Whiskey (MC Bayou Kings nº 4) Capítulo Cinco
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Capítulo Cinco

Harmony

De vuelta en la cabaña, enciendo el portátil y empiezo a buscar ofertas de trabajo en Kingstown. Después paso a investigar qué necesitaría para abrir mi propio despacho.

Las horas pasan volando mientras hago listas, investigo locales y compruebo los requisitos de licencia. Estoy tan absorta que no me doy cuenta de que Whiskey ha vuelto hasta que lo veo entrar por la puerta.

—¿Qué te tiene tan concentrada? —pregunta mientras deja el casco en la encimera.

Levanto la vista y me deleito contemplándolo. Tiene el pelo húmedo de la ducha, la camiseta pegada al cuerpo, marcando cada músculo. Incluso después de una semana juntos, verlo así todavía me hace la boca agua.

—Solo estoy mirando ofertas de trabajo —respondo, y cierro el portátil—. No puedo esconderme aquí para siempre.

—Podrías —dice mientras se deja caer en el sofá a mi lado—. Me gusta tenerte aquí.

—Me gusta estar aquí —admito mientras dejo el portátil en la mesita—. Pero necesito volver a encauzar mi vida.

Asiente, con la mirada comprensiva.

—Te eché de menos anoche.

Me acerco más a él.

—Yo también. Ya no me gusta dormir sola.

Whiskey posa la mano en mi muslo y me acaricia con el pulgar, trazando pequeños círculos en mi piel.

—¿Sí?

—Sí —susurro mientras acorto la distancia entre nosotros.

Me monto a horcajadas en su regazo y el vestido se me sube por los muslos. Sus manos van directas a mi trasero y lo aprietan con gesto posesivo a través de la fina tela.

—¿Cuánto me echaste de menos? —gruñe con los ojos oscurecidos de deseo.

Una sonrisa traviesa se dibuja en mis labios mientras me inclino hacia él, con la boca a un suspiro de la suya.

—Te lo voy a demostrar —ronroneo.

Me deslizo de su regazo y me arrodillo en el suelo entre sus piernas abiertas. Se le entrecorta la respiración cuando le llevo las manos al cinturón y se lo desabrocho con dedos ágiles. Le abro los vaqueros y bajo la cremallera con cuidado sobre su polla, que ya empieza a endurecerse.

—Joder —jadea mientras lo libero de los bóxers. Su miembro grueso salta hacia arriba, ansioso por mis caricias.

Lo rodeo con la mano, maravillándome de lo duro que está ya, de lo caliente que lo noto contra la palma. Me inclino y le paso la lengua alrededor de la punta, saboreando la gota salada de líquido preseminal.

—Dios, Harmony —gime mientras me enreda una mano en el pelo.

Me lo meto hasta el fondo, con las mejillas hundidas mientras chupo y la lengua pegada a la parte inferior. Es demasiado grande para metérmelo entero, así que lo que no me cabe lo trabajo con la mano, girando al ritmo de mi boca.

—Eso es, nena —me anima con la voz ronca de deseo—. Chúpamela como una buena chica.

Sus palabras me provocan un escalofrío y noto cómo se me humedecen las bragas mientras sigo chupando con creciente entusiasmo. Levanto la vista y busco su mirada mientras me lo meto tan hondo como puedo, encantada de ver cómo se le oscurecen los ojos al mirarme.

—Voy a correrme —me advierte mientras me aprieta el pelo con los dedos—. ¿Me lo vas a tragar, fierecilla?

Gimo con él en la boca a modo de respuesta, y la vibración le arranca una maldición. Sus caderas se sacuden levemente y entonces se corre, con chorros calientes que me bajan por la garganta mientras me lo trago todo.

Cuando termina, lo limpio con la lengua antes de sentarme sobre los talones con una sonrisa satisfecha. Él se recoloca, se pone de pie y me levanta con él.

—Al dormitorio. Ahora —ordena con un tono que no admite discusión.

Me levanta sin esfuerzo y me lleva por el pasillo como si no pesara nada. Una vez en su dormitorio, me deja en el suelo y me quita el vestido por la cabeza, dejándome solo con las bragas azul pálido.

