Chapter 38
Lady Sire se giró hacia mí con una mueca de desaprobación, como si el poema no hubiera terminado de agradarle. Sin embargo, a mi me había encantado ver cómo poco a poco el tono de los poemas estaba cambiando.
—¿En serio? ¿Gomas elásticas? —dijo con tono burlón—. Y encima dices que querías salir disparado de ahí. De verdad, no te entiendo.
—¿Qué esperabas? ¿Que me quedara soportando sentirme como una mierda?
—¿Obvio? ¿No es acaso lo bonito del amor de siempre? —respondió sorprendida por mi pregunta—. Las historias de princesas y príncipes azules con un amor de ensueño no existen, ingenuo. El amor es sinónimo de discordia, y en eso yo soy la experta.
—Ni lo pretendo —contesté enfadado—. El amor sano tampoco está libre de tensiones y problemas. Es en el compromiso mutuo donde radica la diferencia. Crecer juntos ante la adv…
Lady Sire me cortó con un bostezo exageradamente sonoro, riéndose de su propia reacción. Lanzó su cabeza de un lado a otro como quien trata de crujirse el cuello y se volvió a dirigir a mi.
—Me estás aburriendo, bardo. Y no te conviene hacerlo, ya lo sabes —dijo con tono amenazante y soberbio—. Vamos a ver qué sigue por aquí.
Lady Sire volvió a agitar las llamas y, de nuevo, con mucho esfuerzo, empezó a surgir un nuevo poema: