A las Dos de la Mañana Capítulo 25 — Cuatro rees
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Capítulo 25 — Cuatro rees

A partir de las declaraciones conocidas, los investigadores interpretaron que la primera reunión pudo servir para comprobar disponibilidad.

No era necesario revelar entonces el objetivo completo.

Bastaba con medir si el funcionario aceptaría volver a conversar y qué reacción producía la mención de su familia.

Esa era una hipótesis de trabajo, no una conversación presenciada por Ferraro.

La segunda reunión, según esa hipótesis, pudo avanzar hacia los turnos: quién mandaba de noche, qué ocurría si llegaba una comisión externa, qué documentos se exigían y a quién correspondía llamar.

Preguntas aisladas podían parecer curiosidad; reunidas describían el procedimiento que luego fue imitado.

Para la tercera reunión referida, la reconstrucción suponía que el plan ya había adquirido forma.

El funcionario conocería entonces el nombre de los presos y comprendería que no se trataba de una irregularidad menor.

Apartarse habría significado denunciar a personas que, según su declaración, conocían su casa; continuar podía comprometerlo con la fuga.

La reconstrucción judicial atribuyó a la cuarta reunión la distribución final de funciones.

El funcionario habría intervenido en la orden y en su presentación ante la guardia; un familiar de su pareja habría realizado llamadas simulando autoridades; otros hombres ingresarían como una comisión de Inteligencia.

Afuera esperarían vehículos y personas de apoyo.

Ferraro no había presenciado ese acuerdo.

La amenaza era posible. El dinero también.

Según las versiones judiciales divulgadas, en una primera declaración habló de seiscientos dólares.

A medida que avanzó la investigación, el relato y las cifras cambiaron.

Las actuaciones situaron el costo de la fuga alrededor de cien mil, mientras los investigadores estimaron qué parte podía corresponder al funcionario.

El comunicado oficial terminaría hablando de cien mil dólares acordados con él.

Las cifras no coincidían, pero la contradicción decía más que cualquier número aislado. El precio aumentaba cada vez que la investigación encontraba una parte del pago.

Las actuaciones atribuyeron participación a un familiar de la pareja del funcionario, quien habría realizado llamadas simulando la voz de una autoridad.

También situaron a otros participantes y mencionaron pagos de doce mil dólares por determinadas funciones.

La fuga comenzaba a parecerse menos a una improvisación carcelaria y más a un pequeño operativo con tareas separadas.

Si las cuatro reuniones ocurrieron como fueron declaradas, entre una y otra existió la posibilidad material de informar.

También pudo crecer la percepción de que ya era demasiado tarde.

Las redes criminales utilizan esa transición: primero piden algo que parece reversible; después revelan que conocen suficiente para hacer peligrosa cualquier retirada.

La participación atribuida al familiar no era la de un simple acompañante.

Según la reconstrucción, debía representar voces de autoridad por teléfono.

Para resultar convincente necesitaba nombres, cargos y el orden correcto de la cadena de mando; la investigación intentó establecer de dónde provenía ese conocimiento.

Cada participante recibiría, según la reconstrucción, doce mil dólares. La suma era importante sin acercarse al millón que Alazari había ofrecido dentro del blindado. Había aprendido a dividir el problema. No compraría ocho custodios al mismo precio. Pagaría funciones concretas.

En algún momento alguien debió proporcionar los nombres de las autoridades que serían imitadas.

No bastaba con decir el director: era necesario conocer quién ocupaba el cargo, quién podía reemplazarlo y qué subordinado podía recibir una instrucción de madrugada.

La investigación no logró fijar con certeza cuándo ni quién transmitió cada dato.

La forma en que se presentaron sugirió que habían preparado la urgencia. La comisión no parecía nerviosa por entrar, sino irritada por la demora. El efecto buscado, según Ferraro, era que la guardia sintiera que confirmar la orden sería una falta de cooperación y no una medida elemental.

Según la reconstrucción judicial, aquellas reuniones convirtieron una fuga en una representación de autoridad: el oficial aportaría la credibilidad necesaria para que una mentira pareciera un procedimiento regular.