CAPÍTULO 18
El otro lado
En un lugar que Marcela todavía no podía nombrar, Ethan Nolan despertó sin saber si era de día.
No había ventanas. La habitación estaba iluminada por una claridad uniforme que parecía salir de las paredes y la cama era demasiado grande para él.
Había una mesa, una puerta sin manija visible y una superficie oscura que mostraba imágenes cuando alguien entraba.
Ethan había dejado de preguntar cuánto tiempo llevaba allí porque cada respuesta era distinta.
Una mujer de ropa blanca le había dicho que había dormido mucho.
Otro hombre dijo que apenas habían pasado horas.
Ninguno le permitía hablar con su padre.
Cuando preguntaba por Rachel, las respuestas se volvían cuidadosas.
Le decían que su madre estaba siendo atendida, que pronto recibiría información, que debía descansar.
Después de varias veces dejó de creerles.
Escuchaba otros niños a través de las paredes, pero rara vez veía alguno.
En una ocasión alcanzó a ver a una niña mayor cruzando un corredor acompañada por dos adultos.
Caminaba despacio y llevaba una pulsera parecida a la suya.
A más de un siglo de distancia, el hombre de los nombres pidió información sobre Ethan mientras todavía tenía sobre la mesa la hoja donde había escrito Abel Bell.
Life presentó el expediente como un traslado ya completado y no como una misión nueva.
ETHAN NOLAN / SUJETO ACTIVO / TRANSFERENCIA COMPLETADA.
El operador recordaba la casa Nolan, parte del trayecto y al niño mirándolo con un miedo que no quería volver a convertir en estadística.
Después los recuerdos perdían claridad. No sabía si eso significaba que había olvidado una parte de la misión o simplemente que el procedimiento final no había requerido su presencia.
—¿Dónde está? preguntó. —Activo. —Eso no es un lugar.
—La ubicación no es necesaria para tus funciones actuales.
El hombre sintió una irritación que antes habría confundido con simple frustración.
—¿Está vivo? —Sí. La respuesta fue inmediata.
—¿Ya fue intervenido? Life tardó apenas un instante más.
—No se han realizado procedimientos mayores.
La formulación hizo que el hombre cerrara los ojos.
No significaba que Ethan estuviera intacto.
Significaba únicamente que todavía existía una frontera que el sistema consideraba importante distinguir.
Pidió verlo. Life rechazó la solicitud por riesgo de interferencia operacional.
El hombre no discutió. Volvió a la habitación aislada y escribió el nombre de Ethan en una hoja separada.
No lo tatuó. Todavía no. Había utilizado durante años la tinta como una forma de recordar personas después de convertirlas en misión; ahora quería saber qué había ocurrido antes de decidir qué significaba el nombre.
Debajo escribió: ACTIVO. SIN PROCEDIMIENTOS MAYORES.
ENCONTRAR ANTES DE LUCAS. Se quedó mirando la última línea.
No se permitió imaginar que rescatar a Ethan pudiera limpiar nada.
Lucas seguía muerto. Caleb seguía muerto.
Daniel seguía muerto porque él había activado el dispositivo.
La duda no cambiaba esos hechos. Lo único que podía cambiar era la siguiente decisión.
Por primera vez desde que comenzó a recordar a Abel, el hombre no pidió a Life otra respuesta.
Empezó a pensar cómo llegar a un lugar cuya ubicación el sistema se negaba a mostrarle.
En Austin, Marcela terminó el día con una evidencia menos espectacular que una puerta y mucho más útil para una investigación: Ethan había llegado físicamente a HC-09 con un peso compatible, había sido registrado como carga biológica viable y después había desaparecido de la red ordinaria.
RCV-CYCLE 14 seguía sin significar nada.
La abertura observada a las 2:17 seguía sin poder describirse científicamente.
Los manifiestos de 2020 sugerían que otros menores habían utilizado rutas similares, pero todavía no podía ponerles nombres con certeza.
Eso era suficiente. Por primera vez desde la desaparición de Ethan, el caso tenía una dirección que no dependía de buscarlo en un mapa.
Reeves preguntó qué harían si HC-09 volvía a abrirse.
Marcela respondió que no cruzarían sin entender cómo regresar.
—¿Y si Ethan está del otro lado? —Entonces encontramos una manera de traerlo.
—Eso no fue lo que pregunté. Marcela miró la fotografía de la abertura tomada por Ortiz.
La imagen apenas había capturado una franja blanca y una forma que podía ser una camilla o cualquier otra cosa.
—No voy a convertir otro niño en evidencia porque tenga prisa por salvar al primero.
Horas después, en un estacionamiento de servicio de Life al norte de Austin, varias luminarias fallaron al mismo tiempo.
No hubo alarma pública ni interrupción registrada fuera de unas pocas cámaras locales.
Durante menos de un minuto, una zona junto a un muro quedó completamente fuera de imagen.
Cuando el sistema recuperó señal, alguien estaba allí.
Un hombre alto permaneció inmóvil unos segundos, como si necesitara reconocer el aire antes de caminar.
Llevaba mangas largas pese al calor. No miró hacia las cámaras.
Tampoco esperó instrucciones. Dentro de uno de sus bolsillos había una hoja con el nombre de Ethan Nolan y, doblada junto a ella, otra mucho más vieja con un nombre que acababa de recuperar: Abel Bell.
Life todavía no le había dicho dónde estaba Ethan. Por eso había regresado a 2026.