Victoria colateral (Victoria 1) CAPÍTULO 18 #2
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CAPÍTULO 18 #2

—Y como Loan se preocupa, ¿tú vienes aquí a intentar convencerme de volver? ¿Tantas ganas tienes de que te vuelva a humillar?

Aiden negó con la cabeza. Estaba agotado de aquella situación, de mantener la misma conversación siempre.

—Eso no es así…

—Ah, ¿no? —Su voz estaba llena de ironía.

—Si crees que no sé lo bueno que eres o que jamás te llegaré a la suela del zapato, te confundes.

Sé que eres mejor que yo, sé que no tengo posibilidades de ganarte.

Sé que no soy rival para ti. Soy plenamente consciente de mis limitaciones.

—Mientras Aiden hablaba, el gesto de Rian se iba crispando, como si le estuviera molestando lo que le estaba contando, pero no dijo nada—.

No quiero ganarte, solo quiero entrenar contigo.

Que compitamos juntos. Sé que no tengo técnica, pero tengo mucha energía…

—Mucha dice… —masculló Rian y puso los ojos en blanco.

—Bueno, bastante energía. Creo que podríamos ser un buen dúo si nos coordinamos bien y entrenamos juntos. Yo no quiero luchar contra ti, quiero luchar contigo.

A Aiden le pareció que las palabras habían tenido algún tipo de efecto en Rian, porque retomó su silencio.

Borró la sonrisa irónica de la cara y lo miró serio, como si realmente se estuviera planteando la posibilidad de hacerle caso.

Caminó hasta su cama y se dejó caer a los pies, enterrando la cara entre sus palmas.

De repente, levantó la mirada y Aiden se encontró con sus ojos azules, que lo miraban indeciso.

—Despliega tu poder, como hiciste hoy al mediodía.

Aiden esperó una burla de su parte, pero eso nunca llegó. Seguía serio. Expectante.

—¿Ahora? —preguntó confuso por su reacción.

No entendía por qué quería que le enseñara su poder en aquel momento si lo había visto en múltiples ocasiones.

—Dale, usa cualquier cosa que veas por ahí. —Indicó con las manos la habitación en general.

Aiden buscó sin moverse, hasta que se fijó en una botella llena de agua que descansaba encima del escritorio. Se concentró en ella, hizo que toda su magia saliera a la superficie y la hizo flotar.

La hizo levitar hasta ponerla encima de sus cabezas.

Giró varias veces su mano izquierda sin apartar la vista de la botella.

Sonrió ligeramente cuando el tapón se empezó a desenroscar.

Cuando el tapón estuvo suelto, la giró en el aire hasta que el agua salió del recipiente dejándola flotando en el aire.

Dejó que la botella vacía cayera al suelo y se concentró en el agua.

Le dio forma, la hizo dar volteretas, la convirtió en lluvia…

Y unos minutos después, la volvió a meter en la botella, sin apenas derramar nada.

Cuando terminó, se dejó caer al suelo, sentándose sobre sus pies.

Aquella pequeña demostración le había consumido muchísima energía.

No estaba acostumbrado a tener que ser tan meticuloso…

Pero por otro lado estaba profundamente satisfecho.

Todos los ejercicios que estaba haciendo a diario, empezaban a dar sus frutos.

Rian lo miraba fijamente, casi sin pestañear. Si estaba sorprendido o decepcionado, Aiden no lo podía saber. Lo único que perturbaba su aparente calma era el puño derecho, que lo tenía apretado con mucha fuerza encima de su rodilla.

—Vas a tener que entrenar muy duro. Si quieres estar a mi altura tienes que dar lo mejor de ti —dijo rompiendo el silencio.

—Por supuesto —afirmó Aiden sin acabar de creerse lo que estaba escuchando.

—Me harás caso cuando te dé alguna indicación y no cuestionarás nada de lo que te diga. Tengo más experiencia que tú y vas a tener que confiar en mí.

—Vale.

—Y no te puedes saltar ningún entrenamiento.

—Mira quién lo está diciendo…

—Aiden, te lo estoy diciendo muy en serio. No pienso ser tu compañero a no ser que estés totalmente comprometido.

—No puedo estar más comprometido —aseguró.

—Vale.

—¿Vale?

—Sí, no hagas que me arrepienta.

—No tengo intención de hacerlo —aseguró con una amplia sonrisa.

Aiden se levantó del suelo con intención de volver a su cuarto. Rian se levantó para abrirle la puerta. Parecía una sutil invitación a que saliera de su vista.

Al salir al pasillo, se dio la vuelta para despedirse y vio un par de heridas que tenía en el brazo derecho. No eran demasiado grandes, aunque tampoco tenían buen aspecto. Alguna parecía que estaba a punto de infectarse.

—¿Todo bien? —dejó notar su intranquilidad.

Rian se dio cuenta de a lo que se refería y se bajó las mangas de la sudadera antes de contestar.

—No somos amigos y tampoco lo seremos. Que no tenga más remedio que entrenar contigo no significa que vaya a contarte nada sobre mí o sobre mi vida privada.

Limítate a practicar y olvídate de los asuntos que no te incumben —declaró antes de cerrar la puerta de su habitación de un portazo dejándolo solo en el pasillo.

Aiden contempló la puerta cerrada durante unos instantes.

No podía evitar preocuparse por la gente que tenía a su alrededor.

Siempre había sido así y Rian no iba a ser una excepción.

Debía de estar intentando con todas sus fuerzas mantenerse alejado de todo el mundo y eso casi seguro que lo agotaba.

Sonrió con tristeza antes de dar media vuelta y marcharse a su habitación.