Yo esa noche 15 DE SEPTIEMBRE
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15 DE SEPTIEMBRE

Intercambio de mensajes con Jésica Scarpin

JS: —¡Nico! Buenas tardes. ¿Cómo estás?

NC: —Hola, Jesi. Todo bien. Estoy escribiendo, apurado. Me falta el cierre de una nota que debo entregar en las próximas dos horas.

JS: —Uh… ¿Temática sensible?

NC: —Más o menos. Sensible para quienes menciono. El resto del mundo seguirá girando.

JS: —¿Está relacionado con el tipo que vendía medicamentos vencidos? Porque es tendencia en los noticieros.

NC: —Cuando esté subida a la página, te aviso; así te sacás las dudas. De paso, le das pulgar arriba y la compartís.

JS: —Dale, obvio. ¿Con el “documental” de Violeta avanzaste? ¿Te encontraste con otros testigos?

NC: —Estuve corto de tiempo para entrevistas. Necesitaba abordar noticias que generasen ingresos. Comer del aire se complica. Ni te cuento pagar el alquiler. ¿Por?

JS: —Surgió una oportunidad interesante, vinculada con lo que me pediste.

NC: —¿Conseguiste información sobre Simunovic?

JS: —Así es. Estimo que te será de utilidad.

NC: —Contame, dale.

JS: —Por acá, no. En persona. Además me dijiste que estás apurado y el reloj corre.

NC: —¿Conclusión?

JS: —Pasame a buscar a eso de las 20 por la panadería donde trabajo.

NC: —Eh… puedo acercarme a la panadería, aunque no me muevo en auto. Soy un simple peatón.

JS: —Okey, comamos una pizza por acá.

NC: —Sospecho que invitaré yo.

JS: —¡Cuánta sagacidad! Digna de un periodista. Y sí, vas a invitarme pero pagarás contento, creéme.

NC: —Me apuro, entonces. Que para gastar, primero, hay que cobrar.

JS: —Jajaja. Me parece bien. Te paso la ubicación y te dejo tranquilo.

NC: —Gracias. Nos vemos en un rato.

Cena con Jésica Scarpin

Transcripción de audio. Parte 1

JS: —Debatíamos con mi amiga si me ibas a plantar.

NC: —Se me hizo tarde. Disculpá.

JS: —¿Complicaciones con la nota?

NC: —Podría decirse. No me sentía conforme con el artículo y lo corregí unas cuantas veces; tal vez, en exceso. El editor quería matarme, aunque preferí demorarme hoy a decepcionarme mañana, cuando lo lea publicado.

¿Tu amiga te hizo compañía hasta recién? ¿O tenían laburo pendiente?

JS: —En las panaderías, siempre hay pendientes. Creo que nunca trabajé tanto como ahora. Llego de madrugada, salgo de noche, casi no existen los francos…

NC: —Avisá si necesitás el rescate de la división antisecuestros.

JS: —¡Qué chistoso!

NC: —¿Dónde queda la pizzería?

JS: —Acá a unas cuadras. Apuremos el paso que está fresco.

Transcripción de audio. Parte 2

NC: —Mientras nos traen la fugazzetta rellena por la que insististe, pregunto: ¿Cuáles son las novedades?

JS: —Ah, listo. Sacaste el cuadernito, la birome y directo al hueso.

NC: —Y… Necesito conseguir la información antes de pagar.

JS: —¿Si no vamos a medias?

NC: —O pagás vos. Eso sería lo justo.

JS: —Claro, claro, por hacerle perder el tiempo al famoso periodista Nicolás Cattaneo.

NC: —Me alegra que coincidamos. Te escucho…

Apuntes de la entrevista. Desarrollo

Son cerca de las nueve de la noche. La pizzería es cálida y simpática gracias a los manteles a cuadros blancos y rojos, más el calor que llega del horno de barro. La luz es tenue, pero suficiente para distinguir los pómulos rosados de Jésica. ¿Estará acalorada o será maquillaje?

Cuando la conocí, transmitía una energía viril. Su postura y sus modos eran masculinos. Supongo que dejar la policía la suavizó.

Transcripción de audio. Parte 3

JS: —Ok. Directo al grano.

NC: —¿Qué averiguaste de su muerte?

JS: —Arranqué por la trágica decisión que tomó el seis de mayo, y luego, indagué en su historia de vida porque vos me contaste que pretendías darle cierto contexto a los testigos del rescate. ¿Cierto?

