CAPÍTULO 18 La entrega #4
—Me he bloqueado con una caja que tenía delante.
Nuria se lavó las manos con agua fría. Conocía la vergüenza de equivocarse delante de un equipo que parecía saberlo todo. No iba a añadir una humillación al error.
—La próxima vez te bloquearás con otra cosa. Lo importante es que has recuperado la secuencia enseguida y no has hecho perder el ritmo a la mesa.
Su compañera tardó en saber si aquello era un elogio.
—¿Entro contigo el miércoles?
—Si sigues en la planificación, sí. Revisa antes los accesos femorales y pide la bandeja larga. No quiero verte estudiar en la sala.
La joven asintió y se marchó con una prisa distinta a la de la mañana.
Nuria prolongó el lavado un poco más. Le gustaba enseñar, aunque nunca había pensado en ello como una función separada de su trabajo.
Durante años había ayudado a quienes empezaban porque alguien debía hacerlo y porque prefería una pregunta a tiempo que una instrumentista aterrada detrás de una mesa.
A las doce y veinticinco se reunió con Ana frente al despacho de Recursos Humanos. Su abogada llevaba la misma carpeta azul que había engordado desde febrero y un traje demasiado formal para el calor que había caído sobre Madrid aquellos días. No le preguntó cómo estaba.
—No firmes nada hoy —dijo.
—Ya sé trabajar contigo.
Entraron juntas. Susana López y Neus ocupaban un lado de la mesa; Adriana Leclerc, el otro.
Nuria la había visto de lejos desde que empezó la intervención de Asterión Spain, pero nunca tan cerca.
Adriana trabajaba en una sala interior con dos ordenadores, cajas aún sin abrir y una agenda cubierta de anotaciones; el despacho de Ramírez continuaba cerrado.
Al saludarlas, prescindió de cualquier introducción sobre los cambios en Asterión.
—He revisado las evaluaciones de Nuria desde su incorporación, los cambios de puesto de los últimos cuatro meses y las explicaciones de cada responsable —dijo—. Quiero cerrar primero lo que ya no admite discusión.
Ana abrió la carpeta. Adriana le pidió que esperara y entregó a Nuria una resolución de dos páginas.
La incidencia disciplinaria quedaba sin efecto; las anotaciones sin soporte suficiente se retiraban de su expediente y el hospital reconocía que no existía ninguna limitación clínica ni profesional que justificara apartarla de la cirugía especializada.
Las modificaciones de turno y destino seguirían revisándose en el ámbito laboral, porque algunas podían obedecer a necesidades reales de servicio, pero Asterión dejaba de sostener que hubieran respondido a una deficiencia de Nuria.
—Eso no resuelve las consecuencias —dijo Ana después de leer.
—No. Resuelve la posición de la empresa desde hoy y evita que sigamos defendiendo actuaciones indefendibles. Las consecuencias tendrán su cauce.
Susana quiso precisar que Recursos Humanos había actuado con la información remitida por Dirección.
Adriana no le permitió convertir la reunión en un reparto de excusas.
Le pidió que incorporara por escrito quién había solicitado cada medida y qué comprobaciones se hicieron antes de ejecutarla. Luego se dirigió a Neus.
—¿Existió algún motivo clínico para apartar a Nuria de cirugía compleja?
Neus acomodó sus papeles antes de responder.
—No.
—Quiero la confirmación firmada esta tarde.
Nuria había esperado escuchar aquella palabra durante meses.
Llegó sin disculpa, en una sala demasiado iluminada y con su abogada calculando lo que aún faltaba.
Le aflojó el cuerpo y le devolvió de golpe la rabia de cada mañana en que la habían obligado a defender una competencia que conocían de sobra.
Adriana esperó a que leyera la resolución completa antes de acercarle una segunda carpeta.
—Estamos reorganizando el bloque quirúrgico.
Neus conservará la Dirección de Enfermería, las plantillas, las coberturas generales y la gestión de las unidades.
La cirugía especializada tendrá una responsable propia para la asignación por competencias, la formación de instrumentistas, los protocolos del bloque, la trazabilidad clínica del material y la coordinación operativa con los equipos médicos.
Nuria no abrió la carpeta.
—¿Quién?
—Tú, si aceptas.
Ana intervino antes de que Nuria respondiera.
—Necesito la propuesta completa.
—Está ahí. Nombramiento inicial de seis meses, objetivos definidos y revisión al terminar ese periodo.
Incluye funciones, dependencia, autoridad sobre la planificación especializada, retribución y el procedimiento de evaluación.
Si la estructura se consolida, el puesto se cubrirá de forma definitiva con los criterios que figuran en el anexo.
Nuria abrió por fin la carpeta. La cifra del salario apareció en la primera página, junto al organigrama.
