A primera molestia (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 1) 32 Yendo a regañadientes hacia el amanecer
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32 Yendo a regañadientes hacia el amanecer

Foxx tomó una bocanada de aire, abriendo los ojos de golpe cuando el humo llenó sus pulmones y un dolor que le recorría todo el cuerpo lo atravesó. Oyó en silencio las sirenas a lo lejos. Puede que le hubieran dicho a la policía que se mantuviera alejada… pero una bomba sin duda los haría venir.

Tosiendo, miró a su alrededor para orientarse. Estaba atrapado bajo madera en llamas y otros escombros.

—Mierda —gruñó.

Por todo el dolor que sentía, suponía que debía de haberse roto algunas costillas… y estaba bastante seguro de que algo le había perforado el costado.

Foxx podía ver parte del cielo, que empezaba a iluminarse.

Al percibir la destrucción a su izquierda, contuvo la respiración.

Estaba… en la planta baja, tendido sobre los escombros.

La bomba había derrumbado la mitad del edificio.

Podía ver hasta ocho pisos. Cada uno de ellos estaba destrozado y hundido, hecho trizas.

Esto no podía ser obra de la pequeña bomba que el tipo había sostenido… si lo fuera, Foxx estaría muerto. Había tenido suerte de estar lo bastante lejos como para que la explosión lo lanzara hacia atrás en vez de pulverizarlo. ¿Cuántas bombas habría activado ese idiota?

Volvió a mirar el cielo y frunció el ceño al verlo iluminarse todavía más. Salía el sol. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? Un pensamiento aterrador logró que el dolor amainara por un momento: ¿y Harlow?

Con el temor inundándolo, usó parte de la escasa energía que le quedaba y escuchó. Casi se echó a llorar al oírlo… un latido.

—Mierda, más te vale que seas tú, Harlow. Te juro por la Diosa que, si estás muerto, te voy a patear el trasero.

Respiró tan profundamente que le dolió en las costillas, y se quitó todo lo que tenía encima. Al mirar hacia abajo, por fin vio lo que le perforaba el costado: un tubo de cinco centímetros… qué alegría.

Haciendo una mueca, agarró el extremo y lo arrancó, siseando de dolor. Inhaló otro profundo y doloroso hálito, se incorporó y se obligó a ponerse en pie. Dolía. Lo único que quería era hacerse una bola… pero tenía que encontrar a Harlow… al menos, eso esperaba.

Foxx probó su auricular; estaba completamente muerto. Probablemente Harlow no habría respondido ni aunque funcionara. Luego revisó su teléfono. La pantalla estaba hecha un desastre, pero aún funcionaba… más o menos.

Cojeando, avanzó por el pasillo hacia el lugar de la primera pelea, esforzándose por evitar el fuego mientras atravesaba los escombros.

Foxx llegó al lugar y se estremeció. Había un cráter…

donde antes estaban los humanos con vida.

Eso resolvía la pregunta sobre si hubo más de una bomba.

Bueno, al menos no podrían culparle de sus muertes.

Con cuidado, se metió en el cráter y salió, cojeando frente a la recepción… y entonces se detuvo. Olía a sangre. Había mucha en él, pero aquello olía a sangre limpia, sangre fría. ¿Tendrían los vampiros una reserva de sangre aquí? Oh, por favor, mi Diosa, concédeme este favor, rezó.

Beber sangre no lo sanaría al instante, pero le daría energía. Los efectos no serían permanentes, durarían solo unos treinta minutos como máximo, pero durarían el tiempo suficiente para sacarlos de allí. Al menos, esperaba que hubiera un «ellos».

Volvió sobre sus pasos, se deslizó detrás del mostrador del hotel y empujó la puerta oscilante que colgaba a medias.

La alegría lo invadió al ver las hieleras.

Algunas estaban muy rotas, destrozadas por la explosión porque parte del techo había caído sobre ellas.

Pero otras estaban intactas. Cojeando rápido hacia una, levantó la tapa y soltó un chillido de felicidad.

Foxx agarró una bolsa y la presionó directamente contra sus colmillos.

Vació la primera con rapidez y siguió hasta beberse tres bolsas.

Este falso impulso de salud solo funcionaba por el tipo de heridas que tenía.

Si le hubieran arrancado la cabeza o dañado el corazón, ni siquiera beber sangre lo habría puesto en marcha.

Como vampiro, podía ignorar mucho daño, pero si el tubo le hubiera perforado el corazón…

habría estado fuera de combate… posiblemente de forma permanente, dependiendo de cuánto tiempo hubiera permanecido allí.

La sangre que corría por sus venas alejó temporalmente su fatiga.

Salió menos impedido al vestíbulo y se dirigió hacia la otra escalera, emprendiendo de nuevo la subida.

Esta vez, no era Harlow quien luchaba, sino Foxx.

Pero con cada escalón se fue convenciendo más de que el latido arriba, esperándolo, era el de su compañero. Tenía que serlo. La ubicación cuadraba.

Llegó sin aliento hasta arriba, pero no se detuvo. Al entrar al pasillo, Foxx encontró esa parte del octavo piso milagrosamente intacta.

Tomó otra respiración profunda, todavía dolorosa, avanzó decidido, abrió la puerta de la habitación y se relajó contra el marco al ver a Harlow justo donde lo había dejado.

Foxx cayó de rodillas junto al hombre.

