¡A la mierda las comedias románticas! 25. Petricor
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25. Petricor

⁠—⁠Por fin te vas a liberar ⁠—⁠digo a Tom con la cabeza apoyada en su pecho. Siento como suspira, seguramente aliviado después de estas interminables semanas.

Nos hemos pasado desde ayer por la tarde hasta hoy, domingo, sin salir de su apartamento.

De la cama al sofá y del sofá a donde nos llevara el cuerpo ⁠—⁠guiño, guiño⁠—⁠.

Creía que mis prácticas secretas de cocina durante la mañana del sábado me habían dejado sin energías, pero no. Aún tengo reservas destinadas a él.

⁠—⁠Estaba pensando ⁠—⁠continúo⁠—⁠ en que podríamos irnos de viaje cuando vuelva Aída o tal vez para Nochevieja y pasar unos días los dos juntos en alguna ciudad chula.

Noto a Tom callado. Me incorporo en el sofá pensando que se ha podido quedar dormido.

Pero no, está con la mirada fija en la pantalla en la que se reproduce una película a la que no termino de cogerle el punto.

Va sobre unos amigos que juegan a intercambiarse llaves y a los dueños de las mismas.

Creo que es una adaptación española de una serie mexicana.

Parecía más graciosa al leer la sinopsis.

⁠—⁠¿Te pasa algo?

⁠—⁠¿Eh? ⁠—⁠dice él saliendo del trance.

⁠—⁠Te has quedado empanado.

⁠—⁠Sí, perdona. ¿Qué decías?

⁠—⁠Decía que si te apetece hacer un viaje conmigo, los dos solos.

⁠—⁠Pues… Sí, podemos verlo, claro.

⁠—⁠No parece que te haya hecho mucha ilusión.

⁠—⁠No, no, perdona. No es eso. Es que tengo aún la cabeza embotada con todo el jaleo de la oficina.

⁠—⁠Tu tío te está apretando las tuercas, ¿eh?

⁠—⁠La verdad es que sí.

⁠—⁠Vale, no voy a criticarlo delante de ti, y menos ahora que, por alguna extraña razón que desconozco, está la mar de amable conmigo.

Pero, quizá, no deberías estar tan absorbido por el trabajo.

Además, ya te he dicho mil veces que me puedes pedir ayuda cuando quieras.

De verdad, lo que sea, que no me importa echarte una mano.

Y también en el trabajo ⁠—⁠bromeo tratando de quitar un poco de hierro al asunto y hacer que vuelva a aparecer cierta alegría en la cara de Tom.

A él, por el contrario, no parece que le haya hecho mucha gracia mi chanza y se vuelve a perder por un momento en su mundo.

⁠—⁠A ver, y no te lo tomes a mal, Javi ⁠—⁠se incorpora un poco más y se queda de medio lado, para mirarme directamente⁠—⁠, pero ¿te importaría que no habláramos hoy del tema? Estoy ya cansado.

⁠—⁠Vale, como quieras ⁠—⁠me defiendo sorprendido en parte por su reacción. Tampoco he dicho nada para que se ponga así.

⁠—⁠Es que es insoportable que estés todo el rato ahí… ⁠—⁠se queja haciendo con las manos como si estuviera atornillando algo frente a él.

⁠—⁠Está bien. Vale. ⁠—⁠Aunque no me gustan un pelo estas salidas de tono, trato de calmarlo y quitarle importancia a los humos con los que me ha contestado.

En el fondo, puedo entender la presión por la que está pasando.

Yo soy el Grinch cuando estoy con entregas⁠—⁠.

Solo te animaré estos pocos días que te quedan para que vaya todo bien hasta la presentación. Prometido.

⁠—⁠No te enfades, es solo que cuando estoy contigo prefiero poder disfrutar los dos sin más distracciones.

⁠—⁠No te preocupes, que no me enfado. ⁠—⁠Lo beso⁠—⁠. Es perfectamente comprensible. De hecho, a mí también me gusta más así. Es más divertido.

Lo vuelvo a besar.

⁠—⁠Será mejor que ventilemos un poco el apartamento ⁠—⁠sugiere levantándose.

Camina hasta la ventana y la abre. La brisa que entra de la calle arrastra un olor inconfundible a vegetación y tierra mojada desde el pequeño parque que hay al cruzar a la acera del otro lado.

⁠—⁠Me encanta este olor que hay cuando está a punto de llover.

⁠—⁠Petricor ⁠—⁠dice él sin volverse.

⁠—⁠¿Cómo?

⁠—⁠Creo que se llama petricor, el olor a tierra mojada.

⁠—⁠Es bonita esa palabra.

Me acerco y le doy un beso en el cuello, junto a la oreja, y lo abrazo por la espalda. El aire entra fresco, pero no me importa, tengo el cuerpo de Tom como parapeto.

⁠—⁠¿Estás llorando?

Él se pasa la mano por la cara y se gira hacia mí.

⁠—⁠Es por ti.

⁠—⁠¿Por mí?

⁠—⁠Porque estoy contento de que estemos juntos.

¡Ignición!