Capítulo 41
Dandara Bernardes
Legitimidad y Familia
«No digas todo lo que sabes, no hagas todo lo que puedes, no creas todo lo que oyes, no gastes todo lo que tienes.
Porque aquel que dice todo lo que sabe, aquel que hace todo lo que puede, aquel que cree todo lo que oye, aquel que gasta todo lo que tiene...
muchas veces dice lo que no conviene, hace lo que no debería, juzga lo que no ve, gasta lo que no tiene».
—Proverbio árabe.
Di vueltas en la cama durante toda la noche, sin conseguir dormir.
A estas alturas del partido todo tendría que estar saliendo bien: la abuela había venido conmigo a los Emiratos, Jana se estaba recuperando cada día más y Khaled y yo parecíamos haber superado cualquier problema del principio.
¿Pero dónde estaba Vanessa? ¿Quién estaba con ella? ¿Por qué ni siquiera Raffaello conseguía noticias?
Pasé unos tres días así, hacía todo en automático y esperaba una señal de humo, lo que fuera, pero no llegaba.
—¿Tienes fotos de esa amiga tuya? —Ravena me preguntó cuando le expliqué todo el caso.
Por supuesto, cuanta menos gente supiera de lo ocurrido, mejor, pero yo confiaba en ella.
—Sí —busco en el móvil y se las enseño—. Estas son recientes...
Ravena pasó toda la mañana llamando a gobiernos y a miembros de su organización, intentamos reconstruir los pasos de Vanessa, dibujamos varias posibilidades de dónde podía estar, según antiguas denuncias sobre trata de mujeres que el Septentrión tenía, pero no llegamos a ninguna parte.
—Tengo novedades. —Entonces Raffaello llegó y la esperanza se reavivó.
Estar ocupada haciendo algo era mejor que esperar a que el asunto se resolviera.
—¿Esta es tu amiga? —Me la enseña en el tablet .
En la grabación de las cámaras del aeropuerto de Awmaj, veo a Vanessa desembarcar y caminar perdida por el lugar. Las cámaras van cambiando conforme va visitando tiendas, hace una pausa en un restaurante para comer y camina perdida por el sitio, siempre mirando el móvil.
¿Por qué no me mandaste un mensaje, Vanessa?
Me pongo tan irritada porque no me dijera nada... y un segundo después me siento culpable. Yo pinté este lugar como un paraíso, acabé poniendo a mi mejor amiga en peligro.
—Mira esto —Raffaello llama la atención cuando tres hombres se acercan a Vanessa.
Hablan y ella se aparta, parece negarse a acompañarlos.
A la vista de varias personas, los hombres la persiguen y mi amiga intenta escapar. La última grabación de cámara que la capta es la de ella luchando contra dos, le quitan el móvil. Mi amiga deja la maleta atrás y huye.
—¿Dónde está el resto?
—No hay más, no aparece en ninguna otra grabación —Raffaello lamenta—. Pero esto de aquí no pasó desapercibido. —Hace zoom en la pantalla.
Señala con el dedo a un hombre que aparece en todas las grabaciones, parece una especie de vigía, aunque mi amiga recorre lugares distintos del aeropuerto, este misterioso hombre parece estar siguiéndola.
—¿Quién es ese?
—Quizá sea la pieza que faltaba en el rompecabezas —dice satisfecho—. Este es uno de los hijos de Samir Al Bawari.
Pestañeo lentamente hasta ligar el nombre con la persona.
—¿El Emir que quiere casar a Khaled con la tal Kadija? —Se me revuelve el estómago cuando lo confirma.
—Es padre de Faridah, no sé si lo sabes.
¿Cómo olvidarme de eso? Por lo visto el carácter de víbora viene de familia.
—Creo que tenemos el hilo conductor de este laberinto —Ravena celebra.
—Khaled y yo vamos a buscarlo en busca de respuestas. Eso, claro, después de la reunión de hoy.
—¿Reunión? —Estoy tan despistada que ni sé de qué va el asunto.
—Omar ha convocado a toda la familia Al Makariam para presentar «pruebas» de que es el legítimo heredero.
Khaled me contó por encima lo que está pasando, pero no parecía preocupado por la situación. Durante estos días mantuvo la rutina, fue al palacio a trabajar y no hizo alarde de nada.
Cómo no, estuve tan desanimada y preocupada por Vanessa que ahora me doy cuenta de que no quiso sobrecargarme. En cualquier caso, no parecía preocupado por esas supuestas «pruebas».
—¿Alguna posibilidad de que esas pruebas sean reales?
—Lo descubriremos en la reunión —Raffaello se despide—. El vídeo está en este pen drive, si descubro algo más, te aviso.
—Gracias. —Cojo el pequeño objeto y lo guardo en el bolsillo.
Su salida coincide con la llegada de Samira, hermana de Khaled. Nos hemos visto poco desde que volví, pero le estoy eternamente agradecida por cuidar de Youssef en mi ausencia.
—Ya me estaba preguntando cuándo tendríamos un ratito para vernos. —Tiendo los brazos cuando viene.
Samira me abraza con fuerza, tiene una energía positiva, parecida a la de Vanessa.
—Apenas he tenido tiempo para mí. El gobierno se ha convertido en un gran caos, intento mantener la cabeza en su sitio, pero...
—¿Cómo así? —La invito a sentarse.
—Con el fallecimiento de papá, el padre de Mustafá, que era el vicepresidente, asumió el gobierno. Y está obstruyendo todo, ya ha dado señal de que quiere sacar a todas las mujeres del gobierno.
—¿ Qué? —Me masajeo las sienes.
