¡A la mierda las comedias románticas! 27. Esto no es real
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27. Esto no es real

⁠—⁠¿Es aquí donde los sueños se hacen realidad? ⁠—⁠dice Aída regalándome su momento teatral del día, nada más atravesar la puerta.

Mi loca y adorable compañera acaba de volver de sus vacaciones.

He de reconocer que hoy mi alegría es doble.

Ya echaba de menos a esta petarda y su mítica frase de entrada.

Pero también estoy contento porque por fin Tom terminó con el proyecto «ultrasecreto» para Héctor y esta noche será la gran cena.

Según me dijo Tom, a Héctor le encantó la presentación y mi jefe estaba muy contento, así que supongo que de una vez por todas nos enteraremos de a qué venía tanto misterio.

Seguro que cuando lo veamos nos echamos unas risas pensando en lo estúpido de tanto secretismo.

⁠—⁠¿Has renovado energías para hacer… nada?

⁠—⁠¿Aún no hay novedades? ⁠—⁠comenta Aída mientras enciende el equipo.

⁠—⁠Pues no. Ni Héctor ni producción nos han pasado nada de nada.

⁠—⁠¿Y qué has estado haciendo sin mí estos días?

⁠—⁠Aburrirme mucho y echarte de menos. Y, en los huecos libres, tratar de concebir un flujo de trabajo más eficiente que he ido documentando para las nuevas producciones.

⁠—⁠Eso está muy bien ⁠—⁠comenta bastante impresionada⁠—⁠. Ya me lo pasarás.

⁠—⁠Lo he dejado subido a la wiki de la empresa para que lo pueda ver todo el mundo.

⁠—⁠Tú sí que eres eficiente. Parece que te ha cundido el tiempo sin mí.

⁠—⁠Pues sí, y no te lo negaré, también he visto algún tutorial de cocina de cuando en cuando.

⁠—⁠¡Ay, que es esta noche!

⁠—⁠Sí. Ojalá salga bien. Tengo todo listo. Hay cosas que ya he dejado medio preparadas entre anoche y esta mañana a falta del horno o algún toque final.

Aída me mira pícara. Para ella, decir «toque final» significa cualquier guarrada que se le pase por la mente.

⁠—⁠Una cosa te digo: yo también quiero mi cena privada. ¿Me has escuchado bien, amigo de pacotilla?

⁠—⁠Vale, vale… ⁠—⁠respondo riendo. Estoy un poco nervioso y Aída se da cuenta al vuelo.

Ella se levanta, me da un abrazo de osa y me planta un sonoro beso en la mejilla. Yo hago como que no me gusta, pero en realidad lo necesito. Estas cosas compensan cualquier acceso de locura de los que suele tener. Nos quedamos un rato así, aportándonos un poco de calor humano y cariño fraternal.

⁠—⁠¿Interrumpo? ⁠—⁠comenta Héctor, que acaba de entrar a la sala con una sonrisa radiante.

⁠—⁠¿Eh? No, no, no ⁠—⁠decimos al unísono Aída, que vuelve a su asiento, y yo.

⁠—⁠Javier, me gustaría hablar contigo un momento.

Aída y yo nos miramos extrañados. Una idea me cruza la mente y se me dibuja una ligera sonrisa de la que ella se percata. ¿Se habrá confirmado por fin la película?

⁠—⁠Sí, claro. Sin problema. Yo también quería presentarte unos avances que he realizado durante estos días sobre la gestión de flujos de trabajo.

⁠—⁠¿Necesitáis que vaya yo también, Héctor? ⁠—⁠interviene Aída deseosa de enterarse de lo que quiera que sea.

⁠—⁠No, tranquila. No hace falta. Ya te contaremos más tarde.

Héctor abandona la sala y yo lo sigo.

⁠—⁠¡Javi! ⁠—⁠me interpela Aída⁠—⁠. Después me cuentas ⁠—⁠vocaliza exagerada en silencio para que le lea los labios.

Yo le sonrío y le guiño un ojo. ¡Una película nueva! ¡Ya era hora!

Atravieso el pasillo junto a la sala de los animadores y las cabezas se levantan curiosas para ver al intruso. Llego hasta la puerta del despacho provisional de Tom, que aún no ha vuelto con nosotros a la sala de VFX, y me asomo.

