A la fuga (Ryan Kaine 1) Capítulo 48
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Capítulo 48

Capítulo Cuarenta Y Ocho

Torre Sampson, Southwark, Londres, Inglaterra

Todo le dolía tanto que a Kaine le costó vestirse después de haber lidiado con Sampson y Adam Akers, un hombre al que había apodado Pinocho.

Hombros, espalda, estómago, rodillas y pecho competían con su rostro magullado por el primer puesto en la lista de dolores de Kaine, su ranking de sufrimiento, pero, sin duda, la muela ausente se llevó el trofeo.

La raíz palpitaba al ritmo de su corazón, y no podía evitar que la lengua se le fuera una y otra vez al hueco.

Su ojo izquierdo, tan hinchado que apenas podía ver a través de él, era probablemente la lesión más significativa a corto plazo.

Le arruinaba la percepción de profundidad y le dificultaría si llegaba a enfrentarse en una pelea a puñetazos.

Por otro lado, al ser el ojo derecho su ojo dominante, su puntería con las armas no se vería afectada.

Ya había sufrido daños similares antes y su visión pronto se recuperaría, suponiendo que viviera lo suficiente para que bajara la hinchazón. La lesión en las costillas, abierta de nuevo y supurando sangre, escocía como el demonio, pero era una molestia menor dentro del panorama general.

Una incomodidad que no le molestaba, sin embargo, era el nudillo magullado de su mano derecha, fruto de haber acertado de lleno en la mandíbula de Pinocho. El cabrón chillón se había desplomado más rápido que una sombrilla de papel en plena tormenta.

Sumamente satisfactorio.

Estaba de pie junto a un MG Sampson que gemía, ahora ocupando el lugar de Kaine en la silla de fibra de carbono.

La saliva le escurría por la comisura de la boca, formaba un hilo delgado por su mejilla fofa y terminaba encharcada en el cuello de su camisa de seda.

No era una imagen agradable, pero mucho mejor que el reflejo que Kaine había visto en el espejo del baño.

Se le vino a la mente la frase carne ablandada.

Menos mal que no tenía sesiones de fotos planeadas en las próximas semanas.

Por otro lado, podría sacarse algo si se alquilaba para fiestas de Halloween anticipadas.

Sampson gimió. Los párpados le temblaron. Sus ojos azul pálido encontraron el rostro destrozado de Kainey soltó unjadeo. Se echó hacia atrás e intentó alzarlas manos, pero las cadenas detuvieron su movimiento en seco.

—¿Qué—?

—No es muy cómodo, ¿verdad? —dijo Kaine. Sus palabras silbaron a través delhueco donde solía estar su diente.

—¿Qué has hecho? —preguntó Sampson, con la voz temblorosa, apenas por encima de un susurro.

—No te toqué, viejo amigo. Te has desmayado como una jovencita en su fiesta de presentación. Nunca había visto algo tan patético.

Kaine le dio una palmadita en la mejilla a Sampson y miró la mancha oscura que se extendía en la entrepierna del pantalón del multimillonario.

—Ay, por Dios. Esos pantalones caros ya no los podrás volver a utilizar. Ahora veamos cuánto puedes aguantar tú.

El labio inferior de Sampson temblaba. Con la cabeza inmóvil, sus ojos recorrieron la habitación.

—No sirve de nada buscar ayuda. Pinocho no te va a servir de nada y he atrancado tanto la puerta principal como la entrada de servicio. Pensé que sería bonito pasar unrato de calidadjuntos. A Rudy le gustó mi compañía. Hasta el final, claro, cuando lloró como un bebé.

Kaine intentó sonreír, pero una herida en el labio superior se abrió y le ardió como el demonio.

—¿Qué tal la silla elegante y de alta tecnología? En deferencia a tu edad y cintura, te he dado un poco más de espacio para moverte que el que tú me diste a mí, pero dudo que aprecies mi generosidad.

El Caballero del Reino, ya no el matón engreído de unos minutos antes, dejó caer sus temblorosas papadas sobre el pecho. Qué lejos puede caer un poderoso.

Kaine olfateó.

—Ese meado va a apestar dentro de poco, pero tendrás que aguantarte por ahora. Te dejaré cambiarte los pantalones antes de que nos vayamos.

La cabeza de Sampson se alzó de golpe.

—¿Irnos? ¿A-Adónde me vas a llevar?

—Eso está por verse. Aún no lo he decidido. Podría llevarte conmigo a la comisaría, o tal vez no —Kaine se irguió y dio un paso atrás para estudiar al hombre—. Pero será mejor que reces para que te lleve conmigo.

—¿Por qué?

—Si te dejo en la silla, significará que nuestras negociaciones no habrán sido exitosas y estarás muerto.

Sampson abrió la boca y aspiró aire, pero Kaine alzó un dedo para silenciarlo.

—Ni te molestes en gritar. Hiciste insonorizar este lugar, ¿recuerdas? Nadie te oirá, y acabarás por molestarme. —Apoyó una mano sobre el hombro tembloroso de Sampson—. Créeme, viejo, no quieres hacer eso.

Las boca del hombre gordo se cerró de golpe.

Giró la cabeza hacia la ventana panorámica con vista al perfil urbano de Londres.

Entrecerró los ojos, los párpados se volvieron rendijas.

Era un hombre que había negociado contratos empresariales multimillonarios toda su vida adulta.

