielo oscuro.
Un foco se encendió en la distancia, barriendo el desierto con un haz blanco que cortaba la arena suspendida.
Los habían visto, pero también a los vehículos.
Sus motores rugieron detrás, más cerca, mucho más cerca.
Emma escuchó el primer disparo pasar silbando sobre su cabeza, luego otro. La arena explotó a pocos centímetros de sus pies.
—¡Contacto directo! —gritó Mark.
Jack empujó a Emma hacia delante.
—¡Cabeza abajo!
Le sujetó la nuca y la obligó a agacharse mientras seguían corriendo.
Balas trazadoras cruzaron la oscuridad.
Los vehículos de las milicias aparecieron por el flanco, luces altas y levantando el polvo mientras intentaban cerrar el paso. Uno por detrás y otro desde el lateral. Los estaban cercando.
—¡Nos cortan! —gritó Alex.
Jack soltó el brazo de Emma un segundo.
—¡Sigue corriendo! —rugió.
Ella obedeció, aunque con las piernas temblando y el pecho ardiendo, pero siguió. Ahora ya era supervivencia extrema.
Jack giró sobre sí mismo mientras corría, levantó el arma y disparó ráfagas cortas y controladas.
—¡Ruedas! —gritó—. ¡Disparad a las ruedas!
El equipo respondió al instante.
El gunner abrió fuego hacia el flanco izquierdo, Mark giró disparando hacia atrás sin perder velocidad.
Un vehículo zigzagueó violentamente cuando una bala impactó cerca del neumático delantero.
Los disparos enemigos se intensificaron.
La arena saltaba alrededor de sus cuerpos y las balas pasaban a escasos centímetros.
Jack volvió a alcanzar a Emma, colocándose medio paso detrás de ella, protegiéndola mientras corrían.
—¡No pares! —gritó—. ¡Mira las luces!
La base estaba más cerca ahora, podían distinguir las estructuras. Torres, antenas y una línea de posiciones defensivas.
Los disparos se volvieron más cercanos y más precisos. La arena explotaba alrededor de ellos en pequeñas erupciones violentas.
Un grito seco rompió el ritmo.
—¡Impactado!
Emma no supo quién lo dijo, solo sintió cómo el movimiento del equipo cambiaba de inmediato.
Uno de los hombres de Jack cayó hacia delante, arrancándolo del paso cuando la bala le atravesó el hombro. Rodó sobre la arena con el arma golpeando contra el suelo. Alex intentó levantarse del suelo para seguir corriendo, pero le habían atravesado el hombro.
Mark giró sin dudarlo y corrió hacia él.
—¡Lo tengo!
Se agachó bajo fuego enemigo, agarrando el chaleco del herido y tirando de él hacia arriba con una fuerza brutal.
Alex gritó entre dientes mientras la sangre oscurecía la man-ga.
Jack se giró instintivamente hacia ellos un segundo. El impulso de correr hacia su equipo lo atravesó como una descarga eléctrica, pero Emma seguía avanzando a su lado. Ella era su prioridad y su misión, su responsabilidad… su todo.
Apretó los dientes.
—¡No lo soltéis! —gritó hacia atrás.
Nunca dejaban atrás a nadie.
Mark levantó al herido por debajo del brazo mientras el gunner cubría disparando hacia los vehículos que se acercaban rugiendo por el lateral.
Otro vehículo apareció por la izquierda, demasiado rápido y demasiado cerca.
Una ráfaga de disparos cortó el aire, obligándolos a agacharse mientras seguían avanzando.
Jack soltó el brazo de Emma.
—¡Corre! —rugió.
Ella obedeció, aunque cada paso era un desafío.
Jack se detuvo medio segundo, se giró y apuntó.
El primer disparo lo falló. El segundo levantó arena cerca del neumático. El vehículo seguía acercándose, intentando rodearlos. Jack ajustó la respiración, ignoró el caos y disparó de nuevo. Esta vez sí impactó en el objetivo.
La rueda explotó con un estallido seco y el vehículo perdió estabilidad, desviándose violentamente hacia un lado mientras levantaba una nube de polvo y arena.
Jack siguió disparando en esa dirección para obligarlos a cubrirse.
—¡Sigue corriendo! —le gritó a Emma con desesperación—. ¡No mires atrás!
Ella avanzó hacia las luces.
La base ya estaba cerca, demasiado cerca para detenerse.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, mezclándose con la arena y el sudor.
No sabía si lloraba por el dolor, por el esfuerzo, por el miedo o por todo lo que había dejado atrás.
Tom, el sonido del disparo en su cabeza, el secuestro, la oscuridad, el helicóptero cayendo del cielo, los hombres que no habían sobrevivido al impacto… cada paso era un recuerdo atravesándola y, aun así, seguía corriendo.
