Voces antiguas sonaron DOS VIDAS
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DOS VIDAS

Caía. O, al menos, tenía esa impresión. La oscuridad lo rodeaba por todas partes. Sin arriba. Sin abajo. Sin fin. Entonces, algo apareció en su caída. Un sonido. Débil. Regular. Un pitido. Después otro. Después varios. Como balizas en la oscuridad.

La caída se detuvo.

La oscuridad se resquebrajó.

Y surgió una luz.

Después, un grito.

Era la voz de Nelly.

Sébastien permaneció inmóvil. La habitación aparecía ahora con claridad a su alrededor. Nelly le sujetaba la mano mientras una enfermera entraba corriendo.

Estaba en el hospital.

¿Qué me ha pasado? No estoy en la Tour durmiendo.

Rebuscó en su memoria. Pero nada. Solo recordaba que, después de la comida con Jérôme, había regresado a la Tour-Sans-Venin y se había tumbado en la cama.

Debí de sufrir algún tipo de desmayo y me hospitalizaron.

Sébastien permaneció inmóvil. La habitación aparecía ahora con claridad a su alrededor. Las paredes blancas. Las máquinas. Las vías. Las pantallas. Finalmente, su mirada se posó en la cama.

Y se vio. Tumbado. Inmóvil.

El rostro pálido. Electrodos pegados al pecho. Tubos. Vías.

Un escalofrío lo recorrió. Quiso acercarse a su cuerpo. Se deslizó sin esfuerzo hasta la cama. Después extendió la mano. Sus dedos atravesaron su propio brazo sin sentir el menor hormigueo.

Retrocedió bruscamente.

Sigo desdoblado.

En aquel instante, la alarma volvió a sonar con más fuerza.

La enfermera se inclinó sobre las pantallas.

Después, su mirada pasó del monitor al rostro de Sébastien.

—No, no… está en parada cardíaca.

¿Una parada cardíaca?

Las palabras resonaron en su mente.

Miró su propio cuerpo. Inerte. Silencioso. Abandonado sobre la cama.

Un miedo inmenso lo atravesó.

No… ahora no. No después de todo esto… no después de Margot.

Instintivamente, se acercó. Su mano atravesó la piel de su pecho.

Después, los músculos. Las costillas.

Sintió un leve calor.

Su corazón estaba inmóvil.

Sin pensarlo, cerró la mano. Con todas sus fuerzas.

Entonces volvió una pulsación.

Débil.

Después una segunda.

Después una tercera…

De repente, la alarma cambió de tono.

La enfermera levantó la cabeza. El trazado reapareció en el monitor. Irregular y débil. Después, progresivamente, más estable.

—El corazón ha vuelto a latir por sí solo.

A Nelly empezaron a temblarle las piernas.

No había soltado la mano de Sébastien.

La enfermera cogió el teléfono de la pared.

—Llamen inmediatamente a la doctora Fersac.

Consultó rápidamente el expediente.

—Habitación de Sébastien Gasquet. Parada cardíaca con recuperación espontánea.

Espontánea.

La palabra resonó de forma extraña en la mente de Sébastien.

Miró su mano. Todavía hundida en su propio pecho.

Después, su corazón. Que volvía a latir.

¿Había sido él?

¿O una simple coincidencia?

No lo sabía.

Y, en el fondo, no estaba seguro de querer saberlo.

Entonces su mirada se posó en Nelly.

Seguía sujetándole la mano. El rostro demacrado. Los ojos enrojecidos. Los hombros vencidos por el cansancio.

Había permanecido a su lado. Mucho tiempo.

¿Cuántas horas?

¿Cuántas noches?

No lo sabía.

Una emoción inesperada lo atravesó. Mientras él recorría el Delfinado, descubría la Grenoble de otra época y soñaba con Margot, Nelly había permanecido allí. Esperando. En otro mundo. A apenas unos metros de él.

Una inmensa ternura nació en su interior. Habría querido hablarle. Darle las gracias. Ponerle una mano sobre el hombro.

Pero no podía hacer nada.

Nada.

Unos minutos después, la puerta se abrió bruscamente.

Una joven entró en la habitación. Bata blanca. El pelo recogido a toda prisa. El rostro tenso. Se dirigió inmediatamente hacia las pantallas. Comprobó las constantes. Examinó las curvas. Después frunció el ceño.

Sébastien se quedó paralizado. Durante una fracción de segundo, algo se contrajo en su interior.

Todo era diferente. La ropa. La época. El rostro.

Y, sin embargo…

Algo en su mirada le recordó bruscamente a Margot. La misma intensidad. La misma determinación serena. La misma forma de concentrarse por completo en lo que hacía. Como si el resto del mundo dejara de existir por un instante.

No conseguía apartar los ojos de ella. Aquel parecido le dolía. Como una herida todavía abierta.

La joven continuó examinándolo.

—¿Qué ha pasado? —preguntó.

La enfermera le resumió rápidamente la situación.

Parada cardíaca repentina.

Recuperación espontánea.

Estabilización.

La joven volvió a leer los datos. Después los leyó otra vez. Algo no encajaba. No comprendía qué podía haber ocurrido.

Tengo que saberlo.

Miró la fecha en el reloj de Nelly.

Para él, parecían haber transcurrido semanas. Quizá más. Semanas viviendo junto a Margot.

Y, sin embargo, allí…

Había pasado muy poco tiempo…

Un día…

Un solo día.

Permaneció inmóvil y se lo repitió varias veces. Como si intentara convencerse. Tenía la impresión de vivir dos vidas.

Y ya no sabía cuál de ellas era realmente la suya.