14 de octubre
Me raptaron en la iglesia. En el pasillo.
Hablando de piratas y bandoleros…
¿Mis captores? Los Diez Réprobos, que se han adueñado de manera permanente de la última fila.
No sé muy bien cómo acabé en medio de su cuadrilla de desesperados, pero allí estaba, flanqueada por cinco a la izquierda y cuatro a la derecha.
—Hola, L de A.
—Señorita Lion, hemos suspirado por usted.
—¿Todos? —dije.
—Por supuesto —respondió Charlie Cross—. Anoche, en el club, suspiramos por siete mujeres distintas. Usted fue la número tres.
—Admirable.
—Un lugar de honor. Ser la Leonor de Aquitania.
—¿En qué consiste ese honor exactamente?
Una pregunta razonable, en mi opinión.
Fue entonces cuando El Chico, que tenía aspecto de que lo hubieran arrastrado por los siete infiernos de Dante, dijo:
—No podemos hablar antes de la coronación.
—¿La qué?
—Son las reglas, ya lo sabe —suspiró Mastiff.
—Pero lo cierto es que no lo sé.
—Lo sabrá —sonrió Striker.
—Hum —respondí en un tono más que receloso—. ¿Puedo ir ya a sentarme en mi banco?
Me pareció que Los Réprobos se sentían dolidos. Y desconcertados.
¿Por qué iba alguien a rechazar el bendito privilegio de sentarse entre ellos?
—Pretendemos hacer gala de nuestro segundo mejor comportamiento de domingo —me aseguró Quality Jones.
—No se referirá a que nos echen a todos durante el sermón, ¿verdad? —pregunté.
—Lo juramos…
—Por nuestra vida.
—Oh. Miren. Hawkes el Zorro está intentando comenzar el servicio —dijo Sargent—. Caballeros, enviémosle nuestro cariño.
Y los nueve Réprobos le lanzaron un beso al Joven Hawkes, quien dejó escapar un prolongado suspiro de resignación y comenzó el servicio.