—Perdona, ni siquiera debería hablar de esto, ni preocuparte con esta situación...
—¡No, no es ninguna molestia! —Abro mucho los ojos—. Por cierto, Samira, esta es la Reina Ravena —presento a las dos.
—Nos conocemos —dicen prácticamente a la vez.
—Soy socia de su organización «Salva a la Reina», ¡me parece una iniciativa increíble!
—Gracias —Ravena sonríe y le da la mano a la otra.
—Es una locura imaginar que en pleno siglo XXI las mujeres aún sufran cualquier tipo de violencia... Padre tenía buenas perspectivas con esa organización para los Emiratos. Queremos que este sea un lugar que sirva de ejemplo para otros países árabes.
Ravena y ella intercambian halagos y mi cabeza vuelve a martillearme sobre Vanessa.
—Pareces realmente sorprendida con el cambio que el gobierno quiere implementar —comenta Ravena.
—El padre de mi marido nunca actuó así —dice preocupada—. Mi padre y el suyo se pusieron al frente en lo que respecta a esos cambios significativos como que las mujeres puedan conducir, ocupar cargos altos, tener más concienciación sobre el papel de la mujer en la sociedad.
Asiento en silencio, realmente parece estar afligida.
—De todas las siete ciudades de los Emiratos, Awmaj y Haza Hal eran el ejemplo a seguir, paraísos turísticos, lugar bueno para vivir. Ahora ya no sé...
—Si hace esos cambios, puede afectar al turismo. —Me rasco la nuca.
—¡Es exactamente lo que dije! —dice preocupada—. ¡Nuestra economía en buena parte se sustenta en eso! Pero ¿me escuchó? Claro que no.
—¿Y tu marido? —Me pongo aprensiva.
Mustafá era un buen hombre, esa era la impresión que tenía desde que lo conocí.
—No sabe qué hacer. No quiere ir contra el padre.
Ravena aprieta los labios; en determinado momento nos miramos y en el silencio de nuestro shock nos damos cuenta de lo grave que es esto y de cuánto puede salirse de control.
—Creo que deberías llevar a tu familia al Septentrión —sugiere la Reina.
—No —digo por reflejo, pero no necesito pensarlo—. No voy a abandonar a Khaled.
—Creo que todos vosotros deberíais iros al norte —ella refuerza, abriéndolo incluso a Samira y a quien más quiera ir.
—No conoces a mi hermano. Jamás aceptaría eso...
—Es porque no lo aceptará por lo que me preocupo —Ravena me aprieta la mano—. No deseo que pases por lo que yo pasé, fue aterrador.
Ravena estaba embarazada cuando la loca de Amélia intentó dar un golpe de Estado. La mujer que se decía heredera quería tomar el trono y exterminar todo el linaje real. ¿Para gobernar? No. Para vender cada pedazo del país y destruirlo todo. Ella realmente odiaba al Septentrión.
—Quiero quedarme al lado de mi marido —es mi respuesta final.
Hablando del rey de Roma... Mi móvil vibra con una llamada suya.
—Hola. Samira acaba de hablar de ti... —me masajeo la frente con la mano libre.
—Genial. Pídele que venga al palacio real. Ven con ella.
—¿Está todo bien, Zayn? —Casi se me sale el corazón por la boca.
—No te voy a mentir: no, no está bien. Pero lo estará.
—Vale, ya vamos. Cuídate.
—Te espero, habibit.
—¿Y? —Ravena casi se está arrancando el pelo.
—Pidió que fuéramos al palacio real —miro a Samira.
—Estupendo, voy yo también porque Haakon está allí —la otra dice decidida, es la primera en levantarse.
Necesito ocuparme y hacer algo, si no, voy a convertirme en un manojo de nervios, así que conduzco. Lanzar mis preocupaciones al tráfico es una buena alternativa para ocuparme hasta llegar al palacio del Emir.
No se me pasa por alto que en algunos momentos algunos hombres me miran con cierto disgusto. No sé si es por ser quien soy o porque estoy conduciendo. Antes de salir del coche, Samira se cubre el pelo; Ravena y yo acabamos haciendo lo mismo.
—¿Adónde te crees que vas? —Soy interceptada nada más entrar.
¿Por quién? Faridah.
Claro, tenía que ser ella.
La mujer saca pecho y sonríe con esa actitud casi maternal que solo engaña a quien no sabe quién es esta cobra.
—Hoy no, Faridah. No tengo tiempo para ti —sigo mi camino.
—Es una reunión de familia. Solo la familia. —Me sigue hasta ponerse delante de mí e impedirme seguir.
—Faridah. —Tengo muchas ganas de cogerla del brazo, pero sé que cuando lo haga no me voy a aguantar y le voy a meter un guantazo bien dado en esta cara linda—. Ya te he dicho que no tengo tiempo para ti.
Entonces empieza a montar un escándalo, habla en árabe, señala en todas direcciones, se vuelve un infierno todo este griterío y la atención que atrae de los seguratas.
—Ya que tanto quieres mi tiempo. —La sujeto del brazo igual que la vi hacer con Youssef.
No solo deja de hablar, sino que abre mucho los ojos y contiene la respiración.
—Estoy segura de que tú tampoco serás considerada familia cuando Zayn descubra lo que le hacías a su hijo —hablo en inglés, no necesito decirlo en árabe, aunque ensayé bien este discurso en los momentos de ocio—.
Yo lo vi, Faridah, todo lo que hiciste. ¿Y durante la salá?
¿Qué pensaría el Profeta de eso? —Levanto las cejas.
Ahora no parece feliz con toda la atención que ha atraído sobre las dos.