Kaine casi podía ver al hombre de negocios interior reemplazar al prisionero aterrorizado.

Tal como había planeado, la palabra negociaciones le había devuelto la esperanza a Sampson.

Una sonrisa delgada apareció en los labios crueles del multimillonario.

La actuación le revolvió el estómago a Kaine.

Cuando pensó en las personas a bordo del malogrado vuelo BE1555, casi perdió el control.

Qué fácil habría sido tomar el brillante bate de béisbol de Sampson y empezar a golpear.

Golpear y no parar hasta pulverizar cada hueso de ese cuerpo miserable y sobrealimentado.

Pero no, Kaine necesitaba al señor Malcolm con vida.

Kaine le dio tiempo a su prisionero para pensar, para trazar una estrategia. Primero vendrían las preguntas. Intentaría averiguar si Kaine tenía margen para negociar. Vería si compartían algo en común.

Kaine esperó, luchando contra el dolor de cabeza punzante, la visión borrosa y las náuseas que le hervían en el estómago. El tiempo no estaba de su lado, pero no podía permitirse apresurar la siguiente parte. Todo dependía del inminente duelo verbal.

Pasaron unos minutos antes de que Sampson se sacudiera, como si despertara de un trance.

Tiró de sus cadenas y luego miró a Kaine.

—¿Cómo lo hiciste?

Juego iniciado.

—¿Cómo me liberé?

Sampson asintió. Kaine levantó lamano derecha, conlapalma abierta, y Sampson se encogió tanto como pudo, dadas las ataduras.

—No te preocupes, no voy a golpearte. Todavía no. —Le mostró de nuevo la palma de la mano a Sampson.

—¿Ves este corte? —dijo, señalando la delgada línea roja que cruzaba el músculo en la base del pulgar—. Eso es algo que tu amiguito, Adam, pasó por alto cuando me escaneó.

—¿Estabas despierto?

—Por supuesto. Mi abuela pegaba más fuerte que Anthony… y yo ya estaba preparado para el golpe.

Volvió a sonreír, y nuevamente el labio partido se hizo notar. Lástima que Lara no estuviera cerca para aplicar algo de su bálsamo mágico… hasta una simple sonrisa ayudaría. Se presionó el corte con un dedo y siguió hablando.

—Como bien dijiste, Pinocho es un intento de oficial de seguridad.

Una pena lo de su nariz, pero —Kaine se encogió de hombros— son cosas de la guerra, me temo.

Ahora, volvamos a la explicación. —Le mostró a Sampson de nuevo la cortadura en la palma y la tocó con los dedos—.

Siempre que salgo de caza, traigo conmigo esta pequeña maravilla por si me meto en problemas.

Después de hacer un gran espectáculo cerrando los ojos y girando la cabeza, Kaine usó el dedo medio de la misma mano para trabajar en el extremo inferior del arañazo.

Tras un par de movimientos, Sampson vio la cabeza curvada de un objeto delgado y blanco sobresaliendo de la parte superior de la herida, cerca de la palma.

Luego, usando las yemas de su dedo índice y medio como pinzas, extrajo un objeto del mismo largo que un fósforo, pero mucho más delgado, de su envoltorio carnoso.

Incorporó el pulgar y lo sostuvo con un agarre de precisión, el mismo agarre que cualquiera usaría para sostener una llave.

La operación no tomó más de un par de segundos. Kaine abrió los ojos y giró el artefacto entre las yemas de los dedos con la destreza de un mago de cerca.

Sampson observó con una fascinación confusa.

—Hace falta un poco de práctica para perfeccionar la técnica a ciegas, pero vale la pena, ¿no crees?

Si te lo estás preguntando, este artilugio es una ganzúa de cerámica.

Por diversión, he practicado abrir esposas en la oscuridad con herramientas muyparecidas a esta desde que era niño.

Igual que tu silla de fibra de carbono, la cerámica no aparece en los detectores de metales.

Irónico, ¿eh? Todo este asunto empezó con cerámica y ahora lo estoy terminando con el mismo material.

Sampson cerró los ojos.

—Debí haber usado bridas.

Kaine movió la cabeza de un lado a otro.

—No habría hecho mucha diferencia. También puedo abrir bridas con esta cosa. Solo toma un poco más de tiempo encontrar el enganche del cierre. Son más pequeñas, pero rara vez fallo.

Guardó la ganzúa en su estuche y aplaudió antes de recordar el nudillo magullado y sus brazos doloridos. Lamentablemente, recuperarse de una lesión tomaba más tiempo con cada año que pasaba. Aunque no había que preocuparse por la jubilación. Nadie cobra pensión en prisión.

—Ahora, ¿qué vamos a hacer?

Sampson cerró los ojos por un momento, preparándose para el juego que Kaine sabía que intentaría jugar.

—Si lo que quieres es dinero, tengo de sobra. Di tu precio. Puedo transferírtelo a tu cuenta desde esta misma sala. Millones. Piensa en lo que podrías hacer con todo ese dinero. Escapar. Comprar una isla en el Caribe. Lo que sea, pero por favor, no me hagas daño.

Kaine levantó la mano para pedir silencio.

—Pero si hace un momento acababas de burlarte de mí por ser un Boy Scout. ¿Qué te hace pensar que he cambiado en los últimos veinte minutos?