A primera molestia (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 1) 6 Nuestro primer caso
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6 Nuestro primer caso

El fuerte timbre del teléfono de Harlow lo arrancó del sueño. La canción que sonaba lo hizo gruñir, y a tientas lo agarró de la mesita de noche. Con los ojos abriéndose lentamente, lo abrió y siseó al ver la hora, pero contestó la llamada de todos modos.

—¿Qué mierda tienes en contra de que duerma, Charity? Son literalmente las cinco y media de la mañana. Mis vacaciones terminaron hace apenas cinco horas y media —gruñó.

—Sí, caramelito, tienes razón, ha pasado un poco más de cinco horas desde que tus vacaciones acabaron. Lo que significa que llevas más de cinco horas oficialmente de regreso en servicio. Y, oh, mira qué casualidad, ¡hay un caso! —Se rio con maldad.

Harlow fulminó con la mirada el techo por unos momentos, tratando de recordarse que le gustaba su trabajo, antes de suspirar y preguntar:

—¿Qué y dónde?

Ya despierto, su sed habitual se hacía notar: esa jodida sensación molesta de estar siempre a un paso de la deshidratación. Por suerte, había aprendido a ignorarla cuando podía.

—Cazadores de pacotilla, en Horns Valley, Missouri. Los detalles específicos llegarán a tu correo cuando llegues.

—Bien. ¿Cuándo vuelo?

—Volamos —lo corrigió con una risita demasiado contenta—. Ahora tienes compañero, ¿recuerdas?

—Claro… —gruñó Harlow—. ¿Cuándo VOLAMOS?

—Oh, no, no. Nada de volar. Ustedes van a conducir. Está a solo cuatro horas de aquí.

—¡¿Qué?!

—Piénsalo como un ejercicio de autocontrol, y una oportunidad para que se conozcan.

Clavó más la vista en el techo y pensó en lanzar el teléfono.

—Estás jodiéndome. A la mierda la convivencia. ¡Solo dame el jet!

—¡Nop! Recortes de presupuesto por la nueva oleada de reclutas. Pasará mucho tiempo antes de que vuelvas a subir a ese jet. ¡Diviértete! —canturreó.

—¡Charity! —rugió.

—Ah, sí. Una cosa más. Hasta que a ese Jeep Grand Cherokee tuyo no le pongan protección de rayos UV en las ventanas, tendrás que usar el auto de Foxx. Aunque, honestamente, que aún no se lo hayas puesto es algo cuestionable.

No lo había hecho porque qué le importaba si algunos de los vampiros que tenían el honor de vivir para ser juzgados y encerrados se jodían y se doraban un poco. Sanarían, esos malditos llorones.

—¿Sigues ahí? En fin, supongo que no quieres que él pase por tu casa, así que date prisa y elige un punto de encuentro. Ten en cuenta que deben estar allí a las seis y media, así que no escojas un sitio demasiado lejos.

Harlow soltó un gruñido y pensó dónde podía encontrarse con ese pastelito vampírico. Charity tenía razón. No confiaba lo suficiente en Foxx como para dejar que supiera dónde vivía.

—Fran’s, en la 25, esquina exterior del estacionamiento —ladró.

—¿La tienda?

—Sí —gruñó.

—Bien, se lo haré saber.

—Es británico. ¿Y si conduce por el otro lado de la calle?

Ella bufó.

—Foxx ha estado en Estados Unidos más tiempo del que tú has estado vivo. Dudo que sea un problema.

Harlow gruñó.

—¡Joder!

Cuando Charity empezó a reírse de verdad, colgó, maldiciendo otra vez.

Foxx tarareaba mientras se cepillaba los dientes. Mirándose en el espejo, se sonrió. Ah, qué lindo se veía en su pijama de abejita peluda: lindo y abrigado. Verse bien era importante… pero no tanto como mantenerse cálido. Foxx odiaba el frío.

Acababa de terminar y se limpiaba la boca con una toalla cuando sonó su teléfono. Lo agarró de inmediato y contestó sin mirar quién era.

—Hola, al habla Foxx —dijo alegremente.

—Mírate, todo un solecito en esta hermosa mañana —dijo Charity con una risita encantadora.

La verdad era que Foxx no solía madrugar… pero para él ni siquiera era de mañana todavía.

—Me temo que, en este caso, aún no me he acostado —admitió con una carcajada—. Pero buenos días, hermosa. ¿Cómo puedo ayudarte hoy?

