47 segundos (Los Ausentes nº 1) CAPÍTULO 28 #2
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CAPÍTULO 28 #2

La estación comenzó a responder a otro registro marcado 2026.

233. No coincidía exactamente con el momento en que Marcela había salido de su año, pero Gabriel calculó que era suficientemente cercano para intentar una correspondencia con infraestructura todavía activa.

Nadie mencionó porcentajes. La señal simplemente fue ganando definición: primero sonido, después profundidad, luego la impresión incómoda de que una habitación intentaba ocupar el mismo volumen que otra.

Life habló desde el hospital superior y recomendó interrumpir el procedimiento por riesgo de desplazamiento no controlado.

Marcela preguntó cuál era la alternativa.

La respuesta ofreció asistencia clínica.

—No. La línea entre los marcos siguió creciendo.

Al otro lado apareció un taller oscuro que Marcela reconoció: la misma zona ferroviaria de 2026 donde habían dejado evidencia.

Reeves estaba allí con el torso vendado.

Ortiz apareció detrás y Vale permanecía junto a una mesa llena de piezas desconectadas.

Reeves tardó un segundo en comprender lo que estaba viendo y después se acercó.

—Ethan está bien. Marcela sintió que algo dentro del pecho se aflojaba.

—¿Dónde? —Con nosotros. Seguro por ahora.

—¿Eleanor? Reeves miró a Ortiz antes de contestar.

—Desapareció. Marcela vio a Gabriel tensarse.

—¿Cómo? —Poco después de cruzar hubo otro apagón.

Cuarenta y siete segundos. Cuando volvió la energía, ella ya no estaba.

Ethan seguía ahí. Marcela cerró los ojos apenas un instante.

Eleanor había llegado a 2026 y desaparecido otra vez sin llevarse al niño.

Otra pregunta abierta, pero no la más urgente.

Reeves explicó que David ya sabía que Ethan estaba vivo, pero todavía no habían conseguido reunirlos.

Life mantenía vigilancia alrededor de él y había intentado acceder al lugar donde ocultaban al niño utilizando personal médico y una orden de evaluación perfectamente válida.

No habían llegado con armas. Habían llegado con credenciales, autorización clínica y argumentos razonables sobre exposición neurológica, origen desconocido de procedimientos y riesgo para un menor.

Vale había conseguido retrasar la orden, no eliminarla.

—No lo lleven a un hospital conectado —dijo Marcela.

Reeves mostró una expresión dolorida que podía significar las costillas o cansancio.

—No pensaba hacerlo. Gabriel observó la abertura.

La conexión estaba lo bastante estable para cruzar, pero el módulo antiguo empezaba a calentarse y uno de los componentes físicos vibraba cada vez más.

Adrián estudió el consumo y dijo que soportaría dos adultos antes de deteriorarse.

Marcela no convirtió la frase en matemática dramática.

Solo miró a Gabriel y a Adrián y entendió el problema.

—Ustedes dos van. Gabriel negó de inmediato.

—No. —Ethan está en 2026. Tú conoces Life desde dentro.

Adrián conoce cómo recuperan objetivos y Ortiz puede mantener su implante aislado mejor allá que aquí.

—Y tú te quedas sola en 2147. —Sí. —No. Adrián tocó el vendaje detrás de su oreja.

—Ella tiene razón sobre mí. Si la señal vuelve aquí, recibo otra vez la orden contra ti.

En 2026 tienen materiales, Ortiz y Reeves.

Gabriel lo miró con rabia. —También puedes recibirla allá.

—Entonces allá tienen oportunidad de detenerme.

Marcela se volvió hacia Gabriel. —Ve. Él la agarró por los brazos.

—No voy a perderte otra vez. La frase reunió treinta y nueve años en menos de un segundo.

Marcela sostuvo su mirada. —Tú no me perdiste.

Gabriel pareció recibir el golpe de una manera que ella no comprendió del todo.

—Sí. Marcela pudo preguntar qué significaba.

No lo hizo. La abertura empezaba a perder nitidez.

—Llevas treinta años diciéndole a la gente que no puedes salvar a todos al mismo tiempo.

Ahora te toca aceptar tu propia regla. Gabriel negó otra vez.

—No contigo. —No funciona así. Marcela empujó a Adrián primero.

Él cruzó con dificultad y apareció junto a Ortiz, que ya tenía preparado el material de aislamiento.

Reeves mantuvo el arma baja pero lista. Gabriel seguía resistiéndose.

Marcela supo que no iba a convencerlo con lógica.

Así que lo abrazó. Fue la primera vez desde 1987 que pudo rodear a su hermano con ambos brazos y durante una fracción de segundo dejó de sentir el futuro, las órdenes, Cuna y los años perdidos.

Gabriel la sostuvo con una fuerza que casi le impidió continuar.

Marcela aprovechó el mismo movimiento, cambió el peso y lo empujó hacia la abertura.

Él comprendió demasiado tarde. Atravesó trastabillando y Reeves lo recibió del otro lado.