CAPÍTULO TREINTA Y CINCO
THOMAS
Thomas se cruza con Richard de camino a su despacho. Consiguieron recuperar a Richard hace unos días tras emboscar el coche que lo trasladaba a un piso franco.
—Señor, necesito que venga conmigo. Hay algo importante que debe ver.
—¿Cómo de importante? —pregunta Thomas mientras gira el pomo de la puerta de su despacho.
—Es sobre Melina.
Los nudillos de Thomas se ponen blancos al apretar el pomo con fuerza. Sabe que Richard es capaz de encontrar a Melina, pero no esperaba que fuera tan pronto.
—¿La has encontrado?
—No exactamente, pero tengo una idea bastante clara de quién se la llevó.
—¿Se la llevó? —Thomas frunce el ceño. ¿Por qué dice Richard que alguien se llevó a Melina? Ella huyó. No la secuestraron... ¿o sí?
—Sí, señor. No creo que Melina huyera. Tengo información que indica que podrían haberla secuestrado.
—¿Estás seguro? —Thomas no puede creer lo que Richard está diciendo. ¿Cómo es posible? Su hermana vació sus cuentas bancarias y dejó el trabajo. ¿Por qué otra razón lo habría hecho si no era para huir con Melina?
—Sí, señor. Por favor, venga conmigo. Le mostraré por qué lo creo.
—Adelante —dice Thomas.
Richard lleva a Thomas a su despacho. A diferencia del de Thomas, es más pequeño y está lleno de pantallas de ordenador.
—Por favor, tome asiento, señor —dice Richard, señalando una de las sillas.
—Prefiero quedarme de pie —dice Thomas, y cruza los brazos mientras observa las pantallas.
Richard toma asiento y empieza a teclear en su ordenador.
Thomas se queda paralizado en el sitio cuando un vídeo comienza a reproducirse.
Se le encoge el corazón al ver a Melina torturada, pero el dolor se transforma rápidamente en rabia cuando ve a su torturador.
Las aletas de la nariz de Thomas se dilatan mientras los gritos de Melina llenan la habitación.
Thomas no parpadea en ningún momento. Ya ni siquiera está enfadado con Melina por haber huido.
Lo único que quiere ahora es despedazar a James por hacerle daño a su Melina.
Aprieta los puños mientras la sangre le hierve en las venas.
Thomas ansía mancharse las manos con la sangre de James.
Quiere destrozarlo pedazo a pedazo hasta que nadie pueda volver a recomponerlo.
—¡Oh, Dios mío, no! —Un grito suena a su espalda. Thomas gira la cabeza tan rápido hacia la voz que le crujen las cervicales.
—Mamá, ¿qué haces aquí? —Thomas se acerca a su madre, que está junto a la puerta con los ojos anegados en lágrimas.
—Vine a buscarte.
—¿Necesitas algo?
—Sí, pero eso ahora no importa, hijo mío. No puedo creer que esto le haya pasado a Melina. No me imagino cuánto debe de estar sufriendo.
—Ni siquiera quiero imaginarlo —dice Thomas mientras cierra los ojos y se masajea el puente de la nariz.
Abre los ojos y se pasa la mano por el pelo.
¿Cómo se las arreglará sola cuando despierte de las pesadillas que seguro tendrá después de esto?
—¡Joder! —Thomas está furioso por no poder estar allí para consolarla.
¿Le curará James las heridas? ¿Y por qué le ha hecho esto? Thomas siente que algo no encaja.
—Debes de estar destrozado —dice Katherine, posando la mano en la mejilla de Thomas. Él deja escapar un profundo suspiro.
—Perder un hijo no es fácil. Siento mucho que te haya pasado esto, cariño.
—¿Qué? —Thomas mira a su madre como si le hubieran salido dos cabezas. ¿De qué demonios está hablando?
—Ay, olvidé que no lo sabías.
—¿De qué estás hablando, mamá?
—¿Recuerdas que me dijiste que Melina estaba enferma antes de desaparecer?
—Sí. —Thomas había hablado con su madre sobre la situación de Melina y los cambios que había notado. Melina se negó a ver a un médico, así que comentó el estado de ella con su madre por si sabía qué le pasaba y podía aconsejarle qué medicamentos darle.
—He notado algo mientras veía el vídeo.
—¿Qué has notado?
—He visto sangre que le corría entre las piernas a Melina y la he oído decir algo. —Las lágrimas le resbalan por las mejillas a Katherine.