Alzó las manos mientras corría, casi sin darse cuenta.
—¡Soy americana! —gritó con la voz rota—. ¡Ayuda!
La torre de vigilancia parecía enorme ahora y las luces blancas eran cegadoras.
Pudo ver sombras moviéndose y armas apuntando.
Detrás de ella, los disparos continuaban, así como los gritos de sus compañeros.
El rugido de motores acercándose acechaba, pero Emma no dejó de correr.
La salvación estaba delante, a pocos metros ya de ella.
De repente, un foco potente la iluminó completamente y un grito amplificado llegó desde la distancia.
—¡Alto! ¡Identifícate!
Podía ver armas apuntándolos desde la frontera.
Emma sintió el corazón detenerse.
Jack alzó la voz mientras corría acercándose a ella, la cogió del brazo y tiró más fuerte de ella en dirección a la base, ignorando la orden de parar.
—¡ Friendly ! ¡ US Special Forces ! ¡ Friendly ! —Los disparos detrás no cesaban. Las milicias seguían avanzando, intentando alcanzarlos antes de cruzar—. ¡Manos visibles cuando llegues! —le gritó Jack a Emma—. ¡Corre!
Los motores rugieron aún más cerca.
Una bala impactó en una roca junto a ellos, fragmentándola.
El equipo respondió con fuego de supresión mientras avanzaba.
Y entonces… desde la base llegó el sonido profundo de armas pesadas. Fuego de cobertura. Trazadoras cruzando por encima de sus cabezas hacia los vehículos enemigos.
Uno de los coches frenó bruscamente y otro giró levantando arena.
Los soldados de la base salieron en formación, avanzando hacia ellos con armas levantadas, gritando órdenes, pero no bajaron las armas, no aún, porque hasta que confirmaran podían seguir siendo una posible amenaza.
Emma corrió hacia las luces con las manos temblando.
El mundo quedó reducido al ruido de disparos y al peso de cada paso. Cuando cruzaron esa línea invisible la tensión no desapareció, solo cambió de forma.
Las luces los devoraron, focos blancos atravesando la oscuridad, sombras armadas moviéndose frente a ellos y voces amplificadas.
—¡Alto! ¡Alto!
Emma apenas escuchaba entre el ruido de los disparos.
Sus manos seguían alzadas mientras corría, los pulmones ardían con cada respiración.
—¡Soy americana! —gritó—. ¡Ayuda!
El suelo cambió bajo sus pies, más firme y más pisado.
Una línea invisible que no podía ver, pero que sintió.
Habían cruzado y, pese a todo, los rifles seguían apuntándolos.
Una fila de soldados con equipamiento táctico completo avanzaba hacia ellos con armas levantadas y miras alineadas.
—¡Al suelo! —gritó una voz.
Emma se detuvo por instinto.
Jack apareció detrás de ella, respirando con fuerza.
—¡ Friendly ! ¡ US Special Forces ! —gritó con voz ronca—. ¡Contacto hostil detrás!
Detrás de ellos los disparos continuaban.
Las milicias frenaban cerca del límite, disparando desde la distancia.
Entonces la respuesta desde la base llegó más contundente aún, el sonido profundo de armas pesadas de fuego de cobertura cruzaba el cielo, obligando a los vehículos enemigos a retirarse.
Los soldados aliados se desplegaron rápidamente, algunos arrodillándose, otros avanzando para interceptarlos.
Las armas de militares jordanos seguían apuntándolos.
Uno de los militares se acercó a Emma con cautela extrema.
—¡Manos arriba! ¡No te muevas!
Ella obedeció temblando.
Jack también levantó lentamente sus propias manos, aunque el arma colgaba aún de su pecho.
—¡Equipo aliado! —repitió—. ¡Traigo paquete prioritario!
Emma sintió cómo esas palabras la atravesaban, pero también comprendió: era protocolo.
Dos soldados rodearon a Jack inmediatamente.
—¡Arma al suelo!
Un segundo de tensión.
Jack miró a Emma en un segundo que se hizo eterno y luego soltó el arma despacio.
La dejó caer sobre la arena.
Fue la primera vez desde que todo había empezado que la soltó realmente.
Emma sintió cómo algo dentro de ella cambiaba, porque ahora ya no estaba bajo su control. Ambos se miraron fijamente unos segundos.
Un sanitario apareció observando la situación.
Otro equipo avanzó hacia los hombres que aún corrían hacia la frontera, arrastrando al herido bajo fuego de cobertura.
Las milicias comenzaron a retirarse lentamente con las luces de los vehículos alejándose en la distancia.
Sin embargo, el ruido de disparos y la tensión seguía allí, pesada y real, porque, aunque habían llegado, aún no estaban a salvo.