NC: —Sí, correcto. Y de paso, retomaste por un rato tus días de inspectora.

JS: —Esa parte me gustaba. La de investigar, buscar pistas, atar cabos…

NC: —¿Y qué encontraste de Alexis Simunovic?

JS: —Partiendo de lo básico, era joven. Veintiocho años. Oriundo de Río Grande, Tierra del Fuego. Se vino a los diecinueve a estudiar y, también, por su salud.

NC: —¿De qué sufría?

JS: —De chico le diagnosticaron una patología cardíaca, de esas que se complican con el paso de los años.

A medida que iba creciendo, necesitaba más y mejor atención médica; ante ese panorama los padres lo mandaron para acá.

La carrera en la UBA fue una excusa para que se distrajera en el mientras tanto.

NC: —¿Sus padres se mudaron con él?

JS: —No. Se quedaron allá trabajando. Son una familia de clase media baja, aunque la casa les pertenece. Según la madre, era menos complicado juntar dinero para el alquiler y la medicación de su hijo si no lo acompañaban. Por otra parte, percibí un arraigue profundo a su tierra.

NC: —¿Hablaste con ella?

JS: —Sí, su teléfono estaba en el expediente. Ni llegué a decirle la razón por la que llamaba; en cuanto mencioné a su hijo, se largó a contar. Como si necesitara desahogarse.

Enfatizó varias veces que Alexis era un buen chico y que, a pesar de que el último tiempo lo notaban diferente, no debió terminar así. Incluso, se sentía culpable. Insistía en que él se quitó la vida para que dejaran de gastar dinero en su salud.

NC: —¿Lo notaban diferente?

JS: —Le pregunté. Me dijo que perdía la paciencia enseguida, que se enojaba por cualquier cosa, que les escribía poco y nada y que ni los dos o tres amigos que tenía acá se lo bancaban. Según ella, se relacionaba con el problema de salud.

NC: —Debe ser difícil sonreírle a la gente mientras una enfermedad te consume día a día.

JS: —Sí. Aunque no se refería a lo emocional, sino a lo mental.

El corazón funcionaba mal al punto de afectar funciones cognitivas.

O sea, le fallaba la memoria, le costaba concentrarse y sufría de migrañas constantes.

Continuó empeorando y debió dejar la universidad, lo cual —según su mamá— lo deprimió.

Solo trabajaba y, en los últimos dos años, cambió de empleo unas siete veces.

De hecho, el día de la aparición de Violeta, lo habían echado de un concesionario de autos en donde vendía planes de ahorro por teléfono.

NC: —¡Qué vida!

JS: —Sí. Te hace pensar…

NC: —En valorar la salud. ¿Verdad?

JS: —Eso de movida. ¿Creés en el destino?

NC: —Te aviso que la filosofía nunca me atrajo. Confunde más de lo que ayuda.

JS: —Yo era como vos. Ahora, no sé.

NC: —¿Te golpeó la historia de Simunovic?

JS: —No es su historia. Es nuestra historia. ¿No te das cuenta?

NC: —Estoy perdido, y mi vaso sigue lleno. Si manejaremos esta complejidad, cambiemos la cerveza por agua.

JS: —Sos vos quien está armando una nota en torno a cómo afectó el rescate de Violeta a los testigos de aquella noche.

NC: —¿Sugerís que la aparición de la nena y la posterior muerte del joven fueguino están vinculadas?

JS: —Más bien al revés. La historia de él, desde chico, lo llevó a estar presente esa noche. ¿Quién sabe qué hubiera sucedido si no tomaba ese colectivo?

NC: —Entiendo.

JS: —¿En serio? ¿O me estás delirando?

NC: —Comprendo tu lógica, es válida. Si Alexis Simunovic hubiese nacido sano, ¿hubiera viajado a Buenos Aires? ¿Hubiera trabajado en los mismos lugares? ¿Lo hubieran echado aquella noche?

JS: —Claro, en resumen: ¿Hubiera estado a esa hora, en ese lugar?

NC: —Y así llegaste a preguntarte si existe el destino.

JS: —Me resulta imposible no hacerlo. Mi vida cambió desde el accidente. Sin dudas, soy otra persona. No te diré que soy feliz, pero veo colores donde antes reinaban los grises.

NC: —¡Qué poética! Me lo robo para la nota.

JS: —Que te burles no le resta verdad, y estoy segura de que, de uno u otro modo, a vos también te debió afectar la historia de Violeta. ¿O pensás negarlo?