⁠—⁠Hola ⁠—⁠saludo a Tom, que se sobresalta, abstraído como estaba en sus monitores⁠—⁠. ¿Nos tomamos un café después?

⁠—⁠¿Eh? Hola, Javi… Yo…

⁠—⁠Nada, tranquilo, luego me paso, que me ha pedido Héctor que vaya a hablar con él.

No puedo reprimir el impulso y entro a la sala para plantarle un beso en los labios.

⁠—⁠Por cierto, no comas mucho hoy y deja hueco para esta noche ⁠—⁠sonrío⁠—⁠. Y me voy ya, que tu tío se va a desesperar.

Echo una ojeada rápida a sus pantallas y veo como Tom tiene abiertos unos programas que no reconozco. Veo algunos efectos de llamas bastante conseguidos.

⁠—⁠Tiene buena pinta. Ya me dirás qué es eso ⁠—⁠me despido.

Al llegar al despacho de Héctor, cierro la puerta tras de mí.

⁠—⁠Toma asiento.

⁠—⁠¿Quieres que te cuente en lo que he estado trabajando estos días? En cualquier caso, ya he documentado todo y está subido a la nube. Nos vendrá muy bien para agilizar procesos en la nueva película. ¿Ya se ha confirmado?

⁠—⁠Sí ⁠—⁠sonríe⁠—⁠. Sí que se ha confirmado.

⁠—⁠¡Genial! Verás cuando se enteren los chicos. En cuanto me pases el guion, hago un desglose y nos ponemos manos a la obra para ir adelantándonos.

⁠—⁠Eso ⁠—⁠continúa Héctor⁠—⁠ me temo que no podrá ser.

⁠—⁠¿Cómo? No te entiendo. Necesitamos el guion para ver los efectos que vamos a desarrollar.

⁠—⁠No, Javier. No va a poder ser porque esta aventura conjunta, para ti, termina aquí. Te agradecemos mucho tu trabajo y tu esfuerzo, has sido un excelente trabajador, pero, por desgracia, no podemos seguir contando contigo.

⁠—⁠¿Qué? ⁠—⁠Me quedo congelado. Esto es lo último que me esperaba escuchar⁠—⁠. No lo entiendo, Héctor. ¿Ha pasado algo de lo que no estoy al corriente?

⁠—⁠Verás, esta producción tiene unas características propias y estamos buscando la manera de optimizar recursos. Sabes que hay una crisis en el mundo de la animación y los VFX y, por desgracia, nosotros no somos ajenos. Así que tenemos que aligerar masa salarial.

⁠—⁠Pero, igualmente, necesitaréis hacer esos efectos si hay una película en marcha. ¿Cómo pensáis hacerlo? ¿No estarás valorando externalizar el departamento?

No es la primera vez que se recurre a este tipo de prácticas.

Externalizar servicios a otros países con costes menores a costa de salarios mucho más bajos y condiciones infernales para los trabajadores.

Cosa que, además, siempre sale mal porque las comunicaciones son nefastas y la calidad, desastrosa.

⁠—⁠¿Y qué va a ser de Aída? ¿Y de Tom? ⁠—⁠pregunto. Cuando Aída lo sepa le va a dar algo, y Tom… Pobre, con la pasta que se ha gastado con la cita del barco. Me siento fatal por ellos, por mí.

⁠—⁠No te preocupes, ellos seguirán aquí.

⁠—⁠¿Cómo?

⁠—⁠Ellos sí que seguirán aquí.

⁠—⁠Pero ¿entonces? ⁠—⁠Ahora sí que me tiene completamente desconcertado⁠—⁠. ¿O sea que el problema soy yo? ¿Es eso? ¡Esto no es real!

⁠—⁠Mira, Javier. ⁠—⁠Héctor se pone serio⁠—⁠. Estoy intentando hacerlo con la mayor dignidad posible para ti.

⁠—⁠¿Que qué? ⁠—⁠Levanto la voz y me empiezan a subir unos calores.

⁠—⁠Eres la persona más cara del departamento y no te podemos mantener.

⁠—⁠¡Pero si ya es un departamento infradimensionado!

⁠—⁠Por no hablar de esta actitud que has ido alimentando últimamente.

⁠—⁠¿Qué actitud, Héctor?

