CAPÍTULO 46
Julio
E l ataque combinado alcanzó su éxito de efectividad a mediados de julio y no había sido nada similar a lo que habían hecho en otras ocasiones.
No necesitaron que sus manos se tocasen.
No necesitaron comentarlo con anterioridad.
Ni siquiera tuvieron que mirarse, fue algo instintivo. Como un pestañeo.
Estaban en mitad de un duelo con un simulador, algo muy parecido a la prueba de clasificación del torneo.
Llevaban un par de semanas aumentando el nivel de los oponentes, pero aquel día estaba siendo especialmente complicado.
Aiden respiraba con dificultad después de haber dejado fuera de juego al último de sus contrincantes.
Aunque aún tenía energía de sobra, su cuerpo estaba algo fatigado.
Miró a su compañero, que todavía estaba esforzándose por hacerse con la victoria.
Se habían ido turnando los rivales, uno para cada uno, y parecía que el oponente de Rian, que era el último, era el más fuerte de todos.
Eso explicaría por qué parecía que no era capaz de deshacerse de él.
Aiden analizó los movimientos de su compañero; cada ataque, cada bloqueo.
Gracias a ello se dio cuenta de lo que le sucedía: la magia de Rian perdía potencia conforme avanzaban los combates y ese debía de ser uno de los motivos principales por los que siempre utilizaba la cantidad justa de energía.
Rian bloqueó un hechizo del rival en el último momento, lo que le hizo tambalearse y tropezar, cayendo de culo.
En ese momento, su rival se abalanzó sobre él.
Ambos compañeros levantaron la mano a la vez.
Uno para defenderse y el otro como acto reflejo para proteger a su compañero.
Y sin que ninguno de los dos lo hubiese planeado, de la palma de Rian salió toda la energía de Aiden, pulverizando al rival, y haciéndolo rodar hacia atrás.
Tras eso, todo pasó como a cámara lenta.
La simulación paró y Loan se acercó a ellos, diciéndoles cosas, pero Aiden no era capaz de retener ni una de sus palabras.
Parecía como si estuviera bajo el agua. Se miró la palma de nuevo.
Notaba el cosquilleo de la magia en sus dedos y el ligero temblor de siempre, solo que él no había hecho nada.
Apretó el puño, siendo consciente por primera vez de la magnitud de su poder.
Supo que si pudiera controlar toda la energía que tenía dentro… sería imparable.
Buscó con la mirada a Rian, que no le quitaba los ojos de encima desde el otro extremo de la zona de combate. Aún tirado en el suelo, en su mirada pudo ver la admiración que sentía. Se sonrieron mutuamente y el corazón de Aiden dio un latido de más.
Loan ayudó al otro chico a levantarse y todo volvió a la normalidad.
—Enhorabuena, chicos. Lo habéis logrado —dijo el entrenador cuando Aiden fue de nuevo consciente de su entorno.
—Ha sido… —intentó verbalizar Rian, contemplando la palma de su mano. No encontró palabras para seguir.
—Lo habéis hecho genial —terminó el profesor por él, dándole una palmadita en la espalda, antes de acercarse a Aiden—. ¿Estás bien? Te veo muy callado.
—Ha sido… mágico. —El joven seguía impactado.
Aquellas palabras le sacaron una risa a Loan, que le puso una mano en el hombro y le apretó con afecto.
—No sé si eres consciente de todo lo que has mejorado este año, Aiden, pero lo que ha pasado hoy solo es el fruto de todo tu esfuerzo y dedicación.
Llegarás lejos, posiblemente tanto como te propongas.
Estoy muy orgulloso de ti. —Loan le dio también una palmada en la espalda—.
Estoy muy orgulloso de los dos. Nos vemos el lunes. Descansad.
Aiden se llevó una mano al pecho, donde el corazón le latía a toda velocidad.
Intentó por todos los medios, retener aquellas lágrimas que estaban a punto de salir, pero no lo consiguió.
Lo habían logrado. Al fin. Bajó la cabeza, ocultando su rostro, pero su compañero ya había notado los sentimientos que tenía y estaba en frente a él.
—No llores —le pidió con la voz suave, con tacto—. ¿Por qué siempre lloras?
—No lloro de tristeza, simplemente… estoy feliz.
—Lo sé, pero si eres feliz no deberías llorar.
—No estoy llorando a propósito, es solo que… después de todo lo que he pasado…, después de todas las veces que me han dicho que no lo conseguiría, de todas las veces que me dijeron que no valía para esto… Yo… he podido. —Un sollozo le salió de la garganta al terminar de hablar.
