CAPÍTULO 38
Últimos minutos
E l día del campeonato amaneció nublado.
Aiden se había levantado varias horas antes del amanecer.
Estaba demasiado nervioso para permanecer acostado en cama.
No recibió ningún reproche de Thiago en ningún momento, al contrario: se había sentado en cama y había encendido la luz para hacerle compañía durante casi una hora.
—Estaré viéndote por la tele. No nos dejes en ridículo —le dijo Thiago cuando Aiden se llevó la mochila al hombro, listo para salir.
—Lo haré lo mejor que pueda —contestó tenso.
—A por todas —se despidió justo cuando Aiden salía por la puerta.
◆◆◆
Rian salió de su habitación quince minutos antes de la hora en la que habían quedado con Loan y se encontró a Aiden sentado en el suelo, delante de la puerta de su cuarto.
—¿Qué haces ahí? —preguntó con el ceño fruncido.
—Esperarte.
—¿Por qué no llamaste? Podía haber salido un poco antes para que no tuvieras que estar esperando.
—No quería molestarte —respondió resuelto.
Rian puso cara de horror mientras le tocaba la frente con la palma de la mano.
—¿Te has puesto enfermo justo hoy? Aunque no parece que tengas fiebre.
— Jobá , todo son quejas —protestó Aiden poniéndose en pie.
—No me quejo. Solo que no estás actuando como siempre. Te recuerdo que no sería la primera vez que te plantas en mi cuarto a las seis de la mañana.
—Estoy de los nervios.
—Yo también —reconoció Rian.
Los dos se encaminaron hasta la sala de entrenamientos y, una vez allí, fueron directos al despacho de Loan. El reloj apenas marcaba las ocho menos diez de la mañana, pero se notaba el ajetreo propio de la competición. El entrenador les abrió la puerta antes de que tuvieran tiempo de llamar.
—Ya estáis aquí, perfecto. —Se dio la vuelta, cogió una caja y salió del despacho—. Cerrad vosotros, que no me quedan manos. ¿Estáis nerviosos?
—Sí, bastante —admitió Aiden mientras Rian cerraba la puerta en silencio.
—No te preocupes. Es normal. Vamos.
Empezó a andar hacia la entrada principal, donde ya les estaba esperando la directora.
—Buenos días, Maya. Nosotros estamos listos. ¿Está ya el coche?
—Sí, llegó hace un par de minutos. Hola, Aiden y Rian, me alegro de veros de nuevo. ¿Todo bien?
Ambos asintieron como respuesta y la siguieron al exterior del edificio. Delante de la puerta, había un vehículo negro aparcado, con el maletero abierto y listo para llevarlos a la competición.
—Meted las mochilas en el maletero —dijo Loan después de meter la caja.
Cuando Aiden se intentó quitar la mochila, la banda se le quedó atascada en la capucha de la sudadera y Rian tuvo que ayudarle para no terminar medio desnudo en mitad de la calle.
—Relájate —le murmuró Rian para que no lo escucharan los demás—. Todo va a ir bien.
Aiden asintió sin decir nada. Era su primer combate en un estadio real. Miles de personas iban a verlos combatir en directo y otras tantas lo verían por la televisión desde sus casas. Los entrenadores de los equipos universitarios solían aprovechar esos momentos para fichar a los futuros alumnos.
No podía fallar.
Se montaron en el coche y empezaron el camino hasta el centro deportivo.
Para aquella competición los acompañaba la directora, el entrenador y el enfermero de la escuela porque era un requisito por parte de los organizadores del torneo.
Si conseguían una buena clasificación, para el torneo de verano podrían asistir al estadio todos sus compañeros para verlos en acción.
◆◆◆
Las siguientes horas pasaron rápido. Parecía un autómata que solo registraba órdenes básicas. Siéntate. Levántate. Anda. Cuando se quiso dar cuenta, acababan de aparcar el coche delante del centro deportivo.
En la primera ronda, las eliminaciones se llevaban a cabo en uno de los edificios principales, que estaba preparado con simuladores de última generación.
Los cuatro estadios donde se celebraban las siguientes fases, se encontraban en el mismo complejo: dos en el centro, uno en el norte y otro en el sur.
De todos los participantes, solo los dieciséis mejores equipos pasaban a los cuartos de final. Aiden sabía que, si fallaban en la eliminatoria, todo habría acabado. Sin embargo, Loan se había mostrado muy optimista.
—Aiden, ¿quieres bajar del coche de una vez? —preguntó Loan dando un golpe en el techo del vehículo—. Te he llamado cinco veces, espabila.
—Sí, perdón —se disculpó mientras salía a toda prisa, tropezando con sus propios pies al hacerlo.
Los alrededores del edificio estaban llenos de gente.
Había reporteros de varias cadenas de televisión con micrófonos de colores cubriendo el evento.
También los había de radio, que comentaban minuto a minuto la actualidad y varios influencers de redes sociales en directo hablándoles a sus millones de seguidores lo que estaba pasando.
Además, varios agentes de seguridad vigilaban la zona e impedían el paso de los periodistas a las zonas reservadas para los deportistas.
