Capítulo 34. Un año después
La librería reabrió en primavera con un nombre nuevo: La Casa de los Márgenes.
Clara regresaba a Madrid los jueves por la noche y trabajaba en la programación durante el fin de semana.
Marcos había convertido la segunda planta en un estudio compartido para arquitectos jóvenes.
La cooperativa funcionaba con dificultades, pero funcionaba.
La distancia no fue romántica. Hubo llamadas perdidas, trenes cancelados y discusiones por cansancio. También hubo desayunos en estaciones, mensajes de voz mientras uno de los dos caminaba y una fotografía diaria del cielo que veían desde sus respectivas ventanas.
Una tarde, Clara encontró a Marcos en la sala infantil, montando una estantería.
—Has puesto los cuentos demasiado altos.
—Estoy esperando tu supervisión.
—Qué conveniente.
Marcos bajó la balda.
—Me han ofrecido un proyecto en Valencia.
Clara se quedó quieta.
—¿Cuánto tiempo?
—Seis meses.
—¿Quieres aceptarlo?
—Sí.
Ella asintió. La antigua Clara habría sentido que la pregunta era una amenaza. La nueva sabía que el amor no consistía en impedir que el otro creciera.
—Entonces acéptalo.
—¿Sin discutir?
—Podemos discutir por el presupuesto, por el color de las paredes o por quién ha dejado el café abierto. No por tus oportunidades.
Marcos la abrazó.
—Te quiero.
Clara cerró los ojos.
—Lo sé.
—¿Eso es todo?
—Yo también te quiero. Pero no pienso ponértelo demasiado fácil.
—Nunca lo has hecho.