A primera molestia (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 1) 8 Compromiso
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Harlow quizá se había precipitado en lo que había dicho.

Observó a Foxx mientras salía de la autopista.

Estaban a unos diez minutos del hotel. Foxx…

no había pronunciado nada más que algunos gruñidos desde que Harlow le había dicho al principio del viaje, básicamente, que se callara.

Estaba recibiendo la ley del hielo al completo.

Parte del tiempo, Foxx actuaba como si Harlow ni siquiera estuviera allí.

Y por alguna razón, eso lo irritaba más que la charla. Sin duda, tendría que aguantar las quejas de Charity y Tony si se enteraban de que logró fastidiar a su feliz y luminoso compañero en la primera misión. Suspirando al ver la cara arrugada y los brazos cruzados de Foxx, intentó arreglarlo.

—Foxx.

El vampiro ni siquiera pestañeó. No dio señal alguna de haberlo escuchado.

Harlow entrecerró los ojos y esta vez dijo con más dureza:

—¡Foxx!

Foxx frunció los labios y se giró lentamente hacia él, con el ceño marcado y cara de fastidio. Harlow tuvo que morderse el labio para no reírse, porque el vampiro se veía tan amenazante como un niño enfadado.

—¡¿Qué?! —soltó Foxx.

—Mira…

—¡Oh, no, no! ¡Tú no me vas a venir con «mira»!

—escupió Foxx, señalando acusadoramente a Harlow con el dedo—.

¿Y ahora qué, señor Demasiado Bueno Para Ser Mi Amigo?

Hice lo que pediste. Dijiste que nada de hablar.

¡No he hablado en horas! Entonces, ¿qué?

¡¿Qué diablos podría estar mal ahora?! ¿Eeh?

¡¿Qué?! ¿No te gusta que te ignoren? Vaya, quién lo diría, al que le encanta contestar con monosílabos no le gusta que lo ignoren.

Pues ni modo, viejo. Esto es lo que querías. ¡Esto es lo que obtienes!

Los ojos de Harlow se abrieron más por la arremetida.

—¿Viejo? ¿No se supone que tú tienes muchos más años?

—¡ESO NO VIENE AL CASO!

Foxx… era como un cachorro o un gatito furioso. Estaba obviamente enfadado, pero se veía tan inocente que costaba creer que pudiera hacer daño. Ese pensamiento arrancó una risita de Harlow, algo de lo que, por una vez en su vida… se arrepintió al instante.

Foxx abrió la boca, indignado.

—¿Te acabas de reír? —gruñó el vampiro, mostrando los colmillos.

Harlow carraspeó.

—¿Eh… no?

—¡Sí lo hiciste! ¡Te escuché! Yo…

—¡Espera! ¡Espera! —bufó Harlow. Milagrosamente, Foxx contuvo la avalancha mientras él giraba hacia el estacionamiento del hotel y se metía en la zona sombreada para huéspedes vampiros.

Aparcó el auto y se volvió hacia su compañero tan «enfadadito». Foxx lo fulminaba en silencio, tenso como un gato erizado.

Harlow levantó las manos en señal de rendición.

—Me equivoqué. Lo admito. Fui demasiado precipitado con lo que dije. Empecemos de nuevo… más o menos…

Los ojos de Foxx se redujeron a rendijas.

—No hago amigos… ni amistades normales. Así que hagamos un trato.

Podemos ser medio amigos… con que tú hables todo lo que quieras, y sin esperar que yo ponga el esfuerzo completo de una amistad.

Yo intentaré no fastidiarme de tantas palabras saliendo de tu boca, y tú intentarás no fastidiarte de las pocas que salgan de la mía.

De hecho, en ese momento Harlow ya había hablado más en ese viaje que en una semana entera.

Foxx frunció los labios y arrugó la nariz, como sopesando la propuesta. El vampiro soltó un raro gruñido, con los ojos aún más entrecerrados, hasta que al fin suspiró, relajando los hombros.

