101 noches: El jeque viudo y la niñera virgen (Sangre Real 1) Capítulo 41 #3
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Capítulo 41 #3

¡Joder! Qué declaración. Me da hasta vergüenza, siento que me duelen las mejillas.

—Es todo eso, sí —Omar concuerda—. Pero nuestro padre lo desheredó por ella. ¿Qué mierda de matrimonio es este, sin validez? ¿Que no se puede tener como testigos a un pariente tuyo y a un pariente suyo? —desdeña—. ¡Ni siquiera es un matrimonio temporal! ¡Estaban en haraam todo este tiempo!

Parece que estoy en un tribunal, siendo juzgada por los mayores y adultos de la familia.

—Testigos: Rey Haakon y Raffaello Lamarphe —Omar apunta a la pared—. Hasta donde sé, ninguno es pariente tuyo ni suyo. Así que el matrimonio no es válido.

Ver a la abuela de Khaled asentir a esas palabras me entristece.

Creo que nunca van a quererme.

—¿Has terminado de usarlo? —Zayn apunta al proyector.

—Sí, siéntete libre para defender tu caso —se divierte y va a sentarse junto a su mujer. Y esa mujer no es Faridah.

Tarda un rato en meter un pen drive en el portátil y abrir un vídeo, la carpeta está llena de archivos, tiene muchas fotos, documentos y vídeos.

Cuando empieza el vídeo me llevo un gran susto.

—¡Abuelo! ¡Abuelo! —Youssef grita animado—. ¿Me ves? —Muestra la playa frente a mi casa.

El Emir parece cansado, aun así sonríe y asiente con la cabeza.

—Abuelo, mira. —Muestra mi casa.

—Qué sitio tan bonito —el viejo Rashid dice, se acomoda en la cama con lentitud—. ¿Cuándo vuelves? ¿Echas de menos a tu abuelo?

—Sí, abuelo —Youssef se sienta en la arena—. ¿Vendrás a la boda?

—Si tu viejo abuelo pudiera salir de la cama —el hombre se ríe—. Iría, sí.

—Eso... ¡no demuestra nada! —Omar dice tras terminar el vídeo.

Entonces empieza otro vídeo.

Es de la ceremonia de mi boda con Khaled en Recife. Mi abuela firma el documento a la vista de todos y me observa con mucho cariño.

—Esta es la abuela de Dandara, se llama Dalva Bernardes y vino a Awmaj —Khaled aclara.

—Pero no hay un pariente suyo, matrimonio inválido —el hermano dice en voz alta.

Segundos después en la grabación se ve que el Emir acompañó la boda mediante videollamada y dio su permiso.

—Yo estaba equivocado cuando no permití que te casaras con Dandara —dice despacio—.

Tú escuchaste a tu corazón, hijo, y luchaste por lo que te decía.

Me llevaré a la tierra la culpa y el dolor de no haber escuchado al mío cuando lo necesitaba y haber perdido mi vida entera buscando algo que dejé escapar.

Gracias por hacer lo que yo no fui capaz y enfrentarte a tu padre por tu amor.

Se nota que todos se emocionan al ver un vídeo inédito del padre, abuelo, tío... el Emir era muchas cosas para estas personas.

—No hay documento. No firma nada. ¡Es mentira! —Omar rebate.

—Manda tu contrato de matrimonio para que lo firme —el Emir dice en el vídeo—.

Lo guardaré en un lugar que solo dos personas puedan encontrar.

El primer lugar —piensa un poco y respira profundamente— es donde mi madre guarda el tesoro de todos sus hijos y solo ella sabe dónde es, además de mí.

En caso de que mi madre ya no esté aquí, lo guardaré en la partitura secreta del primer cuarto de Malik, y solo él y yo sabemos dónde es.

La anciana se levanta y sale despacito, acompañada de uno de los nietos.

Omar se queda inquieto, mira a Faridah al otro lado de la sala con un odio que hasta yo, que odio a esta mujer, temo por ella.

Los dos regresan muchos minutos después con un papel enrollado con una cinta, ella lo abre a la vista de todos y hay un sello real estampado debajo.

—Este es el contrato de matrimonio entre Jeque Khaled y la Jequesa Dandara —Malik lee delante de todos—.

No hay fecha de finalización del matrimonio, es tradicional —se lo enseña a Khaled, que reconoce el documento, después a mí, que también lo reconozco, porque lo firmé, después se lo enseña a los mayores—.

Firmado por la abuela de Dandara, Dalva Bernardes, y el Emir Rashid Al Makariam.

—Pasa el papel por las manos de varios de sus hermanos, uno de los últimos en recibirlo es Omar.

Veo en sus ojos el deseo de romper el documento, pero por suerte muchos lo vieron antes que él.

—El matrimonio es oficial, válido y hecho dentro de nuestra tradición —Malik le devuelve el documento a la abuela—. Voy a hacer copias para que todos puedan tener una.

—¿Hay algún documento más que quieras mostrar? —La anciana mira a Omar.

El hombre sale, de golpe, tras un breve silencio.

—Si alguien más cuestiona la autoridad del Emir, morirá por la espada —otro de los hermanos de Khaled dice y es aprobado por unanimidad.

—Querida. —La abuela de Khaled se vuelve hacia mí y me coge las manos—. Pido perdón en nombre de toda la sangre Al Makariam.

—No hace falta... —me corto.

—Sí hace falta, porque no la tratamos como una de los nuestros, cuando en realidad lo era —la mujer insiste—. Y, nieto mío. —Sujeta la mano de Khaled—. Pido perdón en nombre de todos los que te ofendieron y cuestionaron tu legitimidad.

—Está todo bien, jida (abuela) .

Dicho esto, la mujer sonríe y me acaricia el dorso de la mano.

—Bienvenida a la familia, Jequesa Dandara Bernardes Al Makariam.