CAPÍTULO 21 #2
La iluminación de la cámara cambió antes de que pudieran discutir más.
No apareció un contador. El espacio central se oscureció ligeramente, como si la pared detrás dejara de estar en el mismo plano.
Life anunció que una transferencia estaba en preparación y volvió a ordenarles abandonar el área.
Adrián indicó que todavía tenían unos minutos antes de que la correspondencia se estabilizara.
Marcela preguntó si romper el núcleo durante una transferencia podía afectar a alguien del otro lado.
—Sí. —Entonces esperamos hasta ver qué está pasando.
—Eso reduce el margen. —Lo sé. La oscuridad del centro se volvió una línea pálida y después una abertura estrecha.
Detrás apareció una sala blanca. Marcela vio a Ethan.
No necesitó fotografía ni confirmación. Era él.
Estaba sentado sobre una camilla, sin camiseta, con sensores adheridos al pecho y una vía en el brazo.
Parecía somnoliento, pero consciente. Dos adultos vestidos de blanco preparaban equipo detrás.
No había manera de saber qué procedimiento iban a realizar.
Nada visible permitía llamarlo cirugía, extracción o cualquier otra cosa.
Eso no importaba. Ethan estaba allí. Reeves pronunció su nombre en voz baja y el niño levantó la cabeza casi al mismo tiempo, aunque no podía haberlo escuchado.
Miró hacia la abertura con una expresión de desconcierto.
Marcela dio un paso adelante. Adrián la sostuvo del brazo.
—No cruces. —Está ahí. —No sabes dónde es “ahí”.
Uno de los adultos se volvió hacia Ethan y la imagen tembló.
Las luces del otro lado se apagaron. Durante unos segundos, la abertura quedó iluminada únicamente por una claridad residual.
Después ocurrió algo distinto. No provenía de la cámara local.
En la sala blanca se abrió una puerta lateral y una figura adulta entró con rapidez.
Marcela no distinguió el rostro. Vio cabello oscuro, ropa que no correspondía al personal médico y un movimiento demasiado decidido para ser parte del procedimiento.
La figura apartó a Ethan de la camilla. Uno de los adultos intentó reaccionar y quedó detenido por una falla o interferencia que Marcela no comprendió.
—¿Quién es? —preguntó Reeves. Adrián no respondió.
La figura sostuvo a Ethan por los hombros, lo obligó a ponerse de pie y miró hacia la abertura.
Por un instante Marcela creyó reconocer algo en la postura, pero la distancia, la luz y todo lo que deseaba ver convertían cualquier conclusión en una trampa.
No dijo Gabriel. No todavía. La figura señaló hacia algún punto detrás de Marcela y después arrastró a Ethan hacia un corredor lateral.
—Lo está sacando —dijo Adrián. —¿A dónde?
—No sé. La abertura comenzó a perder estabilidad.
Marcela miró la columna central. —Ahora.
Adrián entendió. Colocó el dispositivo contra la base del módulo.
Life habló inmediatamente. —Interrumpir la referencia local puede producir consecuencias no previstas.
Marcela miró una última vez hacia la sala blanca.
Ethan ya no estaba visible. Tampoco la figura.
—Hazlo. Adrián activó el pulso. No hubo explosión de fuego.
La presión llegó primero. Marcela sintió el impacto dentro del pecho y los dientes.
Las placas metálicas vibraron, varios paneles estallaron hacia afuera y Reeves cayó al suelo.
La abertura se contrajo en un instante. Durante una fracción de segundo mostró algo distinto: oscuridad, estructuras lejanas, luces que no pertenecían a la sala blanca.
Después desapareció por completo. El dispositivo de Adrián se quemó contra su mano y él se arqueó como si una corriente le atravesara la columna.
Marcela llegó a sujetarlo antes de que golpeara la cabeza.
Sangre comenzó a salirle de la nariz y de un oído. Life dejó de hablar.
La cámara quedó muerta. Marcela comprobó el pulso de Adrián.
Seguía vivo. No respondía. Reeves consiguió sentarse, pero una inhalación profunda le arrancó un gesto de dolor que intentó ocultar.