—Está bien… podemos empezar de nuevo. Pero no creas que voy a aguantar que me trates como basura solo porque soy pequeño, lindo y nuevo en el trabajo. No soy un pelele. Puedo ser realmente aterrador e intimidante cuando quiero. Y además, ¡llevo peleando más tiempo del que tú llevas vivo, viejo!

Harlow lo miró, completamente desconcertado, murmurando «aterrador e intimidante»…

Foxx hizo un puchero con su labio inferior, notando claramente la incredulidad de Harlow.

—¡Sí que lo soy! ¡He matado a mucha más gente que tú! —Se irguió de golpe, tapándose la boca con las manos, con los ojos bien abiertos por el desliz. Las mejillas se le pusieron rojas.

Harlow estalló en carcajadas.

Foxx bajó las manos, todavía más colorado.

—¡Teóricamente! En teoría he matado a más gente —gritó.

—¿En teoría, eh? —Harlow sonrió con sorna, observando a aquel loco y adorable pastelito vampírico. Quizá tener a Foxx cerca no sería tan horrible como había pensado… Especialmente si era así de entretenido—. Tranquilo, compañero. Me importa una mierda a cuántos hayas matado.

—A ninguno. No he matado a nadie. Porque eso sería ilegal. ¡Sip! En fin, deberíamos ponernos a trabajar, ¿no? Para eso estamos aquí. ¡Trabajo! Una cacería, estamos de cacería. Sigamos, ¿sí? —dijo Foxx con una brillante sonrisa de «por favor, créeme».

Harlow resopló.

Foxx entró en la habitación del hotel con sus maletas en la mano.

—¡Oh, qué encantador!

La verdad, no lo era. El lugar era un poco feo.

La alfombra era de un color azul grisáceo, y el papel tapiz amarillo con flores rosadas combinaba horriblemente con la cómoda de madera de color amarillo oscuro y las tres mesitas de noche.

La única cómoda estaba contra la pared izquierda, y las mesitas de noche estaban al lado y entre las dos camas.

Los marcos de las camas eran de madera blanca.

También tenían faldones de cama amarillos y sábanas azules y amarillas.

Las lámparas eran de un color azul brillante con detalles dorados, y sus pantallas eran blancas.

Por mucho que a Foxx le gustara el color, esto… no se veía bien.

Se acercó a la segunda cama y dejó allí sus cosas, girándose para encarar a Harlow, que entraba detrás con su propio equipaje.

—¿Recibiste ya un correo? Yo no. Pensé que quizá lo tendríamos antes de llegar, pero nada todavía.

Harlow dejó sus cosas sobre la cama con un gruñido.

—Tengo que sacar la laptop para revisar.

Foxx frunció el ceño.

—¿Por qué no revisas en tu teléfono?

El hombre suspiró, sacó algo pequeño del bolsillo y lo levantó. Foxx parpadeó un momento antes de darse cuenta de que era un teléfono… con tapa. De esos viejos, de principios de los 2 000.

—Tienes un teléfono de viejo…

Harlow puso los ojos en blanco.

—Tengo un teléfono que funciona perfectamente como teléfono. Es todo lo que necesito. Déjame sacar la laptop y lo reviso.

Foxx se sentó a esperar mientras Harlow sacaba una computadora de una de las bolsas deportivas… Era raro llevar una laptop allí dentro sin ninguna protección. Foxx tamborileó las manos sobre sus muslos mientras esperaba, intentando no pensar en su metida de pata anterior.

Sí, admitir ante un cazador que había matado a un montón de gente no había sido su mejor momento. Momento que no pensaba contarle jamás a Alastair. Por la Diosa, quizá su mejor amigo tenía razón… ¿Se ponía él mismo en peligro a veces? Eh… lo que fuera.

Lo miró de pie junto a la cama, mirando hacia la laptop que había dejado allí. Tardaba en encender. Harlow fruncía el ceño… algo que parecía hacer muy seguido.