—Estas también —dice mientras engancha los dedos en la cinturilla y me las baja.

Me las quito de una patadita, ahora completamente desnuda mientras él sigue vestido. El desequilibrio de poder me hace estremecerme de anticipación.

Whiskey se sienta en el borde de la cama con la mirada oscura y depredadora.

—Ven aquí.

Me coloco entre sus muslos abiertos con el corazón acelerado. Sin previo aviso, me agarra de la muñeca y me tumba sobre su regazo boca abajo.

Chillo de sorpresa, con el trasero de repente en pompa.

—Silencio —me reprende mientras me frota el trasero expuesto con su gran palma, trazando círculos.

El dominio en su voz hace que se me contraiga todo por dentro de pura necesidad. Nunca he experimentado algo así: la vulnerabilidad, la entrega, la emoción de ponerme completamente en sus manos.

—He estado todo el día pensando en azotarte este culo perfecto —murmura mientras sus dedos bajan a explorar la humedad entre mis muslos—. Ya estás empapada, nena. A ti también te pone esto, ¿verdad?

—Sí —susurro, arqueándome hacia su mano.

Me mete un dedo y me arranca un gemido.

—Estás chorreando, Harmony. Qué guarrilla, poniéndote así solo de pensar que te voy a azotar.

Saca el dedo y gimo por el vacío que deja. Entonces, ¡CRACK!, su palma me aterriza con fuerza en el trasero y el escozor agudo me hace jadear.

—¡Oh! —El sonido se me escapa antes de poder contenerlo, una mezcla de sorpresa y excitación.

—¿Te gusta? —Me pasa la mano por donde acaba de azotarme, calmando el escozor.

—Sí —jadeo—. Más. ¿Por favor?

¡CRACK!

Otra palmada, más fuerte esta vez, en la otra nalga. El coño me palpita en respuesta y se me pone aún más mojado, si es que eso es posible.

—¿Por favor qué? —pregunta con voz cargada de autoridad.

—Por favor, señor —las palabras me salen solas, y suenan bien.

Un gruñido grave de aprobación le retumba en el pecho.

—Buena chica.

Su mano baja una y otra vez, y cada azote me recorre el cuerpo en oleadas de placer y dolor. Me retuerzo en su regazo, desesperada por sentir fricción en el clítoris palpitante, gimiendo sin pudor.

—Qué bonito —murmura, deteniéndose a admirar el enrojecimiento que ha dejado en mi piel—. Tu trasero queda precioso, todo rosado por mi mano.

Sin previo aviso, me mete dos dedos hasta el fondo, arrancándome un grito.

—Empapada —me elogia mientras su pulgar busca mi clítoris—. Eres una chica muy buena, ¿verdad, fierecilla?

—Sí —jadeo, echándome hacia atrás contra su mano—. ¡Oh, Dios, sí!

Mueve los dedos entrando y saliendo mientras traza círculos firmes sobre mi clítoris. La doble sensación, combinada con el escozor persistente de los azotes, me lleva rápidamente al límite.

—Córrete para mí —ordena, curvando los dedos para alcanzar ese punto perfecto dentro de mí.

El orgasmo me golpea como una ola gigante. Grito su nombre mientras mi cuerpo se convulsiona y el placer se expande desde mi centro. Antes de que pueda siquiera recuperar el aliento, me está moviendo, colocándome a cuatro patas sobre la cama.

Oigo el roce de la ropa mientras se desnuda, luego la cama se hunde detrás de mí. Su polla presiona contra mi entrada y entonces me penetra de una sola embestida brutal.

—¡Ah! —grito, abrumada por la sensación de plenitud tras el intenso orgasmo.

—Tan apretada —gruñe, con las manos aferrándose a mis caderas con fuerza suficiente para dejar moretones—. Tan perfecta.

Marca un ritmo brutal; cada embestida me empuja más arriba en la cama hasta que tengo que apoyarme contra el cabecero. El sonido de piel contra piel llena la habitación, mezclándose con nuestros gemidos y jadeos.

