47 segundos (Los Ausentes nº 1) CAPÍTULO 28 #3
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CAPÍTULO 28 #3

Gabriel se levantó inmediatamente y volvió hacia la conexión.

—¡Marce! Ella podía escucharlo. —Encuentra a Ethan.

—¡No cierres! La abertura empezó a recuperar definición en lugar de perderla, como si algo desde la infraestructura de 2147 estuviera intentando sostenerla.

Marcela sintió otra vez presión en los oídos.

No sabía si su presencia ayudaba, si Life había encontrado cómo fijarla o si el propio Punto Nueve estaba recuperando una ruta que llevaba demasiado tiempo queriendo cerrar.

No necesitaba conocer la causa para entender el peligro.

Si mantenía el enlace, Gabriel podía intentar volver por ella.

Life también podía utilizarlo. Marcela salió de la zona donde la presión era más intensa.

La imagen de 2026 se volvió irregular. Gabriel golpeó el borde invisible, gritándole que esperara.

Marcela levantó el arma y disparó contra el módulo.

El primer impacto arrancó una carcasa. La abertura se dobló, mostrando por un instante dos posiciones distintas de Gabriel.

Ella disparó otra vez. —¡NO! La voz cruzó más débil.

Marcela vio el rostro adulto de su hermano y, por un instante, encontró en él la misma expresión que había visto en el niño de once años cuando Adrián se lo llevó: furia y miedo mezclados con la certeza de que algo se cerraba antes de que pudiera impedirlo.

El tercer disparo rompió la conexión. 2026 desapareció.

Marcela quedó sola bajo el hospital del año 2147.

No sintió heroísmo ni satisfacción. Había enviado a Gabriel hacia Ethan.

Había enviado también al hombre que llevaba su nombre tatuado y que acababa de recibir una orden para matarlo.

Punto Nueve estaba inutilizado y la ruta por la que había llegado empezaba a cerrarse.

Life habló desde alguna parte de la cámara, sin triunfo ni enojo.

—La condición que originó la intervención permanece sin resolver.

Marcela miró el módulo destruido. —¿Gabriel?

No hubo respuesta. No hacía falta. El silencio le dio exactamente lo necesario para comprender la otra mitad de su decisión.

Life nunca había requerido que Gabriel y Adrián permanecieran en 2147 para intentar ejecutar la orden.

Ella acababa de colocarlos juntos en 2026 porque era la opción que protegía mejor a Ethan.

Podía haber sido también la opción que Life esperaba.

Marcela recargó el arma y buscó otra salida del cuarto.

No iba a permitir que el sistema le explicara su propio error.

En 2026, Adrián cayó de rodillas al otro lado de la abertura y Ortiz llegó hasta él antes de que pudiera levantarse.

Colocó aislamiento alrededor del implante mientras Reeves mantenía distancia y Gabriel golpeaba el módulo muerto, intentando recuperar una puerta que ya no existía.

—Déjalo —dijo Reeves—. Ella la cerró. Gabriel se volvió con una expresión que hizo que Reeves levantara ligeramente el arma, no por amenaza sino porque nunca lo había visto perder control así.

Entonces Adrián habló. —Gabriel. La voz era suya.

Gabriel giró. Adrián lo reconocía. Eso hizo que Ortiz trabajara más rápido.

—No te acerques. —¿Está entrando señal? preguntó Gabriel.

Adrián apretó los dientes. —Sí. La mano derecha empezó a cerrarse.

Reeves vio el arma sobre la mesa antes que los demás y la tomó, pero Adrián ya se movía hacia una segunda pistola que había quedado junto al equipo.

Ortiz intentó bloquearle el brazo. Adrián lo empujó sin dejar de mirar a Gabriel.

—Corre. Gabriel no lo hizo. —Adrián. —Corre, carajo.

Su cuerpo golpeó a Ortiz con el hombro, tomó el arma y la levantó mientras la otra mano intentaba agarrarse la muñeca para detenerla.

No había vacío en sus ojos. No había otra persona hablando por su boca.

Había un hombre plenamente consciente mirando al niño que había secuestrado convertido en adulto y sintiendo cómo su dedo se aproximaba al gatillo.

Reeves buscó ángulo sin apuntar a Ortiz.

Gabriel dio un paso hacia Adrián. —No. —Quédate lejos.

—Mírame. —Te estoy mirando. —Entonces aguanta.

Adrián soltó una risa rota por el esfuerzo.

—Eso estoy haciendo. El arma siguió subiendo.

Ortiz consiguió meter parte del blindaje debajo del vendaje, pero la señal no desapareció.

Adrián intentó girar el cañón hacia el piso y solo consiguió desplazarlo unos centímetros.

Gabriel vio el momento exacto en que iba a perder.

Se lanzó hacia un costado cuando sonó el disparo.

La bala cruzó por debajo de las costillas, rozó carne y arrancó tela antes de golpear la pared.

Gabriel cayó contra una mesa con la mano inmediatamente sobre el costado.

Reeves golpeó la muñeca de Adrián y lo derribó mientras Ortiz colocaba el resto del aislamiento.

Adrián quedó boca abajo, respirando con violencia.

La mano dejó de buscar el arma. —Gabriel —dijo.

Esta vez era una pregunta. Gabriel se incorporó con ayuda de la mesa y miró la sangre sobre sus dedos.

—Sigo aquí. Adrián cerró los ojos. Recordaba el disparo.

En 2147, Marcela ya había salido de Punto Nueve cuando escuchó un golpe seco detrás de ella.

Se detuvo. No podía haber sido el disparo.

Había más de un siglo entre ambos y ningún enlace abierto.

Aun así, el sonido le produjo la misma presión breve en los dientes que precedía algunas ventanas, como si algo hubiera ocurrido demasiado cerca de una ruta que acababa de romper.

Esperó una grieta azul que no apareció. Life tampoco habló.

Marcela entendió que quedarse inmóvil intentando decidir si había oído un hecho, un eco o una posibilidad era exactamente cómo terminaría atrapada allí.

Echó a correr hacia los niveles inferiores.

Gabriel estaba en 2026 con Ethan y con Adrián.

Ella seguía en 2147, donde todavía existían Mina, Sophie y decenas de niños que ninguna victoria inmediata había liberado.

Necesitaba otra puerta antes de que Life cerrara todas las que Gabriel había dejado abiertas durante treinta años.

Y por primera vez desde que había cruzado al futuro, Marcela no corría detrás de una pista ni de una persona. Corría detrás del camino de regreso.