—No os paréis. Como os pillen los reporteros no os van a dejar ir sin que les contéis vuestra vida y vamos con el tiempo justo no, lo siguiente. Andando —ordenó abriendo la marcha hacia la entrada del edificio.
El dúo de combate le siguió. Tras ellos estaban Maya y el enfermero que, por lo que Aiden había entendido, se llamaba Adrik.
A medida que se acercaban a la puerta, los flashes de las cámaras se hacían cada vez más frecuentes.
Muchos periodistas les arrimaban los micrófonos a las caras sin ningún tipo de consideración y no paraban de gritarles preguntas.
—¿De qué equipo sois?
—¿Es vuestro primer combate?
—¿Tu compañero es Rian Kane?
—¿Cómo es tener de compañero a un genio como él? ¿Has podido estar a la altura?
—¿Está tu madre, Hanna Ashton, aquí para verte?
—¿A qué escuela media has ido?
De repente eran demasiadas cámaras, demasiadas luces y demasiadas preguntas para Aiden.
El chico intentaba por todos los medios no dejarse incomodar, pero estaba asustado.
No sabía qué hacer. No sabía qué decir. Y tampoco le dejaban andar con normalidad.
No paraban de agarrarle de la ropa, tirar de ella e intentar retenerlo con ellos.
—No te pares —le susurró Rian al oído, empujándolo suavemente hacia delante.
Unos segundos después entraron en el recinto, cerrando la puerta tras ellos. En ese momento, Aiden apoyó las manos sobre las rodillas, recuperando el aliento.
—Eso ha sido una locura —confesó preocupado.
—Sí, todos los años es igual. La organización lleva años diciendo que va a hacer algo por mejorar la seguridad, pero al final los patrocinadores pueden hacer un poco lo que les da la gana —se quejó Loan—. Vamos a los vestuarios ya. Maya, nos vemos en un rato en la Arena.
—Suerte, chicos. Lo vais a hacer bien —les alentó la directora antes de dirigirse al pasillo que estaba en otra dirección.
Caminaron en silencio hasta los vestuarios que habían reservado para el Kettou. En la puerta estaban serigrafiados el nombre del equipo y el logo. Aiden sacó el teléfono del bolsillo y le hizo una foto antes de entrar.
—No es momento para fotos —le riñó Rian y negó con la cabeza.
—¡Solo ha sido un segundo! Como tú ya has estado en un montón de competiciones te dará igual, pero esto es nuevo para mí —protestó.
—Lo sé. Aun así deberías de centrarte en las eliminatorias.
—No empecéis a discutir ahora, hacedme el favor —suplicó Loan dejando la caja encima de una silla.
Antes de que pudieran replicar, sacó de la caja los uniformes de combate y se los dio a cada uno.
Eran un pantalón de tela negra con varios bolsillos distribuidos por los laterales y una camiseta básica negra de manga corta, con el logo del equipo en el pecho y el logo del patrocinador en la espalda.
De calzado tenían unas botas altas de cordones, perfectas para cualquier tipo de terreno.
Tanto Rian como Aiden los admiraban emocionados.
—Hemos diseñado este uniforme teniendo en cuenta que vuestro primer combate es en Ogon. En caso de que paséis a las semifinales y os toque otro estadio, se cambiaría —explicó Loan—. Id a cambiaros.
Cuando terminaron de vestirse, se colocaron uno al lado del otro, mirando a su entrenador. Era increíble lo similares que parecían en aquel momento. Casi la misma altura, la misma complexión y el mismo uniforme. De lejos, lo único que los iba a diferenciar era el color del pelo.
—Por fin el día ha llegado —dijo Loan orgulloso—.
He sabido desde un primer momento que poneros como compañeros era una decisión arriesgada.
Tu carácter Rian y tus habilidades aplacaban a cualquiera que estuviera a tu lado.
No había muchos magos que estuvieran contentos al estar a la sombra de un genio.
Pero tú, Aiden, no solo has encontrado la forma de brillar por tu cuenta, sino que has suplido sus carencias.
Sabéis que confío plenamente en vosotros, pero también soy consciente del nivel del campeonato.
Unos meses no son suficientes para adaptaros al cien por cien a otra persona y menos con todos los problemas que habéis causado —añadió fulminándolos con la mirada—.
Aun así, sé que lo haréis bien y que encontraréis la motivación suficiente para los siguientes torneos, independientemente del resultado de hoy. ¿Listos para ganar?
—¡Sí! —contestaron los dos chicos a la vez.
—Vamos allá —susurró Loan. Les dio una palmadita en la espalda y salió por la puerta que daba a la Arena, dejándoles a solas.
—Rian, gracias por estar aquí conmigo —dijo Aiden dando pequeños saltos, con intención de adaptarse al nuevo calzado.
—Estoy en el lugar donde quiero estar. No hay nada que agradecer —respondió Rian serio.
—Si todo sale mal…
—No va a salir nada mal.
—Pero si todo sale mal, ¿tú…?
—Sí. Te lo he prometido. No te preocupes por eso. ¿Vale?
—Vale.
—Todo va a ir bien.
—¿A quién estás intentando convencer? ¿A ti o a mí?
—A ambos —reconoció Rian con una sonrisa.
—Vamos allá —se dijo Aiden a sí mismo dirigiéndose a la puerta.