⁠—⁠Además de tus continuas quejas sobre las condiciones laborales. No es la primera vez que reclamas con cierta vehemencia prestaciones que no te corresponden. Sabes cómo funciona la empresa desde el minuto cero.

⁠—⁠Es que, legalmente, sí que nos corresponden. Otra cosa es que tú seas un capullo y un sátrapa que se lo pase por el forro. ⁠—⁠Pues ya está, ya ha conseguido desatarme.

⁠—⁠Y las faltas de respeto ⁠—⁠continúa él, que ni siquiera me escucha⁠—⁠.

Ya ni te esperas a no tenerme delante. Creías que no iba a tener consecuencias.

No estás generando un ambiente de trabajo agradable y eso se nota en el resto de tus compañeros.

Así que, por favor, recoge las cosas de tu mesa y márchate.

Te haremos llegar la rescisión del contrato y el finiquito para que lo firmes digitalmente.

Tómate estos días como unas vacaciones. Un regalo de la empresa ⁠—⁠termina poniendo una voz melosa y desagradable que solo hace que me enfurezca un poco más.

¡Un regalo, dice! ¡Será pedazo de mierda! Me pongo en pie con los nudillos blancos por la ira. Me gustaría cogerlo y… y… ¡Aaah! Suelto el aire porque, si sigo calentándome, acabaré por partirle la cara. Solo me faltaba una denuncia por golpear al imbécil este.

⁠—⁠Gracias ⁠—⁠me despide haciendo un ademán con la mano en dirección a la puerta.

Lo miro desafiante con toda la rabia que rebosa mi cuerpo.

Si las maldiciones funcionaran así, ahora mismo se le girarían los ojos y caería de lado tieso para no volver a levantarse nunca.

Él no borra esa sonrisa estúpida de superioridad de la cara.

Doy un puñetazo en la mesa y salgo sin decir nada más y sin prestar atención al dolor palpitante que me acabo de provocar en la mano.

Tampoco reparo en las miradas curiosas de cualquiera con quien me voy cruzando en el camino de vuelta a la que hasta hace un instante solía ser mi mesa.

Tampoco en Tom, que me observa petrificado desde la puerta de su despacho.

Seguramente sorprendido de verme así. Puede que ahora le guste un poco menos.

⁠—⁠¿Qué ha pasado? ⁠—⁠dice Aída turbada de verme entrar de esa guisa en la sala de VFX⁠—⁠. ¿Estás bien?

⁠—⁠Me ha echado ⁠—⁠consigo responder como si todo a mi alrededor fuese una ensoñación y estuviera fuera de lugar⁠—⁠. Héctor me acaba de despedir.

⁠—⁠¿Cómo?

A Aída se le enciende el rostro y mira en dirección al despacho de Héctor con ganas de morderle en el cuello.

⁠—⁠Pero… ¿qué te ha dicho? ⁠—⁠insiste aún desconcertada.

Vacío los cajones y estanterías como un autómata, rematando cada gesto con un golpe.

Sin decir una palabra, meto todo sin ningún tipo de orden en la mochila.

No puedo hablar. No quiero. Poco a poco soy más consciente de que durante los últimos días Héctor me ha estado mintiendo.

Me ha puesto la miel en los labios a sabiendas de que este momento llegaría.

Me ha estado engañando con sus ánimos y buenas palabras no sé muy bien con qué fin, simplemente por el gozo de reírse de mí.

Tengo un nudo de rabia en el estómago que comienza a transformarse en otra cosa.

En impotencia, en tristeza, en un enorme «¿por qué a mí?

». No pienso concederle a ese gilipollas el placer de verme cabizbajo y con los ojos empañados, así que salgo con la cabeza bien alta.

Lanzo una última mirada desafiante al despacho de Héctor, al que veo con la puerta entreabierta hablando por teléfono entre risas.

Tom, que debe de haberse enterado ya de la noticia, me mira con ojos apenados desde sus dependencias.

Intento enviarle una sonrisa tranquilizadora que me sale a medias y él da un paso hacia mí.

Con un gesto de cabeza, lo detengo. No me gusta verlo sufrir y menos por mí, y no quiero hablar con él.

No quiero hablar con nadie. Ahora solo quiero llegar a casa y pasarme lo que queda de mañana caminando.

Necesito pensar, tranquilizarme, agotarme a ser posible para no terminar por explotar.