Chapter 34
—Esto. Es. PRECIOSO —exclamó Lady Sire tras escuchar el último verso—. ¿Ves lo que te decía, Atlas? Hay tanta belleza en el dolor amargo…
Yo seguía fijando la mirada en la llama.
Tras haber escuchado el poema que creía destruido, una parte de mí se quebró.
Empecé a recordar qué me había llevado a escribir esos versos: la discusión previa con mi expareja, cómo mis lágrimas mojaban el papel de uno de los regalos que había preparado para mi familia.
Definitivamente, era una escena totalmente amarga.
Era irónico ver como aquel poema que en su día ardió y acabó hecho cenizas, ahora volvía a mí en forma de llamas.
No tenía claro si era una simple coincidencia o era completamente parte de la tortura que me tenía preparada Lady Sire.
Fuera como fuere, lo había conseguido: el dolor que creía olvidado, volvió con fuerza a mi interior.
—¿Dudas ahora de mi poder, pequeño impertinente? Te lo dije, la verdad no puede esconderse por mucho tiempo —dijo mirándome con reprobación.
Le respondí con mi silencio. No por no tener nada que decirle, sino por prudencia a enfurecerla demostrando la ira que le guardaba.
—Bueno como veo que no quieres decir nada… tendrán que hablar las llamas de tu corazón por ti.
Antes de que pudiera mediar palabra, Lady Sire alzó los brazos y, con ese gesto, las llamas del centro del incendio se avivaron. De nuevo, una imagen empezó a formarse, y antes de que pudiera identificarla, mi voz volvió a sonar: