Victoria colateral (Victoria 1) CAPÍTULO 4 #2
9%

CAPÍTULO 4 #2

—¿Qué te llevó a querer venir al Bhainn Daiocht? —preguntó Nadya curiosa.

Aiden se motivó por poder hablar de ello.

Le habló del partido de Olivier e Igor, de cómo se había puesto de pie, emocionado por lo que estaba viendo, de cómo los duelos se habían convertido en prácticamente una obsesión desde entonces.

Nadya se rio como respuesta. Resultaba que también lo había visto.

No la conocía de nada y aun así era tan fácil hablar con ella que todo el nerviosismo que había ido acumulando a lo largo de las dos últimas semanas desapareció casi por completo.

—Así que fue por ese duelo… ¿Y por qué no decidiste entrar en su escuela?

Podrías haberte convertido en su compañero.

Aunque posiblemente estarías de suplente.

Olivier e Igor llevan juntos tres años y sería muy complicado que te compenetraras con uno del dúo más de lo que ya lo hacen entre ellos —comentó pensativa.

—Sí, esa fue una de las razones. Realmente estuve investigando toda la trayectoria en duelos de las cinco grandes escuelas del continente y no tengo dudas cuando digo que Bhainn Daiocht es la mejor.

Además, llevan años sin tener un equipo fuerte y eso me da muchas más posibilidades de hacerme un hueco. —Se encogió de hombros.

— Vaya, estás hecho todo un estratega —apreció Nadya impresionada.

—Tampoco te creas… —respondió Aiden, llevándose una mano a la cabeza.

Un par de minutos después llegaron a la escalera que daba a la segunda planta, justo en el momento en el que los alumnos comenzaron a salir de las aulas.

Todos vestían con el uniforme estándar, a excepción de unos pocos que llevaban el característico uniforme de deporte: el chándal negro con la camiseta blanca.

—En esta planta, en el pasillo derecho, están las aulas de la uno a la veinticinco.

Están ordenadas, por lo que no tiene pérdida ninguna.

En el pasillo izquierdo, ese de ahí —explicó señalando con el dedo la dirección que debería seguir—, está el comedor.

Las horas de las comidas están muy marcadas, al final somos seiscientos alumnos y si no sería un caos que cada uno fuera a comer cuando quisiera.

Tampoco se curraron demasiado la distribución: los de primero comen a la una, los de segundo a las dos y los de tercero a las tres.

Tienes libertad de ir a buscar la comida durante toda la hora, aunque ten en cuenta que si se te hace tarde te quedarás sin probar bocado hasta la noche.

Te aconsejo tener alguna barrita de cereales en la habitación.

Los desayunos y las cenas son libres. El horario es de seis a nueve de la mañana para el desayuno y de ocho a once de la noche para la cena.

—No sé si me acordaré —dijo poco convencido, aunque estaba seguro de que a la mañana siguiente no recordaría nada de aquello.

—No te preocupes, te daré un horario y puedes crearte alarmas en el móvil.

Nosotros lo hacemos continuamente. Ahora subiremos a la planta de arriba, donde están las habitaciones de todos los alumnos de primero.

En la planta cuatro estarían las habitaciones de los de segundo y en la última las habitaciones de los de tercero.

Puedes subir cuando quieras a echar un vistazo, pero ya te digo que no tiene nada de especial.

Lo bueno de esta organización es que tus compañeros de pasillo suelen ser los mismos durante los tres años y, si te quieres escaquear a alguna habitación en medio de la noche, mejor que esté cerca, o las probabilidades de que te pillen son bastante altas.

—¿No puedes ir a las otras habitaciones?

Nadya sonrió con sutileza.

—Por poder puedes, no hay ningún hechizo que te lo impida, pero las normas prohíben andar por los pasillos del colegio entre las once de la noche y las seis de la mañana.

Pasa lo mismo con salir del recinto. Si tus padres te lo permiten, tienes vía libre para salir cuando quieras, siempre que no sea en horario escolar, teniendo en cuenta que tienes que estar de vuelta antes de las once.

Los fines de semana son totalmente libres, puedes hacer lo que quieras.

—¿Qué pasa si mis padres no firman ese permiso? ¿Tengo que quedarme durante los próximos seis meses sin salir a la calle? —preguntó Aiden horrorizado.

—Bueno, tienes unos jardines bastante extensos, con un lago y un bosque pequeño. Recorrer el recinto de una punta a la otra te llevaría varios días.

—¿Han puesto el mismo hechizo que en los estadios de los duelos?

—¡Exacto! El recinto real del colegio creo que tiene unos quinientos metros. El ampliado supera los cien kilómetros. E incluso hay una montaña bastante alta —dijo riéndose.

—Increíble —susurró Aiden.

Echó un vistazo por una de las ventanas y se topó con la fachada principal del edificio, impidiéndole ver más allá del terreno. Siempre había pensado que la magia era maravillosa y cada día que pasaba esa opinión se hacía más y más fuerte.

—Hemos llegado. —Nadya se paró frente a una puerta blanca—. Esta es tu habitación.

Tenía el número ciento diez rotulado en el centro y debajo, dos rectángulos. En uno aparecía escrito su apellido y, en el otro, posiblemente el apellido de su nuevo compañero de cuarto. Nadya golpeó la puerta con los nudillos antes de introducir la llave en la cerradura y abrirla.

—Aiden, te presento a Thiago, tu nuevo compañero de habitación.