CAPÍTULO CUARENTA Y OCHO
THOMAS
A la mañana siguiente, Thomas nota que Melina apenas ha probado bocado durante el desayuno, y sabe por qué.
Está preocupada por su hermana, y Thomas odia ver cómo le afecta.
En los últimos días ha perdido peso. Recuerda lo frágil que la sintió entre sus brazos durante el entrenamiento de ayer.
A cada instante, teme que intente entregarse a cambio de su hermana.
Si vuelve a perderla, se volverá loco. Debo encontrar a su hermana lo antes posible.
Leo interrumpe sus pensamientos al acercarse y susurrarle que el coche está listo.
Thomas se levanta y camina hacia Melina.
Sus labios se demoran más de lo debido al besarle la frente antes de salir a reunirse con Leo.
Hoy Melina no lo acompaña al trabajo porque pasará el día con la madre de él.
No le gusta que estén separados, pero confía en que su madre mantendrá a Melina a salvo.
En la oficina, Thomas es incapaz de concentrarse en nada. Cada segundo que pasa separado de Melina, le atormenta la idea de que esté intentando huir para entregarse a cambio de su hermana. Huyó de mí una vez, así que podría hacerlo de nuevo.
Thomas cierra los ojos y se masajea el puente de la nariz.
Está tremendamente frustrado. Se levanta de la silla y camina hacia los ventanales de su oficina.
Contempla los rascacielos frente a él, pensando en qué hacer.
Ya tiene a sus hombres y a Richard buscando a Franky por todo el mundo, pero aún no logran encontrarla.
Imagina lo difícil que habría sido dar con ella si su red no fuera tan extensa.
Todo sería mucho más fácil si Rafael ya le hubiera dado la hora y el lugar.
Rafael lo exige a él a cambio de Franky.
Thomas aceptó porque haría cualquier cosa por Melina; el único problema es que Rafael no está listo para el intercambio.
Le ha dicho que le avisará cuando llegue el momento.
Esto lo frustra y lo deja perplejo, porque no hay motivo para que Rafael retrase el intercambio.
Thomas quiere hacer algo para ayudar a Melina a sobrellevar el secuestro de su hermana, pero no se le ocurre nada.
Le preocupa que cualquier plan divertido que proponga sea rechazado, ya que ella se sentirá culpable por divertirse mientras su hermana sufre.
Está en un callejón sin salida y no sabe qué hacer.
El sonido del teléfono interrumpe sus pensamientos. Lo saca del bolsillo y contesta.
—Hola, hermano —dice Thomas en italiano.
—Llegas tarde —responde Stefano en italiano.
—Mierda. —Thomas mira su Rolex y se da cuenta de que llega diez minutos tarde a su reunión con Stefano—. Voy para allá —dice mientras coge la chaqueta de su traje Gucci y se la pone.
—Nunca llegas tarde; ¿qué demonios pasó? —pregunta Stefano mientras Thomas camina hacia la puerta.
—Últimamente tengo la cabeza en otra parte. Me quedé absorto en mis pensamientos.
—Hablaremos de cómo encargarnos de Rafael después de la reunión. Por ahora, mueve el culo hasta aquí —dice Stefano, que ya sabe lo que le preocupa a Thomas. Toda la familia está intentando ayudarlo a recuperar a Franky y acabar con Rafael.
—Estaré allí enseguida. —Thomas cuelga.
MELINA
Melina se deja caer en la cama y clava la mirada en el techo. Acaba de volver de la mansión familiar, donde ha pasado el día. Le alegra haber pasado el día con alguien más aparte de Thomas.
Hoy la ausencia de su hermana le afectó especialmente. Se le encogió el corazón al ver a Melissa y Aurora pelearse por un vestido. Ella y Franky solían discutir igual. Espera que encuentren pronto a su hermana; la echa muchísimo de menos y está muy preocupada por ella.
Unos golpes en la puerta interrumpen sus pensamientos. Melina se acerca y abre, y se encuentra con Serena al otro lado.
—Hola, Mel —dice Serena con una sonrisa.
—Hola, Serena, ¿cómo estás? —Melina se aparta para dejarla pasar.
—Bien. ¿Y tú?
—Todo lo bien que puedo estar —dice Melina con una sonrisa forzada.
—No te preocupes. Thomas la encontrará pronto.
—Lo sé. ¿Qué te trae por aquí? —Melina le indica que se sienten en el sofá de la habitación.
—Thomas me envió para comprobar si habías vuelto a casa, como le dijo su madre. Dice que intentó llamarte, pero no le entraba la llamada.
—¡Dios mío! Debe de estar preocupadísimo. Se me agotó la batería. —Melina mira su teléfono, que está cargando en la mesita de noche.
—Le mando un mensaje para decirle que estás aquí y que no pasa nada —dice Serena, sacando el móvil.
—Graci... ¿qué tenemos aquí? —pregunta Melina al fijarse en el pedrusco que lleva Serena en el dedo anular.
—Ah, esto —dice Serena, levantando la mano para mostrar el precioso anillo de compromiso.
—Es impresionante. No me puedo creer que hayas dicho que sí —exclama Melina entusiasmada, admirando el anillo de zafiro rosa melocotón ovalado con diamantes.
—Ya lo sé. Yo tampoco me lo creo.
—No me malinterpretes, el matrimonio es algo precioso, pero pensaba que me habías dicho que no estabas preparada.
—Así es, y todavía no estoy lista para casarme, pero eso no significa que Leo no sea el hombre de mi vida.
