CAPÍTULO 48
Yuki y Stella
P or fin llegó el día del torneo. Por primera vez Aiden no iba a ser uno de los magos que participaran. Yuki y Stella habían sido invitados a un torneo escolar, organizado por una asociación de ex deportistas de élite.
Se levantaron temprano y tuvieron varias horas de camino. A pesar de que competían dos personas, el resto del equipo iba para observar y aprender, al menos era lo que les estaba repitiendo Loan desde entonces. El entrenador tenía muchas ganas de que pudieran observar un duelo desde fuera.
Aiden estaba tarareando la canción que sonaba en la radio mientras movía la pierna al ritmo de la música. Thiago, que estaba sentado a su lado, lo miraba con mala cara.
—Aún no hemos llegado y ya haces que tenga ganas de volver.
—Ahora sabes cómo me siento yo el cien por cien del tiempo —añadió Rian, metiéndose en la conversación.
—Entre tú y él, no sé quién de los dos sale mejor parado en una comparación… —replicó Thiago con gesto de burla en la cara.
—Creo que en la comparación —añadió Eire, sin desviar la mirada de la ventanilla— deberías incluirte.
Thiago bufó como respuesta y Aiden soltó una carcajada. Ya se estaba divirtiendo y el día acababa de empezar.
El evento se celebraba en una de las escuelas privadas más importantes de la zona, en la cual se graduaban la mayoría de los hijos de políticos del país.
El edificio era moderno y contaba con todas las comodidades.
Además, tenían un pabellón anexo donde se celebraría el combate.
A pesar de que a Aiden no le habría importado perderse por los pasillos del colegio, los organizadores dirigieron al Kettou directamente a las gradas.
En cuanto se sentaron en las butacas reservadas para ellos, Aiden se fijó que se estaba celebrando un duelo.
Aunque no estaba muy enterado de las clasificaciones de las ligas inferiores, estaba seguro de que se trataba del Seong contra el Duzem.
No le hizo falta ver mucho para darse cuenta de que iban muy igualados.
Aunque no serían los próximos rivales del Kettou, el vencedor de ese combate sería uno de los finalistas.
En caso de que Yuki y Stella consiguieran ganar los suficientes combates y llegaran hasta la final, tendrían que luchar contra el ganador de ese duelo.
Ese era uno de los motivos por el cual Aiden estaba intentando prestar toda la atención del mundo, quería ayudar a sus compañeros a encontrar una opción.
Rian estaba sentado a su lado, mirando sin mucho interés.
—No entiendo por qué hacen esos movimientos. —Indicó con el dedo—. Están desperdiciando energía sin sentido.
Su compañero se encogió de hombros.
—Cada uno tiene una forma de combatir…
—Sí, están los que lo hacen de forma correcta y los que no.
Aiden negó con la cabeza, sonriendo.
—Es increíble lo poco que te cuesta protestar por todo.
El duelo terminó poco después con la victoria del Seong y empezaron los combates del segundo grupo, entre los que estaban Yuki y Stella.
Desde las gradas, podían ver a la perfección la zona de la Arena y tenían una perspectiva totalmente diferente.
Cuando competían, ellos estaban dentro del terreno.
En aquel momento, era como si lo vieran desde una cámara aérea.
Después de que Loan les diera un par de indicaciones a Stella y Yuki, los dos magos se aproximaron a la zona de la Arena habilitada para el Kettou. No sabían qué clima se encontrarían del otro lado de la barrera y ninguno de los dos parecía preocupado por ello.
—Ojalá tengan suerte —susurró Eire. Cruzó las manos sobre las rodillas, alterada.
No tendrían que esperar mucho tiempo para averiguarlo. Aiden movía la pierna, nervioso. No iba a competir, pero era como si formara parte de ello.
El sonido que indicaba el inicio del duelo resonó por todo el pabellón y los dos magos avanzaron hacia la zona ampliada. En aquel caso, estaban en unas praderas. No había nada a su alrededor, solo cientos y cientos de metros de hierba, en un terreno completamente plano.
—¡En guardia! —gritó Yuki nada más puso un pie en aquel lugar y, gracias a eso, Stella pudo activar el escudo que la protegió del primer ataque de los rivales.
—Pero qué coj… —protestó mirando cómo los dos magos del equipo rival les atacaban sin contemplaciones desde la distancia.
En aquel terreno no tenía cabida ninguna estrategia, solo la fuerza. Stella extendió el escudo a su alrededor, protegiendo también a Yuki. De este modo, su compañero podía centrarse en atacar sin estar preocupado constantemente por tener las defensas levantadas.