Debajo se detallaban responsabilidades que conocía desde la parte más incómoda: cuando una sala no tenía a la persona adecuada, cuando alguien entraba en una cirugía para la que no estaba preparado o cuando la formación dependía de que una compañera encontrara tiempo para enseñar.
Empezó a corregir mentalmente dos apartados y descubrió cuánto le apetecía hacerse cargo de ellos.
—Hace una semana no podía entrar en un quirófano sin que alguien revisara mi nombre —dijo—. Ahora queréis que decida quién entra.
—Hace una semana seguía mandando quien había creado ese problema.
Yo necesito ordenar el bloque con lo que consta en los expedientes anteriores a enero.
Tienes seis años de experiencia, formación específica, participación en protocolos y buenas evaluaciones.
También consta que llevas años formando a instrumentistas nuevas, aunque no sea una función reconocida. Esto no ha empezado hoy.
Nuria volvió la cabeza hacia Neus. Ella no negó haber informado.
—¿Esto es una compensación?
—Una compensación se negocia por el daño que ya existe. Este puesto te dará trabajo, exposición y problemas nuevos. Te lo ofrezco porque necesito que los resuelvas y porque cumples los criterios que hemos fijado. Puedes rechazarlo y la resolución laboral no cambiará.
Ana pidió que esa separación constara también en la comunicación final.
Adriana accedió. La contratación de equipos externos, incluidos los acuerdos con CRT, dependería de Gerencia y quedaría fuera de las atribuciones de Nuria.
Ella podría ordenar la actividad del bloque y asignar instrumentación de acuerdo con las competencias, pero no decidir qué profesionales contrataba Asterión ni en qué condiciones económicas.
—No quiero una respuesta ahora —dijo Adriana—. Léelo, consúltalo y dime antes del jueves si quieres empezar el lunes siguiente.
La reunión terminó cerca de las dos. Ana y Nuria cruzaron el vestíbulo sin hablar; el calor de la calle las obligó a detenerse bajo la sombra de la fachada. Ana guardó la resolución laboral en su carpeta y le devolvió la propuesta.
—La restitución es correcta como punto de partida. Revisaré el nombramiento esta tarde.
Nuria seguía en la primera página.
—Me apetece muchísimo. Después de todo lo que han hecho, debería querer irme, pero me apetece.
Ana se quitó la chaqueta y la dobló sobre el brazo.
—Puedes reclamar lo ocurrido y aceptar un trabajo que quieres. La reclamación laboral continuará sea cual sea tu respuesta al puesto.
Nuria cerró la carpeta. Ana le pidió que no confundiera la urgencia de Adriana con la suya y se despidió en la esquina. La frase continuó molestándola durante el resto de la tarde porque le devolvía un tiempo que ya no sabía utilizar.
***
Miguel regresó a Asterión al día siguiente acompañado por Laura y Jaime. En la recepción les entregaron acreditaciones temporales; sus permisos clínicos continuarían suspendidos hasta que firmaran el nuevo acuerdo. Laura comprobó los datos sin hacer comentarios y guardó las tarjetas en su carpeta.
Adriana los recibió con Francisco Pérez y un representante jurídico de Asterión Spain.
Abrió la reunión por las restricciones impuestas desde enero: carecían de base asistencial y el hospital restablecería el acceso de CRT a planta, quirófanos y servicios en las condiciones anteriores.
Las facturas vencidas se pagarían aquella semana con los intereses contractuales.
La reclamación bloqueada por Aethel correspondía a Asterión; los honorarios de los profesionales que habían intervenido habían quedado retenidos sin justificación contractual.
Jaime revisó las fechas de pago mientras Laura comprobaba las condiciones de hospitalización. Miguel dejó que ambos agotaran las cuestiones operativas antes de hablar.
—Hemos trasladado la actividad a dos hospitales y no vamos a mover pacientes ya programados.
—No se lo hemos pedido —respondió Adriana—. El acuerdo entra en vigor para nuevas indicaciones. Vuestro regreso no tiene exclusividad ni un mínimo de actividad.
—¿Quién decide la programación?
Francisco explicó que Gerencia contrataría los servicios y autorizaría el uso de recursos. La coordinación del bloque asignaría sala, personal y horarios según complejidad y disponibilidad. Miguel ya había leído la propuesta cuando preguntó por Nuria.
—Si acepta el cargo, ¿quién resuelve un conflicto entre su planificación y nuestro equipo?
—La misma estructura que lo resolverá con cualquier otro —dijo Adriana—. La coordinación clínica propondrá; Gerencia decidirá sobre el contrato y yo asumiré cualquier incompatibilidad durante el periodo provisional. No voy a pedirte que confíes en una separación informal.
Miguel asintió y revisó de nuevo las atribuciones de Nuria y el mecanismo previsto para resolver incompatibilidades. Jaime señaló dos cláusulas que debían ajustarse y Laura pidió una garantía sobre la disponibilidad de UCI.