Rian lo agarró por el cuello y lo atrajo hacia él, envolviéndolo en una especie de abrazo.
Aiden apoyó la frente en su hombro y, a pesar de que tenía la camiseta empapada por el sudor, aquello no le molestó.
Era reconfortante. Sentir a Rian a su lado lo tranquilizaba más que cualquier otra cosa, aunque no entendía por qué.
Nunca había sido una persona a la que le disgustarse el contacto físico, pero con él era especialmente permisivo.
Además, estaba seguro de que Rian no había abrazado a ninguna otra persona desde hace mucho tiempo y, por algún motivo, aquello tampoco le desagradaba.
Ser la excepción de alguien lo hacía sentirse especial.
Por primera vez, tenía lo que siempre había soñado.
Estaba mejorando a pasos agigantados y era consciente de ello.
Tenía un compañero de equipo que no podía ser mejor, literalmente.
Y aquello solo acababa de empezar. Aún le quedaban muchos años por delante para seguir creciendo, mejorando, hasta convertirse en profesionales.
—He sabido que eras increíble desde la primera vez que utilizaste tu poder delante de mí —dijo Rian, separándose de él y mirándolo a los ojos.
—Eso no es verdad.
—Sí que lo es y lo he sabido todas las veces que he luchado contigo. Incluso aquella vez en la cafetería, cuando terminaste empapado en chocolate.
—¿Tenías que sacar ese tema? Creí que habíamos acordado no volver a mencionarlo.
—Shh, calla. Incluso aquel día, pude ver tu potencial. Cada vez que concentras tu poder, el ambiente de la habitación cambia.
—¿A qué te refieres? —preguntó Aiden sin entender.
—Es muy complicado de explicar. Es como si la temperatura aumentara un par de grados. Como si se levantara una ligera brisa, la típica que aparece justo antes de que empiece la tormenta. De repente, todo se llena de hilos dorados…
—¿De qué estás hablando?
—Es como si tu magia estuviera en forma de hilos dorados que se extienden por toda la habitación.
Ocupan todo el espacio, es algo que no he visto nunca.
Hace un rato, justo cuando estaba tirado en el suelo, a punto de perder contra esa simulación, toqué uno de esos hilos con la mano y sentí tu poder.
Lo sentí en la palma de mi mano y pude utilizarlo.
—Hilos dorados con mi poder —repitió Aiden intentando comprenderlo.
—Sí.
—¿Y dices que solo aparecen al activar mi magia? —Al ver que Rian asentía, se quedó unos segundos en silencio antes de hacerle una propuesta—. Entonces voy a concentrar energía, a ver qué pasa.
Aiden se abstrajo, dejando que la magia se reuniera en él como si fuera a realizar un ataque, pero no hizo nada. Cuando sintió que su poder estaba listo para ser utilizado, asintió mirando a Rian.
—Ahora mismo te brillan los ojos. No lo entiendo. ¿Por qué te brillan los ojos?
Aiden se rio y perdió la concentración. Al menos ya no estaba llorando.
—Si me haces reír me distraigo —se quejó Aiden. Se limpió los restos de las lágrimas de sus mejillas—. ¿Por qué me miras así?
—¿Cómo te miro? —preguntó serio, como si aquella pregunta le pillara de sorpresa.
—No sé, así, como lo estás haciendo ahora.
—Y, ¿cómo quieres que te mire? —su tono era como si realmente quisiera saber la respuesta.
Aiden no supo qué decir.
—¿Volvemos a intentar el tema de los hilos?
—Dale.
Aiden volvió a concentrar su poder, esa vez con los ojos cerrados. No era capaz de mirar a su compañero sin desconcentrarse por completo.
—¿Qué ves? —le preguntó.
—Miles de hilos dorados —respondió Rian, sobrecogido.
—¿Puedes tocar uno?
Aiden notó el momento exacto en el que lo hizo.
No lo estaba tocando físicamente y, aun así, notaba el calor del contacto.
Cuando abrió los ojos, Rian estaba concentrando cientos de bolas de energía a su alrededor.
Las hacía girar a toda velocidad. Era similar a la exhibición que había hecho el día que se conocieron y a la vez muy diferente.
La magnitud del poder era mil veces mayor.
Parecía que estaban en el centro de un huracán.
A su alrededor todo estaba en calma, pero a un metro de distancia… todo era caos.
—No rompas nada —le avisó Aiden, sin apartar la mirada de su compañero.
—Tengo control absoluto sobre tu poder. No pasará nada —replicó confiado.
—Vale.
—Dorados.
—¿Dorados?
—Sí, tus ojos se vuelven dorados cuando usas tu poder de esta forma.