"SEGUNDAS OPORTUNIDADES" Capítulo 1 — La llegada
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"SEGUNDAS OPORTUNIDADES"

"SEGUNDAS OPORTUNIDADES"

Por ALEJANDRO TRIGUEROS GUERRA

© inepub.com

Capítulo 1 — La llegada

(Presente — Juliana)

El vuelo llegó con veinte minutos de retraso, lo cual, en el esquema general de las cosas que podían salir mal ese fin de semana, apenas registraba como un inconveniente menor.

Pasé la mayor parte del trayecto revisando, por tercera vez, la carpeta compartida con las tomas finales del proyecto que había dejado a medio terminar en la oficina — un vicio profesional que ni las vacaciones ni las bodas de mejores amigas lograban curar del todo.

Cerré la laptop solo cuando la aeromoza me lo pidió con esa amabilidad firme reservada para los pasajeros que claramente necesitan que alguien más les diga cuándo parar.

El pueblo donde se casaba Camila era el tipo de lugar que parecía sacado de una postal diseñada específicamente para bodas: calles empedradas, una plaza central con una fuente que probablemente llevaba ahí desde antes de que existiera el concepto de fotografía, y ese tipo de luz dorada de finales de tarde que cualquier persona en mi profesión reconocería de inmediato como "hora mágica".

Saqué el teléfono por reflejo y tomé una foto sin pensarlo, encuadrando automáticamente la fuente contra el cielo que empezaba a teñirse de naranja.

—Ya empezaste a trabajar y ni siquiera has llegado al hotel —dijo Nicolás, sentado a mi lado en el taxi compartido desde el aeropuerto, mirando la foto por encima de mi hombro.

—Es un reflejo. No puedo evitarlo.

—Es un problema, eso es lo que es. Vinimos a una boda, Juliana, no a hacer un documental sobre pueblos pintorescos.

—¿Y quién dice que no puedo hacer ambas cosas?

Nicolás se rió, ese tipo de risa fácil que había hecho que trabajar con él en los últimos dos años fuera tan sencillo — nada complicado, nada que exigiera pensar demasiado, solo la compañía cómoda de alguien que entendía mi obsesión con el trabajo sin tomarla como algo personal.

—Camila me va a matar si te ve con la cámara en la ceremonia —dijo.

—Camila me pidió específicamente que llevara la cámara "por si acaso". Sus palabras textuales.

—Camila también te pidió que "por favor, por favor, trates de relajarte este fin de semana", si mal no recuerdo la última llamada que tuvimos los tres.

Tenía razón, por supuesto. Llevaba meses — años, si era honesta conmigo misma — usando el trabajo como una especie de escudo permanente, algo que ocupara todo el espacio disponible en mi cabeza para que no quedara lugar para pensar en nada más. Funcionaba bien, la mayor parte del tiempo.

El hotel donde se hospedaban los invitados era una casona restaurada a las afueras del pueblo, con un jardín trasero que ya estaba siendo preparado para la cena de ensayo de esa noche — mesas largas con manteles blancos, luces cálidas colgando entre los árboles, el tipo de escenario que hacía que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad estética sintiera ganas de sacar la cámara otra vez.

Camila me interceptó en la recepción antes de que pudiera siquiera dejar mi maleta, envolviéndome en un abrazo que olía a la misma loción que usaba desde la universidad.

—Llegaste. Estaba empezando a pensar que ibas a cancelar a último minuto por algún proyecto urgente.

—Nunca cancelaría tu boda por trabajo. Casi nunca.

—Qué reconfortante. —Se separó lo suficiente para mirarme de arriba abajo, con esa expresión evaluadora que solo las mejores amigas se permiten—. Te ves cansada.

—Vengo de editar dieciocho horas seguidas un documental sobre pesca artesanal. Estoy más que cansada, estoy prácticamente fosilizada.

—Bueno, este fin de semana es para descansar. Y para divertirte. Y para nada de trabajo, ¿entendido?

—Entendido —mentí, con la practicada facilidad de quien lleva años prometiendo lo mismo sin cumplirlo del todo.

No tenía forma de saber, en ese momento, que "descansar" iba a ser la última cosa que ese fin de semana me permitiría hacer.