—Oh, qué ilusión. Me alegro muchísimo por vosotros. —Melina atrae a Serena hacia sí y la abraza.
—Gracias. —Serena sonríe y le devuelve el abrazo—. Antes de que se me olvide, Thomas me pidió que te dijera que estés lista para salir con él a las ocho. —Serena se separa del abrazo.
—Ah, ¿te dijo adónde vamos?
—No.
—Vale, gracias por avisarme. Se lo preguntaré cuando venga a buscarme.
—De nada.
Serena ayuda a Melina a prepararse para su salida con Thomas. Le cuesta un poco elegir qué ponerse porque no sabe adónde la va a llevar. Elige unos pantalones de cuero negros y una blusa blanca con estampado floral y mangas de farol. Espera que sea perfecto para el lugar al que vayan.
Serena no para de hablar de lo increíble que es Leo con ella mientras le aplica maquillaje a Melina para ocultar las cicatrices de su pecho. Melina duda en dejarse maquillar delante de ella, pero cede cuando no muestra ningún signo de repulsión al verlas.
Melina es muy consciente de sus cicatrices, le acomplejan mucho. Sabe que nadie las encuentra repulsivas, pero le cuesta mostrarlas. Está trabajando en aceptar que ahora forman parte de ella. Cuentan su historia, todo lo que ha sobrevivido.
Alguien llama a la puerta de Melina mientras se está poniendo los zapatos. Serena se acerca y abre la puerta, esperando que sea Thomas. Son las ocho en punto.
—Amore —dice Serena, sorprendida. Melina frunce el ceño, confundida. ¿Por qué Serena llamaría así a Thomas? Se levanta del taburete frente al tocador y camina hacia la puerta.
—Leo —dice Melina, sorprendida de verlo, aunque ahora entiende por qué Serena dijo «Amor» al abrir la puerta.
—Hola, Mel. El Sotto Capo me pidió que viniera a recogerte.
—Oh, déjame coger el bolso y nos vamos.
—Claro.
Melina va a por el bolso. Vuelve a la puerta, se despide de Serena con un beso y baja las escaleras con Leo hacia el coche.
Unos minutos después, llegan a un club. Melina sale del coche con Leo a su lado, sin poder creer que Thomas le haya pedido que venga aquí.
Sabe que ha estado decaída últimamente, pero un club debería ser el último sitio que él pensaría que la animaría.
Sube las escaleras hacia la zona VIP, donde Leo le informa que Thomas la está esperando.
Melina está a punto de decirle a Thomas que quiere irse a casa cuando se da cuenta de quién está sentado a su lado.
—Hola, Melina, cuánto tiempo —saluda Rafael con chulería. Descruza las piernas y coge la bebida de la mesa que tiene delante. Melina se queda paralizada, incapaz de creer que esté allí, sentado junto a Thomas.
¿Qué está pasando?
Thomas se levanta del sofá y camina hacia ella.
—Estás preciosa, principessa —dice Thomas, y le besa la frente.
—Gracias —responde Melina rápidamente, apartando a Thomas para poder ver a Rafael. Se queda boquiabierta al verlo beber su bourbon y fumar su cigarrillo con total tranquilidad.
—Ven, siéntate. Te lo explicaré.
Thomas la lleva de vuelta al sofá.
Melina intenta sentarse a su lado, pero Thomas la agarra por la cintura y la sienta en su regazo.
Le aprieta la cintura mientras fulmina a Rafael con la mirada.
Melina está demasiado atónita de ver a Rafael y a Thomas en la misma habitación como para preocuparse por estar sentada en el regazo de Thomas delante de Rafael, sus guardaespaldas y Leo.
—No te preocupes, solo tengo ojos para la hermana más guapa —dice Rafael, y Thomas le aprieta la cintura a Melina.
—¿Dónde está? —pregunta Thomas.
—Debería estar llegando en cualquier momento —dice Rafael, mirando su reloj Cartier. Melina abre los ojos de par en par y se gira hacia Thomas. No puede creer lo que está pasando.
—No te pongas tan contenta, Melina. No la voy a entregar.
—¿Qué quieres decir? —pregunta Melina mientras el pánico empieza a apoderarse de ella. Teme que no le vaya a gustar la respuesta.
—Verás... —dice Rafael, arrastrando las palabras mientras se levanta—. Tu hermana es...
Camina hacia una puerta distinta a la que usó Melina. El corazón de Melina se acelera mientras espera que Rafael termine la frase. Él abre la puerta y coge una correa de la persona que está fuera.
El corazón de Melina se encoge en el momento en que Rafael completa la frase y tira de la correa hacia dentro.
—Mi mascota.
Los ojos de Melina se llenan de lágrimas al ver a su hermana con un collar en el cuello y a cuatro patas.
—¿Qué coño es esto, Rafael? —Thomas se levanta de un salto del sofá, llevándose a Melina con él. Las lágrimas corren por las mejillas de Melina mientras ve a Rafael agacharse y acariciar el pelo de su hermana como si fuera un perro.
—Saluda a nuestros invitados especiales de esta noche, mascota.
—Guau, guau —ladra Franky como un perro.
—¡Oh, Dios mío! —Las piernas de Melina ceden, pero Thomas la agarra antes de que caiga. Melina mira a Franky, pero ella no le devuelve la mirada. Se gira hacia Thomas, y aunque las palabras no salen de su boca, él sabe lo que está pensando. ¿Qué le han hecho a mi hermana?