Vale parecía escuchar mal por un oído y llevaba sangre por la mejilla.
Desde los corredores comenzaron a sonar alarmas físicas, no la voz de Life: campanas, mecanismos de emergencia, personal gritando instrucciones.
Marcela ayudó a Reeves a ponerse de pie.
Entre ella y Vale cargaron a Adrián hasta el túnel.
No dispararon contra nadie. Los trabajadores que encontraron estaban evacuando y parecían tan confundidos como cualquiera.
La mayor parte de la gente dentro de aquel complejo probablemente nunca había visto HC-09 desde el lado que ellos acababan de destruir.
Life regresó cuando ya estaban dentro del conducto, no mediante el sistema restringido sino a través de teléfonos y pantallas del nivel superior.
Informó de una falla técnica, pidió evacuar y recomendó no intentar recuperar material de áreas comprometidas.
Marcela registró esa última frase. No necesitaba interpretarla todavía.
Ortiz los recogió lejos del perímetro en otro vehículo.
Se negó a llevarlos a un hospital conectado.
Revisó primero a Reeves y diagnosticó, con todas las limitaciones del lugar, al menos dos costillas fracturadas.
Vale necesitaba suturas. Adrián seguía inconsciente, pero respiraba sin asistencia.
Marcela tenía golpes menores. Ninguno había recuperado a Ethan.
Horas después, Life emitió un comunicado público sobre una interrupción operativa en una instalación biomédica.
Ningún paciente había resultado afectado y la continuidad de servicio quedaba garantizada mediante infraestructura redundante.
Marcela escuchó esa palabra desde una bodega mientras Ortiz vendaba el torso de Reeves.
—Redundante. Hay más —dijo ella. Reeves levantó la mirada.
—Más puntos como HC-09. Marcela asintió.
Destruir uno no significaba cerrar el sistema.
Solo habían obligado a Life a utilizar otra ruta.
Adrián despertó poco después. No abrió los ojos de inmediato.
Primero movió una mano, después respiró más rápido y trató de incorporarse.
Ortiz lo mantuvo quieto mientras revisaba la cicatriz detrás de la oreja.
La piel estaba quemada y una pequeña zona alrededor del implante se había inflamado.
Marcela se acercó. —Adrián. Él abrió los ojos y la miró.
La reconoció. Eso fue lo primero que Marcela comprobó.
—¿Dónde estamos? —Fuera de HC-09. Adrián miró alrededor y después hacia Reeves.
—¿Lo destruimos? Marcela no respondió de inmediato.
—Sí. Él cerró los ojos. —¿Ethan? —Alguien lo sacó de la sala antes de que cerráramos la abertura.
Adrián volvió a mirarla. —¿Quién? —No lo sé.
Él frunció el ceño. —Yo vi a alguien. —También nosotros.
—No recuerdo qué pasó después. Marcela sintió una pequeña tensión en el estómago.
—¿Después de qué? Adrián intentó reconstruirlo.
—La sala blanca. Ethan en la camilla. Alguien entrando.
Después... nada claro. Ortiz intercambió una mirada con Marcela.
—¿Recuerdas activar el dispositivo? Adrián tardó.
—No. Marcela no convirtió la laguna en explicación.
Podía ser traumatismo, descarga, desorientación o el implante dañado.
Registró el hecho y nada más. Adrián levantó una mano hacia la zona detrás de la oreja y se detuvo antes de tocarla.
—¿Sigue funcionando? Ortiz respondió: —No tengo idea.
Por primera vez desde que Marcela lo conocía, Adrián sonrió sin humor.
—Eso empieza a ser contagioso. Marcela miró la tira de Ethan, luego a Reeves herido y finalmente a Adrián.
Habían detenido algo. No sabían cuánto tiempo habían ganado, quién había movido a Ethan ni a qué lugar.
Tampoco sabían si destruir HC-09 había ayudado al niño o simplemente había obligado a Life a cambiar de ruta.
Pero una cosa sí era cierta: Ethan seguía vivo cuando lo vieron, y alguien del otro lado había llegado antes de que ellos pudieran hacerlo.