"SEGUNDAS OPORTUNIDADES" Epílogo
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Epílogo

(Seis meses después)

—No puedo creer que finalmente vamos a ver esto completamente terminado —dijo Alejandro, sosteniendo firmemente mi mano mientras entrábamos juntos al pequeño cine independiente donde se proyectaría, por primera vez ante público, mi documental completo.

—No puedo creer que finalmente terminaste tu libro sobre nosotros dos —respondí, apretando su mano con cariño—. Aunque técnicamente le cambiaste los nombres a todos los personajes principales.

—Apenas los cambié, para ser sincero. Cualquiera que nos conozca un poco nos va a reconocer en cuestión de cinco segundos de lectura.

Nos reímos juntos, ese tipo específico de risa fácil y completamente cómplice que habíamos logrado reconstruir, lentamente pero con firmeza, a lo largo de meses enteros de conversaciones genuinamente honestas y decisiones importantes tomadas siempre en conjunto en vez de sacrificios silenciosos y unilaterales.

Vivíamos juntos en un departamento pequeño pero acogedor, a quince minutos caminando de mi estudio de producción, con su escritorio siempre lleno de notas manuscritas justo al lado de mi mesa de edición repleta de discos duros externos.

No era, ni de lejos, una relación perfecta — todavía discutíamos ocasionalmente por pequeñeces, todavía existían semanas complicadas cuando ambos trabajábamos demasiadas horas seguidas, todavía teníamos que recordarnos activamente, algunas veces, la importancia de hablar en vez de simplemente callar por comodidad.

Pero era genuinamente real, y era completamente nuestro, construido esta segunda vez con los ojos bien abiertos desde el principio.

Camila y Sebastián nos esperaban ya adentro del cine, guardándonos cuidadosamente dos asientos en la fila central.

Nicolás llegó poco después, acompañado de alguien nuevo que nos presentó con una sonrisa nerviosa y esperanzada — una productora de sonido que había conocido en un proyecto reciente, y con quien, según nos confesó en privado, por primera vez en años sentía que valía la pena arriesgarse a algo más que compañía cómoda.

—Dos años completos de casados el próximo mes —anunció Camila, abrazándome con entusiasmo genuino—.

Y todo esto —hizo un gesto amplio hacia Alejandro y hacia mí— pasó exactamente porque insistí, contra todo pronóstico razonable, en invitarlos a los dos a mi boda a pesar de que sobre el papel parecía una idea absolutamente terrible.

—La mejor idea terrible que alguien ha tenido nunca en la historia —dijo Alejandro, sentándose a mi lado y tomando mi mano de nuevo justo mientras las luces del cine empezaban lentamente a apagarse.

Miré fijamente la pantalla en blanco, esperando pacientemente a que comenzara mi documental, y pensé, con una nitidez emocional muy particular, en aquella biblioteca de hace tantos años, en las carpetas cayendo estrepitosamente al piso, en la certeza absurda y hermosa de una noche cualquiera de tres de la madrugada.

Quiero volver a verla mañana. Y pasado mañana. Y todos los días después de eso, durante todo el tiempo que sea posible.

Esta vez, por fin, después de todo el camino recorrido, ambos habíamos elegido conscientemente que esa certeza fuera verdad.

*FIN*