CAPÍTULO 32 #2
—Joder, cállate —gritó Rian poniéndose en pie y tirando la silla, en la que estaba sentado, al suelo—.
Estoy harto de que me digáis en todo momento lo que debo hacer o cómo me debo sentir.
Ya me he disculpado millones de veces por lo que pasó.
Y no sé por qué sacas el tema del dinero, os lo devolveré todo.
—Fuiste tú el que nos pidió una oportunidad y esta ya sería la tercera —respondió Josh.
—Porque era la única forma de que aceptarais que me fuera —su voz se rompió mientras hablaba.
Luego salió de la habitación a paso apurado. Un par de segundos después se escuchó el sonido de la puerta de la calle al cerrarse.
—Este chico tiene las hormonas totalmente revolucionadas. No lo entiendo. ¿Cuándo madurará? —se quejó Eri pinchando sin mucha emoción un trozo de comida.
—¿Podemos dejar este tema de una vez? —pidió Alina avergonzada—. Lo siento mucho, Aiden, no queríamos dar un espectáculo.
—Era cuestión de tiempo que esto explotara. Rian lleva aquí casi tres semanas sin hablar con nadie ni dar ningún tipo de explicación —añadió Eri, haciendo caso omiso a las miradas de advertencia de su madre.
Aiden no podía seguir sentado en aquella mesa, no después de haber notado un eco de los sentimientos de Rian cuando había salido por aquella puerta.
—Voy a ir a buscarlo —dijo interrumpiendo la conversación.
Alina asintió con preocupación.
—Seguro que está en el río. Sigue el camino y en el cruce, desvíate a la izquierda. No tiene pérdida, Aiden —le indicó antes de que se fuera—. Perdona por la escena y gracias por haber venido a cenar. Si consigues que se le pase el enfado, tenéis la tarta en la nevera.
◆◆◆
Aiden recorrió el camino que le habían indicado todo lo rápido que podía.
Ya había anochecido y las temperaturas habían descendido por debajo de los diez grados.
El vaho salía de su boca con cada respiración.
Cuando giró a la izquierda redujo un poco el paso.
Al fondo del camino, vio a Rian sentado en el suelo, con la espalda apoyada sobre un árbol enorme.
Se acercó a él y se dejó caer a su lado.
Estuvieron mucho tiempo en silencio, tanto que Aiden perdió el sentido del tiempo.
No sabía si llevaban allí media hora o dos horas.
—Gracias por haber venido hoy. Siento que hayas tenido que ver eso —dijo Rian con la mirada perdida—. Agradezco tu ofrecimiento, pero mi hermana tiene razón. No puedo seguir aprovechándome de mis padres para seguir haciendo lo que quiero.
—Esta noche no voy a aceptar un «no» por respuesta.
—Aiden, yo…
—¿Por qué no hablas con tu familia? Seguro que arregláis las cosas.
—Eso no va a pasar. Eri es un poco brusca, pero es quien vive con mis padres todo el año y ve lo que pasa en mi casa día a día.
Nunca hemos tenido mucho dinero, pero mis padres se han encargado de que tampoco nos falte de nada.
Un año antes de que me ofrecieran la beca para el Bhainn Daiocht, participé con Eri en el examen para entrar en el ejército, que era su sueño desde niña: viajar por todo el continente, explorar otros lugares, conocer lo que hay más allá de lo que vemos a diario…
Creo que fue el mismo año que la empresa de tu familia empezó a colaborar con el gobierno y empezaron las expediciones a través de las grietas.
Tampoco te quiero aburrir con mil datos que no te interesan.
En resumen, al final, nos ofrecieron el puesto a los dos.
—Vaya…, no tenía ni idea.
—No es algo de lo que me guste hablar porque fue el punto de inflexión en la relación con mi hermana.
Cuando recibí la beca, para mí, entrar en el ejército ya no tenía sentido.
No era mi sueño, era el de mi hermana, pero la oferta estaba condicionada.
No podíamos entrar uno y el otro no. O íbamos los dos o perdíamos la oportunidad.
—Recuerdo hablar a mi madre sobre ese tema. Hubo muchos problemas en los primeros viajes y llegaron a la conclusión de que en parejas se limitarían las desapariciones y las muertes.
