48 segundos CAPÍTULO 19 El relevo #6
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CAPÍTULO 19 El relevo #6

Habían tardado semanas en separarse porque nunca hubo una pelea capaz de hacerlo por ellas.

Los horarios, el trabajo y dos formas distintas de imaginar la convivencia habían ido desgastándolas hasta que decidieron parar antes de empezar a hacerse daño.

Después descubrieron que dejar de compartir casa era bastante más sencillo que dejar de desearse.

—Sigo queriéndote —dijo Nuria—. Eso es lo que no sabía dónde meter.

Sofía apoyó una cadera contra la encimera.

—Yo tampoco he dejado de quererte.

Nuria soltó el aire y bajó la cabeza.

—Joder.

—Sí. Muy práctico todo.

La sonrisa apareció y se fue casi al mismo tiempo.

—Pero no quiero volver a vivir como vivíamos —continuó Sofía—. Ni empezar otra vez con que una noche aquí tenga que significar algo para la semana siguiente.

—Yo tampoco quiero eso.

—Bien.

Regresaron al comedor. Nuria dejó su silla y se sentó junto a ella.

—¿Y Miguel?

Sofía giró la cara.

—¿Qué pasa con Miguel?

—No me vaciles.

Esta vez sí se rio.

—Me gusta.

—Eso ya lo había visto.

—Enhorabuena.

Nuria le dio con la rodilla.

—Tía.

Sofía jugueteó con la servilleta antes de dejarla sobre la mesa.

—La cena estuvo muy bien. Me gustó estar con él a solas. Luego hemos hablado alguna vez, pero tampoco hay una historia secreta que no te esté contando.

—Todavía.

—No me organices la vida.

—No estoy organizando nada.

Sofía la miró.

Nuria aguantó dos segundos.

—Vale. Un poco.

—Pues no.

Nuria sonrió y cogió su copa.

—Me pone cachonda que os gustéis.

—Eso tampoco es una noticia.

—Ya, pero no es solo eso. Cuando quedasteis pensé que quería estar allí. Luego os imaginé solos y también me gustó. Y un poco me jodió.

Sofía se acomodó de lado para mirarla mejor.

—Normal.

—No sé si normal.

—A mí me da igual que sea normal. Te pasó.

Nuria bebió un poco de vino.

—No quiero convertirme en la gilipollas que dice que todo le parece fantástico y luego revienta cuando ocurre de verdad.

—Pues no lo hagas.

—Gracias.

—De nada.

Nuria le enseñó el dedo corazón y Sofía se lo atrapó antes de que pudiera retirarlo.

—Si vuelvo a quedar con él, puede volver a pasarte —añadió.

Nuria dejó de sonreír, aunque no soltó la mano.

—¿Quieres volver a quedar con él?

Sofía giró la copa entre los dedos y tardó un instante en responder.

—Sí. Quiero conocerlo mejor.

Nuria permaneció callada unos segundos.

—Pues hazlo.

—No necesito permiso, cariño.

—No te lo estoy dando. —Le apretó los dedos—. Intentaba decirte que no voy a pedirte que no lo hagas porque a mí me remueva.

Sofía la observó un momento.

—Eso está mejor.

—Qué generosa.

—Hago lo que puedo.

Nuria sonrió.

—Y él tendrá que decidir qué quiere.

—Claro.

—Porque igual estamos aquí montándonos una película y Miguel solo quiere follar contigo.

Sofía arqueó la boca.

—Tampoco sería una tragedia.

—No, desde luego.

Las dos rieron y la tensión cedió lo suficiente para que Nuria acercara la silla un poco más.

—Aunque no creo que sea solo eso —añadió Sofía.

Nuria levantó la vista.

—¿Por qué?

—Porque pienso en él cuando no está delante.

La respuesta acabó con la risa.

Sofía miró sus manos enlazadas antes de continuar.

—El otro día una compañera hizo una barbaridad con un informe y pensé que a Miguel le haría gracia. Ni siquiera tenía sentido llamarlo por eso, pero estuve a punto. Y me atrae desde Cercedilla, eso ya lo sabes. Ahora quiero saber qué hay cuando tú no estás en medio.

Nuria le pasó el pulgar por los nudillos.

—Eso sí me da un poco de miedo.

—Ya.

—Y también me gusta.

—Eso se te nota.

Nuria negó con la cabeza.

—Qué lista eres.

—Muchísimo.

Esta vez el silencio fue cómodo. Nuria terminó acercándose hasta apoyar la frente contra su sien y Sofía cerró los ojos un instante.

—No voy a hacer de intermediaria —murmuró Nuria—. Si quieres algo con él, tendrás que hablar con él.

—Ni se te ocurra hacerlo por mí.

—No pensaba hacerlo.

—Mentira.

Nuria soltó una risa y la besó.

El primer contacto fue lento, marcado por todo lo que acababan de decir, pero Sofía conocía demasiado bien su boca para mantener aquella cautela mucho tiempo. Le rodeó la cintura y Nuria se inclinó hacia ella hasta que las rodillas chocaron bajo la mesa.

Cuando se separaron, Nuria permaneció cerca.

—¿Quieres que me vaya?

Sofía la miró.

—Mañana sales temprano.

—Sí.

—Y yo tengo una comparecencia a las nueve.

Nuria esperó.

Sofía sonrió.

—Quédate.

En el dormitorio, Nuria le desabrochó la blusa mientras Sofía le sacaba la camiseta por encima de la cabeza.

El beso continuó sobre la cama y perdió pronto la prudencia del comedor.

No necesitaban descubrirse: conocían dónde tocar, cuándo insistir y cuándo apartarse para dejar que la otra buscara más.

Sofía le bajó las bragas y Nuria abrió las piernas para recibirla. Después cambiaron de sitio sin hablar, recuperando ritmos y manías que ninguna había olvidado. Follaron despacio al principio y con menos paciencia después, riéndose una vez cuando Nuria estuvo a punto de caer de la cama.

Cuando terminaron, Nuria ocupó el lado izquierdo, el mismo que había preferido durante el año y medio que vivieron juntas. Buscó la mano de Sofía sobre la sábana, la dejó atrapada bajo la suya y se durmió así.