CAPÍTULO 18 La entrega #5
Cuando terminaron, quedaban pendientes únicamente esas correcciones; si Jurídico las incorporaba durante la semana, CRT podría empezar a incluir nuevas indicaciones en la programación de Asterión.
Los pacientes que ya habían trasladado seguirían donde estaban.
Al salir, Laura esperó hasta que las puertas del ascensor se cerraron.
—Han cedido en todo lo importante.
—Han corregido lo que les convenía corregir —dijo Miguel—. Echo de menos operar en un solo sitio y saber dónde coño aparco.
Jaime le recordó que el estacionamiento no figuraba en el acuerdo. La discusión los acompañó hasta la calle y perdió seriedad antes de llegar al coche.
Miguel encontró a Nuria aquella noche en el salón de Salesas.
Había ocupado la mesa baja con la propuesta, llenado los márgenes de preguntas y marcado dos funciones que se solapaban con las de Neus.
Él dejó la chaqueta, se sentó en la alfombra a su lado y esperó a que terminara de leer un párrafo antes de contarle la reunión con Adriana.
—Van a pagaros —dijo Nuria—. ¿Y volvéis?
—Firmaremos si corrigen las cláusulas de Laura. Los casos que ya están fuera se quedan fuera.
Nuria recorrió con un dedo una de las líneas subrayadas y señaló el riesgo de que el regreso de CRT convirtiera su nombramiento en una sospecha preparada para cualquiera que quisiera dañarlos. Miguel le explicó cómo habían separado las competencias, pero no intentó convencerla de que bastaría.
—Podría decir que no y buscar trabajo en otro hospital —dijo ella—. Ana cree que tengo base para hacerlo sin salir perdiendo.
—¿Quieres irte?
Nuria empezó por Susana, los pasillos en los que habían discutido su nombre y la sensación de estar siendo observada cada vez que entraba en un quirófano.
Después habló del bloque, del equipo que podría formar y de las instrumentistas que no tendrían que depender del humor de una supervisora para aprender cirugía compleja.
Cuando terminó, la pregunta de Miguel seguía sin una respuesta limpia.
—Quiero ese trabajo. No sé si quiero esa empresa.
Miguel tomó la propuesta y repasó las anotaciones.
—Vas a tener que discutir con gente que lleva más años que tú, sostener tus propios errores y trabajar con Neus después de todo esto.
—Mandar no me preocupa. Me preocupa que unas digan que me han dado el puesto por denunciar y otras, por ser tu novia.
—Alguna gente va a pensarlo —dijo Miguel—. Aunque rechaces el puesto, encontrarán otra cosa que pensar.
—Ya. No te he preguntado porque sabía que ibas a decirme algo así.
Miguel dejó las hojas sobre la mesa. Nuria abrió la boca para volver sobre lo mismo y se detuvo. Se sentó más cerca y descansó contra él.
—Dime que estás orgulloso de mí y luego cállate un rato.
Miguel le besó el pelo.
—Estoy muy orgulloso de ti.
Permanecieron juntos hasta que Nuria fue aflojando las piernas sobre el sofá y dejó los pies encima de los muslos de Miguel. Él no volvió a mencionar la propuesta. Más tarde cenaron y hablaron de la visita de Héctor a Valencia y de un paciente que Rubén quería incorporar a un estudio.
Antes de acostarse, Nuria recogió las hojas y las guardó en la carpeta.
A la mañana siguiente escribió a Adriana desde el despacho de Ana.
Aceptaba el nombramiento provisional con las competencias delimitadas en la propuesta, la exclusión expresa de cualquier contratación de CRT y la revisión de los solapamientos con Dirección de Enfermería.
Ana añadió una última frase sobre la continuidad de las reclamaciones laborales.
Ninguna de las dos la consideró incompatible con la aceptación.
El lunes siguiente, Nuria asistió a su primera reunión de planificación como responsable provisional de Cirugía y Enfermería Especializada.
Llevaba el mismo uniforme y había dejado sus cosas en la misma taquilla.
Neus ocupó la cabecera, presentó la nueva distribución de funciones y le cedió la actividad del bloque sin adornar el gesto.
Cuando llegaron al primer caso nuevo de CRT, previsto para el miércoles, Nuria asignó a Paloma como responsable de la mesa y volvió a colocar como segunda a la instrumentista joven con la que había trabajado en el aneurisma.