Foxx en verdad quería ser amigo de Harlow. Estaba seguro de que eso haría que Alastair le diera otro sermón sobre sus malas decisiones en la vida… Pero no importaba. Foxx quería que fueran mejores amigos, los más cercanos, ¡uña y carne!

Foxx recorrió al hombre con la mirada de arriba abajo. Se mordió el labio para contener un gemido cuando su miembro palpitó con interés. Bueno, en realidad… lo que quería era que Harlow lo follara hasta dejarlo sin cerebro. ¿Por qué demonios tenía que ser tan atractivo?

Estaba feliz y angustiado al mismo tiempo de que su compañero resultara ser el cazador que lo había «rescatado» de aquel humano idiota días atrás. Feliz, porque así podía estar rodeado de tanta sensualidad, y triste porque no podía hacer nada al respecto.

¡Bah, la profesionalidad tenía prioridad!

Así que, amistad sería… y tal vez coquetear un poco, a ver hasta dónde llegaba.

El único problema era que Harlow realmente no quería ser su amigo.

Bueno, al principio lo había dicho así, pero luego rectificó y añadió que podían ser amigos, siempre y cuando Foxx no esperara ningún esfuerzo de su parte.

¿De verdad necesitaba Foxx que el humano hiciera un esfuerzo? ¡Podía hacerlo él solo, ¿no?! ¡Foxx era de los que podían con todo! Podía construir una amistad por su cuenta. Al fin y al cabo, hablaba lo suficiente por varias personas.

¡Eso! ¡Harlow sería su amigo! Quizá follaran, quizá no. ¡Pero al menos serían amigos!

Harlow maldijo.

—Esos hijos de puta tienen que estar jodiendo.

Foxx parpadeó.

—¿Qué?

El cazador se tronó el cuello y se sentó en la otra cama.

—Parece que tendremos que esperar un poco.

Charity mandó un correo de «Ups, necesitamos más tiempo».

—Resopló con asco mientras se quitaba las botas—.

Seguramente habríamos tenido que esperar hasta el anochecer, de todos modos.

Cuando los cazadores de pacotilla trabajan en grupo, normalmente no salen ni se juntan hasta después de que oscurece.

—¿Por qué de noche? Los paranormales andan por ahí a todas horas.

—Los de tu tipo son más fáciles de localizar que otros. Están más expuestos. —Con las botas fuera, Harlow deslizó sus bolsas y el resto de sus cosas al suelo y se recostó en la cama.

Foxx hizo una mueca.

—Convirtiendo a los vampiros en su objetivo número uno.

—Exacto.

Si tenían tiempo libre…

—Bueno, ya que tenemos tiempo muerto, ¿cuáles son tus pasatiempos? Seguramente hay más que solo la pesca, ¿no? Digo, a mí también me gusta tejer, entre otras cosas. O ir al zoológico… O… —Foxx sonrió con inocencia antes de añadir—: El sexo siempre es un pasatiempo divertido.

Los ojos de Harlow se abrieron un poco más al mirarlo.

—¿Tus pasatiempos son coser, tejer, ir al zoológico… y el sexo?

—Bueno, todos necesitamos relajarnos, ¿no crees? —Le guiñó el ojo.

El humano resopló.

—No sabía que follar pudiera ser un hobby.

—Puedes convertir en hobby lo que quieras si lo intentas. ¿Qué dices, Harlow, quieres hacerme tu pasatiempo? —Foxx le batió las pestañas.

La ceja de Harlow se arqueó.

—Dormir es mi pasatiempo, chico. ¿Por qué no lo intentas? —dijo con una sonrisa sardónica.

Foxx hizo un puchero.

—No tienes nada de divertido.

—Nunca dije que lo fuera. —El hombre soltó una risita.

—Y tampoco soy un chico —remarcó, frunciendo aún más el gesto.

—Y yo no soy un viejo. Ahora duerme, así ambos nos divertimos, ¿mmm? —Harlow le guiñó un ojo.

Foxx cruzó los brazos con un bufido y se dejó caer en la cama, murmurando:

—Viejo molesto.