—Tócate —ordena, y de inmediato deslizo una mano entre mis piernas para acariciar mi sensible botón.

La estimulación adicional hace crecer rápidamente otro orgasmo; la tensión se enrosca en mi vientre.

—Jake, voy a correrme otra vez —advierto con voz aguda y entrecortada.

—Yo también —gruñe mientras su ritmo vacila—. Córrete conmigo, nena. Déjame sentir cómo ese coño apretado me estruja la polla.

Sus palabras me hacen estallar, y me deshago a su alrededor, gritando mientras el placer me recorre en oleadas. Él me sigue un momento después; su polla palpita dentro de mí mientras me llena con su descarga.

Los brazos me fallan y me desplomo sobre la cama. ¿Llegará a cansarme esto algún día? Dios, espero que no.

Jake se desploma a mi lado y me atrae hacia sus brazos mientras ambos recuperamos el aliento. Me siento como si no tuviera huesos, completamente satisfecha de una forma que nunca imaginé posible.

—¿Estás bien? —pregunta, dándome un beso en la frente.

—Más que bien —suspiro satisfecha, acurrucándome contra su pecho.

—No te he hecho daño, ¿verdad? —Sus dedos recorren suavemente la curva de mi trasero, que todavía hormiguea de forma agradable.

—No. Me gustó. Mucho. —Me sonrojo al admitirlo.

—Ya me di cuenta —se ríe mientras desliza la mano entre mis muslos para recoger mi humedad.

Escondo la cara contra su pecho.

—No sabía que me iba a gustar... eso.

—No tienes de qué avergonzarte, fierecilla. Me encanta que confíes en mí para cuidarte, para darte lo que necesitas. Y me gusta saber qué te excita. —Su voz se vuelve seria—. Pero si alguna vez hago algo que no te guste, me lo dices de inmediato. ¿Entendido?

Asiento, conmovida por su preocupación.

—Lo haré.

Permanecemos abrazados en un silencio cómodo durante un rato, mientras sus dedos trazan dibujos perezosos en mi espalda.

—Hoy vi a Timber y a Maddie —digo al fin, recordando mi ansiedad de antes—. En Bayou Brew.

Su cuerpo se tensa ligeramente bajo el mío.

—¿Saliste sola?

—Necesitaba salir de la cabaña un rato —explico, preparándome para una discusión—. Tuve cuidado, te lo prometo.

Para mi sorpresa, suspira pero no me sermonea.

—Supongo que no puedo tenerte encerrada. Solo... ten cuidado, ¿vale? No vayas a ningún sitio aislado. Quédate donde haya gente.

—Lo haré. —Vacilo, luego decido compartir mi preocupación—. Creí ver a Xavier fuera de la cafetería. Pero cuando volví a mirar, había desaparecido.

Los brazos de Whiskey se tensan a mi alrededor.

—¿Estás segura de que era él?

—No —admito—. Podría haber sido mi imaginación. Últimamente estoy muy nerviosa.

—Deberíamos decírselo a Smoke —dice, poniendo en palabras lo que he estado evitando—. El club puede ayudar a vigilar.

—Lo sé. —Trazo el contorno de un tatuaje en su pecho—. Solo me da miedo cómo reaccionará.

—¿Por lo de tu ex o por lo nuestro?

—Por las dos cosas —me río sin ganas—. Va a perder la cabeza.

—Probablemente —coincide Whiskey, dándome un beso en la coronilla—. Pero no pienso dejarte escapar, Harmony. Ni por Smoke ni por nadie.

Sus palabras me llenan de calidez.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo, fierecilla. —Me levanta la barbilla para que lo mire a los ojos—. Ahora eres mía. Y en cuanto tu hermano sepa lo nuestro, voy a reclamarte.

La posesividad en su voz probablemente debería molestarme, pero no es así. Después de sentirme indefensa durante tanto tiempo, que me reclamen, que me protejan, es exactamente lo que quiero.

—Y tú eres mío —le susurro, sellando las palabras con un beso.