Capítulo 8. Una noche de lluvia
El agua entró por una ventana. Marcos y Clara pasaron una hora secando libros con toallas de la cafetería.
—Si sobrevivo a esto, exigiré una subida de sueldo —dijo ella.
—No cobras.
—Entonces exigiré un beso.
La frase salió antes de que pudiera detenerla.
Marcos dejó la toalla sobre el suelo.
—¿Uno?
Clara quiso responder, pero él ya estaba demasiado cerca. El beso fue breve, sorprendido y completamente equivocado.
Por eso, cuando se separaron, volvieron a besarse.