A dos pasos del amor Capítulo 33. Dos pasos
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Capítulo 33. Dos pasos

La primera noche antes del viaje, Clara volvió a dormir en la librería. El local olía a pintura fresca y a cartón. Las obras de la primera fase habían empezado y las estanterías estaban cubiertas con sábanas.

Marcos llegó con una bolsa de comida.

—He traído algo que no necesita cocina.

—¿Tu especialidad?

—Mi especialidad es pedir comida y fingir que la he preparado.

Se sentaron en el suelo, junto a la ventana. Hablaron de Barcelona, de los trenes y de la lista de cosas que Clara debía llevarse. Ninguno quiso decir que la despedida estaba cerca.

Después de cenar, Marcos sacó un libro pequeño.

—Lo encontré en una caja del almacén.

Era una edición antigua de poemas. En la primera página, el abuelo de Marcos había escrito una fecha y una dedicatoria para su esposa.

—¿Te lo llevas? —preguntó él.

—No. Es tuyo.

—Quiero que lo tengas.

—¿Por qué?

—Porque mi abuelo escribió algo detrás.

Clara abrió la contraportada. En tinta azul, casi borrada, había una frase: «Nadie llega al amor de una vez. Se llega dando pasos pequeños cuando sería más fácil quedarse quieto».

Clara levantó la vista.

—Tu familia tiene una forma muy complicada de hablar de los sentimientos.

—Estoy intentando traducirla.

Ella se acercó y apoyó la frente en la suya.

—No me prometas para siempre.

—No.

—Prométeme mañana.

—Mañana te llamaré cuando llegues.

—Y pasado mañana.

—También.

—Y cuando estés cansado.

—Especialmente cuando esté cansado.

Clara le besó despacio. En aquel beso no había urgencia ni miedo a que alguien los descubriera. Había una decisión: no sabían cuánto duraría el camino, pero iban a recorrer el siguiente paso juntos.