Rian asintió, consciente de lo que decía Aiden.
—Yo no quería arriesgar mi vida. Yo quería combatir, pero en duelos y Eri no se lo tomó muy bien.
Ella tiene dos años más que yo y aunque presuma de lo madura que es, se comportó de forma egoísta.
Intentó por todos los medios que mis padres me obligasen a rechazar la beca, intentó convencerme de todas las maneras posibles, pero yo…
Yo también fui egoísta. Era mi oportunidad —la voz de Rian denotaba cierto arrepentimiento por haber tomado aquella decisión.
—Cualquiera que estuviera en tu lugar habría hecho lo mismo —afirmó convencido—. Al final nadie quiere renunciar a sus sueños para luchar por los de otra persona. Igual no somos tan diferentes de lo que piensas.
—Puede que no —suspiró.
—¿Y qué pasó? —preguntó Aiden en voz baja.
Era la primera vez que sentía que Rian se abría con él.
—Me dijo que no lograría nada con mis sueños infantiles.
Que era un encamprichamiento de niño pequeño.
Que con todos los magos increíbles que hay en el mundo yo jamás llegaría a competir.
—Rian hablaba sin parar, mostrándole sus miedos—.
Me recalcó que lo único que lograría era perder el tiempo, el dinero y la oportunidad.
Aun así, mis padres me apoyaron. Me dijeron que confiaban en mí, pero que, si fracasaba, me tendría que comer mis palabras y unirme al ejército con Eri.
Desde ese día he intentado por todos los medios cumplir mi sueño, aunque al final he acabado dándoles la razón en múltiples ocasiones.
Durante la escuela media conseguí avanzar bastante.
Fui el mejor miembro del equipo durante los tres años consecutivos, gané un par de torneos regionales, pero cada fallo, cada vez que no conseguía mejorar, cada vez que no era el mejor…
Eri me volvía a repetir lo mismo: aquello no era para alguien como yo.
—Rian cerró los ojos. Estaba muy triste—.
Mis padres terminaron dándole la razón. Luego llegó la oportunidad en el Bhainn Daiocht.
Del resto de la historia te puedes hacer una idea.
—¿Puedo odiar a tu hermana? Me parece una persona horrible —concluyó Aiden, asustado por todo lo que acababa de escuchar. No quería imaginarse cómo sería si una de las personas que más te importaran estuviera empeñada en resaltar cada uno de sus errores.
—Antes no era así. Cuando estaba en la escuela tuve una entrenadora increíble, era la novia de mi hermana.
Competía en un equipo nacional y fue varias veces como representante del continente a torneos internacionales.
Si hubieras llegado a conocerla te habría encantado.
Nunca he conocido a nadie con más talento.
—Que Rian dijera algo así decía bastante de lo brillante que debía de ser aquella chica—.
Yo jamás le llegaré a la suela del zapato.
Además de ser una duelista maravillosa, tenía el suficiente poder para manejar el fuego.
Aiden abrió los ojos, sorprendido. La mayoría de los magos, como ellos, tenían dones comunes.
Podían manipular los elementos. Darles forma, lanzarlos, bloquearlos…
Pero de vez en cuando, nacía un mago con la habilidad de componer.
No solamente podían manejar la energía de su alrededor, sino que podían crearla.
—¿Y qué le pasó?
—Despareció. Después de cruzar una grieta se quedó atrapada en otra dimensión.
No se dio mucha información al respecto.
Cuando la grieta se cerró de forma definitiva, la dieron por muerta.
Desde aquel día, Eri no volvió a ser la misma.
Está convencida de que su novia sigue por ahí, viva y atrapada, esperando a que alguien la vaya a buscar.
Por eso quiere entrar en el ejército y me culpa de las decisiones que he tomado.
En parte me considera responsable. No quiere aceptar que ha muerto.
Todo el mundo sabe que, en esos viajes, la tasa de supervivencia desciende abruptamente después de las primeras veinticuatro horas.
Imagínate después de cuatro años. No la puedo culpar por intentar hacer cualquier cosa por la persona que quiere, pero me duele —reconoció.
Aiden asintió y entendió a Rian un poco mejor. Le puso una mano sobre el hombro, queriendo transmitirle de alguna manera que no estaba solo, aunque no sabía si sería suficiente.