43 · EL MAC
EL MAC
Adrián no protestó cuando se llevaron el ordenador.
Eso preocupó a Clara.
—¿No vas a decir nada?
—¿Qué quieres que diga?
Dos agentes envolvían cables en el despacho.
—Es tu ordenador.
—Ya lo sé.
—La cuenta era mía.
—También lo sé.
Clara bajó la voz.
—Entonces entiendes lo que parece.
Adrián la miró.
—Últimamente todo parece algo.
Esperaron hasta que los agentes se marcharon.
Clara cerró la puerta.
—Yo no usé tu Mac aquella noche.
—No recuerdo ni haber salido de casa. No soy la mejor persona para confirmar eso.
—Adrián.
—¿Qué?
—Me están montando algo.
Él la observó.
—¿Quién?
—No lo sé.
—Sofía.
—Puede ser.
—¿Por qué iba a usar tu cuenta desde mi ordenador?
—Porque quiere que parezca que fuimos nosotros.
—¿Los dos?
—Quizá.
Adrián soltó una risa sin humor.
—Curioso. Cada vez que aparece algo que apunta hacia ti, también aparece una explicación que apunta hacia otra persona.
—Eso no significa que sea falsa.
—Tampoco que sea verdad.
Clara se quedó quieta.
—¿Quieres preguntarme algo?
—Sí.
—Hazlo.
Adrián se acercó un paso.
—¿Sabías que me había reunido con Gabriel?
Clara parpadeó.
—No.
—Piénsalo antes de contestar.
—No lo sabía.
—¿Seguro?
—Sí.
—Gabriel me enseñó la foto de Mateo junto al coche.
Clara cerró los ojos.
—¿Antes de que muriera?
—Tres días antes.
—Y no me dijiste nada.
—Tú me habías ocultado un atropello durante once años.
—¿Qué te dijo?
—Que no fue un accidente.
Clara dejó de respirar un instante.
—Eso no es verdad.
—Dijo que aceleraste.
—No.
—¿Estás segura?
—Sí.
—No había marcas de frenada.
—Ya hemos hablado de eso.
—Ahora hay una fotografía de Mateo discutiendo contigo antes.
Clara lo miró.
—¿Quién te ha enseñado esa foto?
—No importa.
—Sí importa.
—La policía.
El rostro de Clara cambió.
—¿De dónde la sacaron?
—Sofía.
Clara retrocedió hasta tocar la mesa.
—Entonces ella tiene la caja.
Adrián sintió que algo se detenía dentro de él.
—¿Qué caja?
Clara tardó un segundo de más.
—La del padre de Gabriel.
—¿Cómo sabes que existe?
Ella cerró los ojos.
—Gabriel me la enseñó hace años.
—¿Qué había dentro?
—Fotos del coche.
—¿Y de Mateo?
—No lo sé.
—¿Fuiste al taller en 2015 para recuperarlas?
Clara levantó la mirada.
—¿También sabes eso?
—La policía sí.
Adrián dio otro paso.
—Cada vez que creo que he llegado al fondo de una mentira tuya, aparece otra debajo.
—No te conté lo de la caja porque no pensé que siguiera existiendo.
—No. No me lo contaste porque durante once años decidiste exactamente qué versión de ti podía conocer.
—Tú también has mentido.
—Sí.
La respuesta la silenció.
—Mentí sobre Gabriel. Y estuvo mal. Pero no comparo tres días con once años.
Clara apretó los labios.
—No sabes lo que fue vivir con eso.
—No. Porque te aseguraste de que no pudiera saberlo.
Adrián salió del despacho.
A medio camino del pasillo, Clara habló.
—Yo no fabriqué el audio.
Él se detuvo.
No se volvió.
—No te he preguntado eso.
—Pero lo estás pensando.
Adrián cerró los ojos.
—Ahora mismo estoy pensando demasiadas cosas.
Siguió andando.
Detrás de él, Clara metió la mano en el bolsillo del pantalón.
Tocó un teléfono pequeño y apagado que llevaba allí desde la mañana.
No lo sacó.