Ella soltó una risita.

—Ah, eres tan dulce como una tarta de manzana. Me temo que esta no es una llamada de cortesía. ¡Les han asignado su primer caso! Felicidades.

Foxx apenas pudo contener un chillido de emoción.

—¡¿En serio?!

—Sí, cielo. Ya llamé a Harlow. Se irán juntos en un pequeño viaje por carretera. Te sugiero aprovechar ese tiempo en que lo tendrás atrapado para crear un poco de vínculo.

¡Ooh, tiempo para establecer un vínculo! Perfecto. Su mente fue directa a otro tipo de vínculo… el que implicaba que ambos estuvieran desnudos. Sacudiendo la cabeza, con una pequeña sonrisa por sus pensamientos descarriados, preguntó:

—¿Cuánto dura el viaje? ¿Quién conduce?

—Es un viaje de cuatro horas. El sol saldrá pronto, así que tendrás que llevar tu vehículo. La información que me dieron decía que tenías uno, ¿cierto? Si no, siempre podemos rentar uno.

Claro, el sol saldría en más o menos una hora.

Foxx se doraría un poco si dejaba que sus rayos lo tocaran sin protección UV.

No saldría en llamas. No aparecía fuego instantáneamente, como en esas ridículas películas viejas.

Primero su piel se pondría roja, luego sería la peor quemadura por el sol imaginable antes de empezar a quemarse de verdad.

El proceso tomaría unas cuantas horas hasta que empezara a arder. Unas horas dolorosas, eso sí.

—Sí tengo auto. Y está acondicionado para proteger a los de mi especie del sol. ¿Harlow no tiene vehículo?

Ella resopló.

—Harlow, con lo especial que es, todavía no ha recubierto sus ventanas.

—Ah, ya veo —murmuró Foxx—. Entonces supongo que debo pasar a recogerlo, ¿no?

—Sí, lo encontrarás en la avenida 25, en un supermercado local que se llama Fran’s. Deberías verlo en la esquina derecha del estacionamiento.

Foxx parpadeó, confundido.

—¿Un supermercado?

—Perdón, es que es un poco reservado con la ubicación de su casa. No le cae bien a mucha gente, y bueno… lleva veinte años en este trabajo, Foxx. Hay mucha gente que lo quiere muerto.

Él parpadeó varias veces. ¿Veinte años? Ya se había figurado que Harlow llevaba tiempo en el oficio, se le notaba.

Pero esa cantidad de años le decía a Foxx que el hombre sabía lo que hacía.

No habría sobrevivido tanto si no fuera así.

Así que, que dudara en darle su dirección a un vampiro que acababa de conocer, tenía sentido.

—Entiendo. Los cazadores no suelen ser los mejores amigos de las criaturas paranormales.

Charity soltó una risita.

—Exacto. En fin, haz tu maleta. Llévate ropa para unas cuantas noches, nunca se sabe cuánto durarán estos casos. Y no olvides tu laptop y las armas que por ahora tengas permitido usar. De hecho, te sugiero empezar a tener una bolsa de emergencia lista, para ahorrar tiempo en el futuro.

—Lo haré. Y lo tendré en cuenta para la próxima. ¿Hay algo más que deba saber? ¿Algo sobre el caso?

—Ah, cierto —rio ella—. El caso. Bueno… lo único que tengo por ahora es la ubicación, que es una ciudad en Missouri llamada Horns Valley, y que se trata de un grupo de cazadores de pacotilla.

Pero estamos reuniendo toda la información y les estará esperando a ambos en un correo cuando lleguen a su hotel.

La habitación ya está reservada. Generalmente, cuando sabemos a dónde los enviamos, el gremio intenta reservar algún lugar para que las cosas vayan más fluidas.

En fin, haz tu maleta y luego ve a recoger a tu gruñón compañero.

Debería estar ahí esperándote a las 6:30.

—¡Perfecto! Ya me voy entonces. Gracias por la info, Charity.

—De nada, cielo. Suerte, y asegúrate de que ese gruñón no te intimide —entonó antes de colgar.

¿Intimidar? Foxx resopló. Era demasiado terco como para dejar que alguien lo intimidara. Negando con la cabeza, volvió a verse en el espejo.

—Definitivamente necesito vestirme.

Foxx corrió hacia su habitación, repitiendo en su mente: vestirme y empacar.