NC: —Sí, a mi carrera… digamos que ayudó.

Apuntes de la entrevista. Desarrollo

La transformación de la exsubcomisaria es desconcertante.

Primero, su apariencia; luego, su estructura.

Aquella noche, la del accidente, hubiese jurado que se trataba de una mujer que se circunscribía a los hechos y que se guiaba por lo tangible.

Sin embargo, esta versión, la que existe meses después, plantea un debate filosófico en torno a la aparición de Violeta.

¿Destino o causalidad?

A desarrollar.

Transcripción de audio. Final

JS: —¿Y? ¿Qué te pareció?

NC: —¿La pizza o la información?

JS: —Me refería a la fugazzetta. No dejaste ni las migas en el plato.

NC: —En mi defensa, estuve corto de tiempo hoy y me salteé el almuerzo. Admito que estuvo riquísima. Valió la pena el viaje.

JS: —¡Viste! ¡Además te conseguí info de primera mano para tu nota!

NC: —Sí. Así dan ganas de pagar la cuenta.

JS: —Excelente. Visto que cumplirás con invitarme y que la charla durante la cena fue agradable, procedo a comentarte que todavía falta el postre.

NC: —Te agradezco, pero estoy bien así. De verdad, comí mucho.

JS: —¿No captás la indirecta? Me refiero a la frutilla de la torta.

NC: —¡Ah! ¡Es en doble sentido! Es que… yo… o sea…

JS: —Jajaja. Cálmese, señor Cattaneo. Se puso rojo sin causa ni fundamento. Es un plus de información, nada más.

NC: —Tal y como lo imaginé.

JS: —Sí, sí, claro. Finjamos que te creo.

NC: —Jajaja, gracias. ¿De qué se trata “el plus”?

JS: —Porfa, no dibujes las comillas en el aire. Me irrita la gente que lo hace.

NC: —Ok. Como “prefieras”.

JS: —Jajaja. Veo que sí tenés sentido del humor.

NC: —Es culpa de la cerveza. Dale, contame.

JS: —Te traje esto. Tomá, agarralo.

NC: —Una hoja doblada. Guaaau. Debe ser información clasificada de los servicios de inteligencia.

JS: —Estás pavo, ¿eh? Cero alcohol para vos en la próxima salida.

NC: —¿Próxima?

JS: —Cortá con las vueltas y leé.

NC: —Dice: Alexis Simunovic, 28 años, papapa, Tierra del Fuego, papapa, el teléfono de la madre…

JS: —Andá directo al final.

NC: —Causa de muerte: suicidio en la estación Miserere de la línea A de subterráneos. Imágenes de video de vigilancia disponibles…

JS: —¿Te quedaste mudo por la sorpresa? El nombre que leés ahí, Victorino Silva, es el del encargado de seguridad de la empresa concesionaria del servicio. Trabajé con él en distintos casos, me ayudaba a buscar sospechosos con las cámaras del subte. Anoté el teléfono de su oficina.

NC: —¿Conseguiste la filmación de su muerte?

JS: —Sí. O sea, es el dato de quien tiene la grabación. Pensé que te entusiasmaría. Tus colegas se la pasan publicando noticias morbosas.

NC: —¿Parezco esa clase de profesional? Estás hablando con Nicolás Cattaneo, reconocido periodista de investigación. No me dedico al oportunismo amarillista.

JS: —¡Ey! Tampoco exageres. No es obligatorio que lo veas ni que lo publiques. Es información y punto. ¿Te interesaba saber qué fue de los testigos del rescate de Violeta? Bueno, esto es parte.

NC: —Mmm… Okey.

JS: —Ahora, cambiá la cara y dame las gracias. Que veníamos bien y me quiero ir a dormir de buen humor.

NC: —Gracias, Jesi. Por tu tiempo y por ayudarme.

JS: —Así me gusta. De nada, Nico.

Nota de voz de cierre. Transcripción

Esperar el colectivo es un fastidio. Por suerte, fue una noche productiva.

¿Podría decir que aparte de trabajar me divertí?

Sí, creo que sí. Jésica es simpática, y sus contactos son de gran utilidad.

Es un ganar-ganar. No obstante, que consiguiera la filmación de Simunovic me incomoda.

La pregunta es ¿por qué? Si bien admito que en época de vacas flacas hubiera corrido a buscar la grabación, hoy no soy ese.

Hoy, por suerte, tengo una reputación que cuidar.