Versos para Caronte Chapter 7
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Chapter 7

Al terminar de leerlo, pude ver cómo Caronte soltaba una risa fugaz al aire.

—Esto se va poniendo interesante. Aunque intuyo que ahí hay palabras que no son tuyas… ¿Verdad?

Me sonrojé, invadido por la vergüenza. Me había pillado completamente. Este segundo poema también pertenecía a aquel campamento de escritura que realicé y, como él mismo había deducido, se nos obligó a utilizar algunas palabras.

—¿Co-cómo lo sabes? —le pregunté, incómodo y con las mejillas de nuevo incandescentes.

—Secretos de almas errantes, chico —me respondió—. Aunque no hace falta ser muy avispado viendo lo expresivo que eres. Cuando usabas palabras que no son tuyas te salía una sonrisilla a pesar de que el poema ni mucho menos es cómico… ¿te enorgullece haberlas usado?

Nunca había sido consciente de mis expresiones al leer. Aunque era normal, teniendo en cuenta que era la primera vez que leía alguno de mis poemas ante alguien.

—Bueno, me gustó tener que usar palabras que ni siquiera había escuchado.

—No te preocupes, chico. A pesar de no ser tuyas las palabras, el sentimiento que esconde sí parece tuyo —dijo mirando de reojo el agua.

Me quedé un rato en silencio. Nunca me había planteado el significado de aquel poema. Al haber nacido de un ejercicio programado, pensaba que simplemente era obra de mi creatividad. Pero ahora que lo había leído en voz alta, podía verme ligeramente reflejado en él.

Cuando lo escribí, me dejé llevar totalmente.

Una vez sabiendo el significado de las palabras nuevas, el resto fluyó solo.

De hecho, pensándolo bien, este poema nació dejando la mente en blanco, como muchos otros después.

Era la única forma en la que mi corazón podía desahogarse y empezar a expresarse.

—¿Pensaste en alguien al escribirlo, chico? —dijo Caronte, interrumpiendo mis pensamientos.

—Pues sinceramente, juraría que no —le contesté, ligeramente sorprendido de mi propia respuesta.

Era cierto. Tenía muchos otros poemas que iban específicamente dirigidos a algunas personas, pero este en concreto no.

—Entonces me gusta todavía más —me sonrió—. Si no va dirigido a nadie y lo escribiste con palabras ajenas, eso quiere decir que este poema ha nacido de un sentimiento oculto. Dime, ¿sigues sintiendo esa candela?

Me sonrojé tímidamente tras la pregunta. Ni siquiera me había parado a pensar qué quería decir esa candela del poema, ya que en ningún momento lo había escrito pensando en mí mismo. O eso creía.

—¡No seas tímido, chico! —dijo Caronte entre risas para quitarle hierro al asunto—. Ya te dije que este viaje te serviría para encontrar respuestas.

—Bueno… imagino que sí que sigue viva en mí —le contesté con vergüenza—. Creo que es algo que vive conmigo desde siempre.

—Hmmm… entiendo —murmuró Caronte—. Ahora entiendo que no pudieras identificarlo si es algo tan inherente a ti. Iremos tirando del hilo a ver qué encontramos, ¿te parece?

La sonrisa amable que me confió Caronte tras sus palabras provocó que mis ojos se llenaran de nuevo de lágrimas.

Fue como un abrazo compasivo que dio de lleno con una herida que ni yo reconocía.

No entendía de dónde nacía esta tristeza repentina, ni dónde me iba a llevar.

Pero al igual que muchas cosas que todavía desconocía, era algo desde luego importante por descubrir.

Me sequé las lágrimas y pensé qué poema podía ofrecerle.

Tenía claro que Caronte quería que le mostrara algo profundo y auténtico.

Pero teniendo en cuenta que solo me quedaban unos pocos tras haber arrancado más de la mitad.

.. no sabía muy bien qué iba a encontrar.

Aun así, estaba dispuesto a recitar el mejor poema que podía ofrecerle.

—Te estaré muy agradecido —le contesté apretando el poemario con fuerza—. Déjame que busque un nuevo poema que ofrecerte.

Rebusqué en el poemario, centrándome en encontrar uno que realmente me representara.

Ese tipo de poema que al ver solo su título te salta una sonrisa genuina.

Y sin demorarme mucho, lo encontré. «Este sí que servirá», pensé internamente.

Me acomodé en la barca y, tras coger una bocanada profunda de aire, comencé a recitar.