47 segundos (Los Ausentes nº 1) CAPÍTULO 15 #2
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CAPÍTULO 15 #2

Adrian Vale solicitó verla a la mañana siguiente.

No utilizó una llamada ni una invitación digital.

Una carta física llegó al departamento, dirigida a Marcela aunque oficialmente seguía suspendida.

Reeves se la llevó al apartamento de decomiso dentro de una bolsa y comentó que la empresa con más sensores del país parecía haber descubierto repentinamente el correo.

Vale proponía un restaurante del centro, una mesa exterior y ningún dispositivo.

También aclaraba que hablaba a título personal.

Marcela fue sola. Lo encontró sin corbata, con un café intacto frente a él y una expresión más cansada de lo habitual.

—Está investigando a Eleanor Voss —dijo antes de saludar.

Marcela no confirmó nada. —¿Por qué te importa?

—Porque anoche desaparecieron de mi nivel de acceso varios archivos históricos que llevo años pudiendo consultar.

No fueron reclasificados. Para mí dejaron de existir.

—¿Qué archivos? —Seguridad corporativa de los primeros años de Life.

Adquisiciones, incidentes internos, personal relacionado con proyectos antiguos.

Vale miró alrededor antes de continuar. —Después apareció una instrucción para tratar cualquier intento de recuperar material relacionado con Voss como un asunto de seguridad superior.

—¿Superior a ti? —Sí. Era la primera vez que Marcela escuchaba esa palabra de él sin que sonara como una maniobra.

—¿Quién puede restringirte? —Oficialmente, varias personas.

El problema es que ninguna de ellas figura como autora.

—Entonces averígualo. Vale sostuvo su mirada.

—Eso es precisamente lo que estoy intentando hacer.

Marcela no le contó sobre Miriam, Wren ni la fotografía de Eleanor.

Vale tampoco ofreció convertirse en aliado.

Se limitó a admitir que existían capas de autorización dentro de Life cuyo origen él no podía rastrear y que determinados asuntos históricos activaban respuestas automáticas que no se parecían a los procedimientos corporativos normales.

—¿Por qué decírmelo? preguntó ella. —Porque si alguien está restringiendo mis archivos debido a lo que usted encontró, necesito saber qué está provocando.

—Eso suena a interés propio. —Lo es. —Me gusta más esa respuesta.

Vale aceptó el comentario. —También le conviene saber que Voss importa más de lo que yo creía.

No sé por qué. —¿Vas a intentar quitarme lo que tengo?

—No hoy. —No fue lo que pregunté. —No sé qué haré cuando sepa qué está ocurriendo.

Marcela se levantó. Aquello era suficiente.

Vale seguía siendo peligroso precisamente porque todavía estaba dentro de Life, todavía obedecía reglas y todavía podía decidir que proteger a la empresa era más importante que ayudarla.

Pero ahora sabía algo que no debía saber: existían partes de su propia organización que se cerraban cuando alguien pronunciaba el nombre correcto.

Esa noche, mientras Marcela y Reeves revisaban nuevamente las fotografías de las notas de Miriam, encontraron una relación que antes había pasado desapercibida.

En la misma página donde Wren describía la interrupción manual del 3 de junio aparecían las iniciales E.V.

junto a una breve anotación: copied procedure.

Eleanor había recibido una copia seis días antes de la muerte de Wren.

Marcela colocó al lado la carta de 1985 donde Voss decía que llevaría registros fuera de Life.

—Cuatro años después seguía trabajando sobre el mismo problema —dijo Reeves.

—O sobre una versión más avanzada. —¿Crees que el procedimiento de Wren todavía funcionaba?

—No lo sé. —Pero alguien podría haber querido saberlo.

Marcela pensó en la mujer anciana de la fotografía.

Si Eleanor hubiera sido asesinada en 1985, esa imagen tenía que ser falsa.

Si era auténtica, su desaparición había sido otra cosa.

Ninguno sabía cuál. Lo importante era que Wren había encontrado una manera de interrumpir las respuestas y Eleanor había conservado esa información.

Eso convertía su desaparición en algo distinto a una coincidencia, pero todavía no decía si alguien había querido silenciarla, reclutarla o llevarla a algún lugar donde pudiera continuar trabajando.

A más de un siglo de distancia, el hombre de los nombres estaba sentado dentro de la habitación aislada con la camisa doblada sobre una silla y la lámpara amarilla encendida frente a él.

Había pasado demasiado tiempo mirando la zona más antigua de sus tatuajes sin entender qué buscaba.

Desde Daniel, ciertos recuerdos aparecían como imágenes incompletas que se deshacían cuando intentaba sostenerlos: polvo bajo botas que no eran suyas, una voz femenina pronunciando algo sobre nombres, una carretera que no reconocía.

Abrió una caja metálica donde conservaba objetos de misiones demasiado antiguas para recordar con precisión.

Había una llave oxidada, una fotografía sin rostro visible, un reloj detenido y un papel doblado tantas veces que las fibras empezaban a separarse.

Reconoció la letra de Eleanor Voss antes de comprender por qué.

La nota contenía una sola frase: BUSCA EL PRIMER NOMbrE.

El hombre permaneció inmóvil. No recordaba cuándo se la había dado ni por qué la había conservado.

Tampoco recordaba haber decidido ocultársela a Life.

Extendió el brazo bajo la lámpara y empezó a seguir las capas de tinta más antiguas.

Muchos nombres habían sido repasados, otros deformados por cicatrices y décadas de nuevas marcas.

Cerca de las costillas encontró uno casi perdido debajo de líneas posteriores.

Solo podía leer con claridad el apellido.

BELL.

No era Arthur. Eso lo supo antes de recuperar cualquier otra cosa.

El nombre completo seguía enterrado, pero una serie de imágenes apareció con la violencia de un recuerdo físico: tierra seca, un caballo atado frente a una casa, lámparas de aceite detrás de una ventana y un hombre sosteniendo entre las manos una placa negra cuyo borde emitía una luz azul imposible.

El operador apoyó una mano contra la mesa mientras la habitación parecía inclinarse.

No pudo recordar el rostro ni la misión completa.

Solo el apellido, la sensación de haber llegado demasiado tarde y un año que surgió desde algún lugar al que llevaba décadas sin poder entrar.

Lo escribió en el reverso de la nota de Eleanor antes de que pudiera perderlo otra vez.