—Creía que entraría contigo —dijo una supervisora.
—Yo estaré en el bloque. Necesito que aprenda con alguien más y que Paloma vea cómo trabaja antes de la evaluación del mes que viene.
La respuesta generó dos preguntas y una objeción sobre las coberturas. Nuria escuchó, corrigió un horario y mantuvo la asignación. Cuando la sala pasó al siguiente punto, todos sabían qué buscaba con aquella combinación y quién respondería si salía mal.
Al terminar, Neus la alcanzó en el pasillo.
—Hice cosas que debería haber discutido —dijo, sin preámbulo—. No voy a justificarme contigo.
Nuria llevaba la carpeta abierta y no se detuvo.
—Ahora necesito que no vuelvas a hacerlas.
—Podemos trabajar juntas.
—Eso espero.
Siguieron hacia el bloque. Neus sostuvo la puerta y Nuria pasó delante; en la sala más próxima, el equipo de la mañana ya preparaba la siguiente intervención.
***
Aquella misma noche, Sofía compró la cena de camino a casa.
Habían cancelado la cita dos veces: primero por una guardia de Nuria y, el miércoles anterior, porque una vista se prolongó hasta después de las nueve.
Esa noche no quiso depender de una hora de cierre ni hablar con Nuria entre camareros.
Dejó una fuente de pollo asado, pan y ensalada en el comedor y abrió las ventanas para sacar el calor acumulado durante el día.
A las nueve y media aún llevaba la ropa de trabajo y había conseguido quitarse un solo zapato.
Nuria llamó al timbre mientras intentaba soltarse el otro.
La besó en la boca y avanzó por la casa con la familiaridad que había recuperado durante los últimos meses.
Conocía el cajón de los cubiertos, la puerta que rozaba el suelo cuando hacía calor y la tendencia de Sofía a comprar comida para cuatro cuando esperaba a una sola persona.
—Has vuelto a pasarte —dijo al descubrir la fuente.
—Si sobra, desayunas pollo.
Nuria llevó los cubiertos a la mesa y protestó desde allí. Sofía esperó a que terminara para señalarle que empezaba a hablar como Miguel.
La mención cayó entre las dos con una naturalidad que habría sido imposible unos meses atrás. Nuria se volvió hacia ella.
—Me han dado el puesto.
Nuria le había contado lo esencial de la reunión y la propuesta, aunque había preferido darle el resultado en persona. En cuanto dijo que había aceptado, Sofía la abrazó con fuerza y Nuria notó el calor retenido bajo su blusa.
—¿Has aceptado de verdad?
—Seis meses provisionales. Después tendrán que confirmarme. Procura no sonar como mi madre.
—Tu madre ya habría llamado a tres personas para explicárselo. Yo me limitaré a decir que te van a confirmar.
Comieron en el comedor, una frente a otra, con la fuente entre ambas y el ruido de la calle entrando por las ventanas.
Nuria le habló de la resolución, de la primera planificación y de la conversación con Neus.
No relató cada paso del conflicto; Sofía conocía lo suficiente para entender por qué la reparación no anulaba el daño.
Cuando Nuria admitió cuánto le gustaba el trabajo, lo hizo con una sonrisa que llevaba meses sin aparecer al hablar de Asterión.
—Miguel está insoportable —añadió—. Intenta fingir que no está orgulloso para no influirme.
—No sabe fingir eso.
—La cena con él estuvo muy bien —añadió Sofía—. Desde entonces hemos hablado alguna vez fuera del grupo. Una foto, una recomendación, cualquier tontería.
Nuria dejó el tenedor en el plato.
—Después de la comida le dije a Miguel que sigo enamorada de ti.
Sofía se quedó mirándola.
—¿Se lo dijiste a él?
—Me lo preguntó.
—Ya. A mí no.
Nuria abrió la boca, pero tardó en encontrar qué decir.
—Contigo no sabía qué derecho tenía.
—Nuria, estuvimos juntas un año y medio. Vivimos juntas. Y después tampoco es que nos hayamos tratado como dos desconocidas.
Sofía recogió el plato y se levantó. Nuria fue detrás, aunque se quedó apoyada en el marco de la cocina mientras ella dejaba los cubiertos en el fregadero.
—Creía que decírtelo era pedirte que volviéramos.
—¿Y querías?
—A lo mismo, no.
Sofía se volvió hacia ella.