—Mierda, eres un humano con mucha suerte, viejo.

A través de los vidrios empañados y rotos, la luz exterior brillaba aún más que antes. Menos mal que había guardado su traje solar cerca.

Harlow gruñó y abrió los ojos poco a poco. Se encontró cara a cara con Foxx. El vampiro estaba inclinado sobre él.

Al menos eso le pareció; la cara del hombre estaba cubierta de sangre, hollín y suciedad. Pero ¿quién más llevaría un traje solar de oso rosa?

—¿Foxx? —gruñó, jadeando mientras sus pulmones protestaban.

Foxx parpadeó varias veces.

—Bien, estás despierto.

—¿El edificio está en llamas? —Parecía que había fuego más adelante en el pasillo, por lo que alcanzaba a ver, pero lo que veía no tenía sentido.

Había demasiada luz… no debería. Las paredes del edificio tendrían que haberla bloqueado.

Además, ahora estaba en la planta baja… tendido junto a la recepción.

Ni siquiera quería pensar en cómo había llegado allí.

—Maté a todos los vampiros… y para colmo, no todos se rindieron, así que estaba peleando con los humanos cuando ese imbécil que no maté en las escaleras entró con una bomba.

Digamos que todo explotó. El pequeño cabrón aparentemente había colocado varias bombas que no solo mataron a los humanos con los que peleaba, sino que volaron la mitad del edificio y se encargaron de los últimos supervivientes en la planta baja.

Me desmayé y desperté otra vez aquí abajo.

Encontré sangre. Te encontré a ti otra vez.

Por suerte, te había dejado en el extremo del edificio que no explotó, y sí, acabo de volver por mi traje solar para que podamos salir de aquí de una maldita vez.

Harlow se lo quedó mirando, intentando asimilarlo todo.

—¿Por qué a todo el mundo le toca hacer explotar cosas menos a mí? Bueno, al menos no hay supervivientes con los que lidiar… Pero vamos a tener un montón de papeleo.

—Una montaña de papeleo. Podemos ignorarlo hasta que estemos curados. Sí, estoy con un subidón de sangre que me permite ignorar todas mis heridas.

—Yo lo puedo aguantar más que tú —dijo Harlow con una sonrisa engreída.

Se le escapó una risa que enseguida lamentó, porque le siguió un dolor horrible que le retorció las entrañas. El dolor era solo una parte. Harlow se sentía débil, completamente drenado.

—No me hagas terminar contigo —dijo Foxx con dulzura.

Harlow esbozó una sonrisa burlona y contuvo la risa aquella vez.

—Dame un momento y me levanto.

—Oh, no. —Foxx soltó una carcajada mientras cerraba el visor de su rostro con la cremallera.

Los ojos de Harlow se abrieron más cuando la mano de Foxx empezó a meterse por debajo de él.

—¡¿Qué estás haciendo?!

—No puedes caminar y yo tengo energía limitada.

Harlow intentó forcejear, ignorando el dolor, mientras Foxx lo levantaba.

—¡Bájame!

—¿Cómo diablos creíste que te ibas a ir de aquí?

Estás tan débil como un gatito, Harlow. Ya hablé con la policía y los bomberos.

Han establecido un cordón de medio kilómetro en todas las direcciones.

No se acercarán hasta que hayamos salido del edificio.

Ni hablar con Tony les hizo cambiar de idea.

Insistieron en que es su procedimiento. Necesitan asegurarse de que somos solo nosotros y de que no corren peligro si entran.

—Foxx, no estoy bromeando. —Siguió retorciéndose, intentando liberarse del agarre del vampiro—. ¡Bájame de una puta vez! ¡Puedo caminar!

Foxx lo ignoró y se dirigió hacia la entrada.

—¡No me vas a sacar cargándome así!

El vampiro resopló, pero no aminoró el paso.

—¿Por qué te pones tan difícil? Estás herido.

Literalmente te desmayaste. Estoy casi seguro de que la herida en tu espalda llegó a uno de tus pulmones.

Necesitas atención médica. Y mierda, yo también la necesito, aunque dudo que el hospital local me acepte, y eso me pone de malas.

Así que te toca apretar los dientes, callarte y dejar de pelear para que podamos volver al auto.

Esos malditos policías dijeron que teníamos que buscarnos la ayuda médica por nuestra cuenta.

—¡Podemos ir al hospital, pero no me vas a cargar así, como si fuera una princesa, hasta el auto, calle abajo, a plena luz del día, pasando por delante de la policía y demás funcionarios, mientras llevas puesto un puto traje de oso rosa! —rugió Harlow.

La sola idea de caminar frente a los agentes mientras su compañero enano lo llevaba, vestido como un oso rosa de mierda, fue más horrorosa que el dolor de gritar.

Foxx estalló en una risa que sonó directamente maniática.

—No veo cómo piensas detenerme.

Harlow forcejeó con todas sus fuerzas. Gritó:

—¡ALTO!

El cabrón los empujó por las puertas principales y salió al brillante sol, bajó los escalones con paso seguro y se dirigió a la calle.

—Te juro, Foxx, si haces esto, ¡te mato!

—Me gustaría verte intentarlo.

—¡Foxx! —Harlow gritó con un pánico creciente—. ¡¡¡FOXX!!!

¿De verdad que asesinarlo no era una opción…?

FIN