CAPÍTULO 14
Antes de que supiera su nombre
Marcela no pronunció la palabra tiempo. No necesitaba hacerlo.
Todavía existían alternativas menos extraordinarias: datos ocultos, espionaje empresarial, errores de registro, información incorporada por investigadores sin darse cuenta.
Reeves mencionó precisamente esas posibilidades y ella estuvo de acuerdo.
Lo importante no era que Eleanor hubiese demostrado algo imposible, sino que había detectado un problema cuarenta años antes de que Gabriel le advirtiera sobre decisiones que parecían conocer resultados futuros.
Una segunda carta, escrita tres días antes de su desaparición y dirigida directamente a Bell, endurecía la sospecha sin resolverla.
Eleanor exigía suspender la integración de Praxis hasta identificar de dónde provenían ciertas recomendaciones.
Había encontrado referencias internas a decisiones corporativas que todavía no figuraban en ningún calendario operativo y nombres de personas que aún no participaban en los proyectos mencionados.
Uno de esos nombres era el suyo. No explicaba en qué contexto aparecía ni copiaba el contenido exacto.
Solo decía que llevaría muestras de los registros y sus notas a un colega de Los Álamos porque ya no confiaba en analizar el problema dentro de una infraestructura conectada a Life.
Tres días después desapareció en el camino.
Reeves dejó la carta sobre la mesa. —Si esto es auténtico, alguien en Praxis tenía información que no debería tener.
—O alguien quería que Eleanor creyera eso.
—¿Para qué? —No sé. Marcela miró la fecha.
—Pero sí sabemos que ella empezó a hacer preguntas y desapareció antes de poder enseñarle los registros a alguien fuera de Life.