Yo esa noche 22 DE OCTUBRE
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22 DE OCTUBRE

Intercambio de mensajes con Miguel Cattaneo

NC: —Buenas noches, Miguel.

MC: —Hola, Nicolás, buenas noches.

NC: —¿Cómo estás?

MC: —Bien, por cenar una sopa y mirar el partido.

NC: —Ah… ¿quién juega?

MC: —¿Para qué preguntás si no te gusta el fútbol?

NC: —Inercia periodística.

MC: —Te pedí demasiadas veces que tus actitudes de periodista las evites cuando estés o hables conmigo.

NC: —Lo sé. Disculpá si te molesté.

MC: —¿Qué necesitás?

NC: —Saber de vos. ¿Cómo estás?

MC: —Te lo acabo de responder.

NC: —Me refiero a fuera de este instante. ¿Cómo viene tu año?

MC: —¿En serio? ¡Estamos a setenta días de que termine! Prácticamente no me dirigiste la palabra en estos meses.

NC: —Porque nuestro primero de enero estuvo lejos de ser memorable; sabés bien qué dijiste y cómo me trataste.

MC: —Nicolás, por el amor de Dios, evitá ponerte en víctima. Solo fui sincero, y no lo toleraste.

NC: —Seguís confundido. Es distinto dar tu opinión de modo agresivo que tener razón.

MC: —Acá la confusión es tuya. Una observación de la realidad, de un hecho empírico, tangible, no se convierte en agresiva porque te moleste.

NC: —Ok. Listo.

MC: —Sí, listo.

NC: —Mi intención al escribirte era otra. De verdad, quería saber cómo estás, qué es de tu vida.

MC: —Bien, bien, bien. Ando diez puntos.

NC: —¿La salud? ¿Bajaste el colesterol?

MC: —Estoy en eso. Va encaminado.

NC: —¿Y el laburo?

MC: —El estudio continúa en franco ascenso.

Con sus complicaciones, obvio… Los avances tecnológicos nos quitan varias tareas; a la vez que me permiten contratar menos personal, así que compensa un poco.

Lo importante es el know how . Si ofrecés un servicio especializado con análisis crítico, ninguna máquina podrá reemplazarte.

¿Entendés? Grabátelo en la cabeza: deberás hacer tu laburo mejor que las computadoras.

NC: —Es como decís. Gran parte de los artículos periodísticos hoy se escriben con inteligencia artificial. Donde antes había un junior de redacción, ahora encontrás una IA.

MC: —Y contame, ¿qué caso resonante te mantiene tan ocupado?

Espero sea un pez gordo que te dé la visibilidad de principios de año, cuando cubriste la aparición de la nena.

NC: —De hecho…

MC: —¡Oh! ¿Seguís con eso?

Nicolás, esa vaca se quedó sin leche.

NC: —Quedaron puntos de vista de los testigos por contar. Estoy armando una nota aniversario.

MC: —Pibe, lamento decírtelo así: a nadie le importa. La nena apareció, está con su papá, está con su MAMÁ. Eso es lo relevante. El resto son, con suerte, personajes secundarios o terciarios. Nadie gastaría cinco minutos de su vida en leer sobre ellos.

NC: —Estás equivocado. Subestimás mi proyecto. Hay un secreto sobre el secuestrador que todavía no fue revelado.

MC: —¿Ah sí? ¿Cuál? Te leo.

NC: —No puedo decírtelo.

MC: —No podés, porque no existe.

NC: —Sí, sí existe. La última persona que tuvo contacto con el secuestrador, me confirmó que retiene un dato impactante; uno que pondrá de nuevo el caso de Violeta en las primeras planas de los diarios.

MC: —O sea, ¿ni siquiera tenés la información?

NC: —Yo no dije eso.

MC: —Sí, Nicolás. Releé tu mensaje. Pusiste: “Me confirmó que retiene un dato”. Se cae de maduro que te falta conseguirlo.

NC: —Dame unos días y verás que tengo razón.

MC: —¿Por qué postergar la entrevista de mayor relevancia? ¿Será que es un invento de tu imaginación?

Hijo, dejá las fantasías de lado y elegí laburos que te den de comer.

NC: —¡La testigo existe y la información es real! ¡¿Ok?!

Solo me falta conseguir lo que quiere a cambio.

MC: —Ah… Es una cuestión de guita…

NC: —Casi. Me pidió una heladera nueva. ¡Está loca! Jamás pasé una situación así.

MC: —Claro, claro…

Decime: ¿Juntaste el dinero para comprársela?

NC: —Miguel, sabés que no me sobra la guita como para regalarle una heladera a nadie.

MC: —¿Y el medio periodístico donde solés publicar?

NC: —Se niegan a poner un peso.

MC: —Ajá…

Hasta acá llegamos, Nicolás.

NC: —¿Eh?

MC: —Me voy a ver el partido.

NC: —¡Esperá, Miguel! ¿Qué pasó?

MC: —¿Qué pasó? ¿De verdad? ¿Te pensás que nací ayer?

Aunque admito que pequé de ingenuo; por un instante, pensé que, con el día de la madre a flor de piel, buscabas compartir el dolor o pretendías honrar su memoria. Pero me equivoqué. Me contactaste con un interés solapado, como siempre.

Soy un banco para vos, no un padre.

NC: —Miguel, pisá el freno, por favor. Estás mirando una película que nadie filmó.

MC: —Pongo el celular en modo avión.

Buenas noches.