—No entiendo. ¿Por qué habrán elegido un terreno como este? —preguntó Aiden mientras observaba con detenimiento los primeros minutos de combate.
—No creo que nada en un duelo deba de tener sentido. Lo único que tienes que demostrar es ser el mejor mago —respondió Rian, prestando atención.
Aun así, Aiden no estaba del todo convencido.
Tampoco podía hacer mucho más en aquella situación, no estaba en su mano hacerse con la victoria.
Si querían llegar a la final no tenían más remedio que vencer en aquel terreno.
Los minutos empezaron a correr demasiado rápido y cuando se quisieron dar cuenta ya pasó media hora.
Stella jadeaba con fuerza. Aquello parecía una prueba de resistencia. Al no haber nada para esconderse o tender una trampa, lo que decía Rian tenía todo el sentido del mundo. Era una prueba de desgaste.
Stella desvió la mirada hacia su compañero un instante y eso ya lo hizo retroceder varios metros por culpa de un hechizo.
—No te despistes —la advirtió Yuki, secándose el sudor de la frente con la mano.
Stella asintió sin decir nada. Yuki parecía que lo estaba llevando bien, pero la energía que estaba consumiendo lo debería de estar agotando más rápido de lo normal. Al menos era la impresión que tenía Aiden.
—Están en problemas —observó Thiago, centrado en el terreno.
—Si siguen atacando con esa intensidad, incluso el escudo de Stella se romperá —añadió Eire.
Aiden se llevó el dedo a la boca, mordiéndose la uña.
Ver un duelo desde las gradas se le estaba haciendo complicado.
Además, empezaba a preocuparse de que aquel combate no fuera tan fácil como había previsto.
Yuki era mejor que los rivales, pero la falta de técnicas de ataque a distancia los tenían contra las cuerdas.
Por mucha habilidad cuerpo a cuerpo que tuviera, si no lograba darles no podrían hacer nada.
El Kettou empezó a avanzar. Parecía que habían decidido acercarse al rival para tener una posibilidad. Stella bloqueaba los ataques de forma rápida y eficaz, mientras Yuki se adelantaba con cautela, entrando en combate cuerpo a cuerpo.
Los rivales parecían cansados, jadeaban. El combate estaba durando mucho más de lo que debería.
Rian se levantó de repente y se llevó las manos a la cara. Aiden desvió la mirada hacia su compañero, intentando averiguar qué era aquello que lo había asustado tanto.
—¿Rian?
—Es demasiado tarde.
—¿Por qué? ¿Qué pasa? —preguntó Aiden preocupado.
El mago le señaló a uno de los rivales del Kettou, que llevaba rato acumulando energía, el cual empezó a lanzar ataques veloces y precisos.
Yuki, que estaba a unos cuantos pasos por delante de Stella, recibió los primeros impactos sin poder llegar a defenderse.
La joven se asustó al ver a su compañero caer, perdiendo el control del escudo que tenía levantado y siendo eliminada poco tiempo después.
Ambos estaban agotados. No tenían fuerzas ni para levantarse.
—El nivel de este torneo es mucho más elevado de lo que me esperaba —comentó Thiago y Eire asintió como respuesta.
Siempre se solía decir que los campeonatos nacionales eran los más duros, pero aquel no había tenido nada que envidiar.
◆◆◆
Un rato después, todos comían en el comedor de la escuela. Yuki tenía una venda en la muñeca derecha y Stella estaba alicaída. Perder una competición para la cual llevaban entrenando varios meses siempre bajaba los ánimos.
—No os martiricéis —animó Loan, rompiendo el silencio.
—No pasa nada —dijo Yuki, aunque no parecía verdad—. Sé que no soy tan bueno como Aiden o como Rian, solo que me apetecía terminar la escuela superior con una victoria. Sé qué es algo bastante infantil, pero ganar este torneo con Stella hubiera estado bien.
—Lo siento —respondió Stella con voz triste.
Aiden se quedó mirando para sus compañeros entendiendo a la perfección qué era lo que sentían. Yuki se iba a graduar ese año y no tendría más posibilidades de ser duelista. Había decidido que en la universidad no iba a seguir compitiendo.
—No fue tu culpa. No fue culpa de nadie. Y no pasa nada, solo me da un poco de rabia —contestó Yuki con una pequeña sonrisa, agarrando la mano de su compañera.
—Hubiera estado bien, sí.
—Ahora tendremos que depositar nuestras esperanzas en Aiden y Rian.
—Mal vamos —añadió Thiago. Todos se rieron.
—No os decepcionaremos —aseguró Aiden sonriendo. Se sentía invencible.
Rian debía de estar sintiendo lo mismo a través del vínculo, porque le devolvió la sonrisa como respuesta.