—Tenía sangre por todo el cuerpo. ¿Qué tiene de especial que tuviera sangre entre las piernas?
—Querido hijo, no creo que Melina estuviera enferma. Creo que estaba embarazada.
—¿Embarazada? —pregunta Thomas, atónito—. ¿Crees que estaba embarazada de un hijo mío? —pregunta mientras recorre la habitación de un lado a otro, frotándose la cara con las manos.
—Sí, lo estaba, y lo ha perdido otra vez. No puedo creer que haya pasado esto.
—¿Otra vez? —Thomas no entiende por qué su madre habla como si no fuera la primera vez.
—Sí, esta es la segunda vez que Melina pierde un bebé. —Katherine se abraza el cuerpo—. No me imagino cuánto debe de estar sufriendo. Perder un hijo por culpa de la misma persona tiene que ser lo más devastador que pueda pasarle a alguien.
—¿Qué quieres decir?
—Thomas, Melina ya había estado embarazada de ti antes, y perdió el bebé por culpa de este mismo James. —Katherine debió de oír a Melina decir su nombre.
Thomas se queda paralizado, mirando a su madre mientras intenta asimilar sus palabras.
Melina estaba esperando un hijo suyo por segunda vez.
No puede creerlo. No puede creer que haya creado un ser humano con Melina, no una sino dos veces, y que se esté enterando ahora.
Ahora ya no existen; Thomas no puede creerlo.
Perdió la oportunidad de ser padre antes de saber que lo era.
Se le encoge el corazón en el pecho. Le duele el alma por sus hijos no nacidos.
—Hay algo que tengo que decirte, Tom. —Katherine le pone la mano en la mejilla para sacarlo de sus pensamientos.
—¿Qué?
—Melina dijo que no tenía sentido contártelo porque no lo creerías, y aunque lo hicieras, solo te entristecería.
—¿Qué es?
—Lo que sucedió una semana antes de que Melina robara tu dinero. Necesito explicarte por qué lo hizo.
—Te escucho.
—Melina planeaba contarte la verdad y dejar a James unas semanas antes de que tuvieras que enviarle el dinero. Estaba locamente enamorada de ti y quería pasar el resto de su vida contigo, pero temía que no la perdonaras o que no creyeras que de verdad te amaba.
Pero sucedió algo que le hizo darse cuenta de que no podía seguir posponiendo el momento de contarte la verdad.
Una semana antes de que tuvieras que transferir el dinero a la cuenta de James, Melina descubrió que estaba embarazada de un hijo tuyo.
Estaba segura de que era tuyo porque había dejado de acostarse con James en cuanto empezasteis a salir.
Estaba lista para dejarlo y estar contigo, pero James lo descubrió y lo arruinó todo.
Descubrió que estaba embarazada de un hijo tuyo y que quería dejarlo. La golpeó en un ataque de rabia, lo que provocó la pérdida del bebé. También amenazó con hacerte daño si no lo ayudaba a cerrar el trato contigo. Así que Melina aceptó ayudar a James, sin saber que tú eras aún más brutal que él.
—¿Por qué Melina no me contó esto cuando la encontré?
—dice Thomas, pasándose los dedos por el pelo.
Siente que el cerebro le va a explotar. Toda esta información es abrumadora.
Ni siquiera sabe qué creer. Su madre prácticamente le está diciendo que Melina lo amaba y que nunca tuvo intención de traicionarlo.
Gran parte de él se alegra de oír eso, pero ¿cómo demonios va a creerlo?
—Porque creía que no cambiaría nada. Se acercó a ti para seducirte y robarte el dinero. No pensaba que fueras a creer que sus sentimientos eran auténticos.
—¡Mierda! —Thomas golpea con el puño la pared más cercana.
—Sé que te estás preguntando por qué te cuento todo esto. Te lo cuento porque esa mujer te quiere, y no merece lo que Rafael le hará si no la recuperas.
—¿Qué te hace creer que Rafael es el responsable?
—Noté el símbolo de su banda en el brazo de James.
—Muéstramelo, Richard —dice Thomas mientras vuelve al ordenador. Debió de pasarlo por alto porque mientras veía el vídeo solo veía rojo. Richard reproduce la grabación y amplía el símbolo del brazo de James.
—Maldito bastardo. —Thomas por fin entendió por qué James había torturado a Melina y le había enviado el vídeo.
Rafael debía de haberlo acogido en su cártel.
No le sorprendería que lo hubiera hecho solo para enfurecerlo.
Thomas había prometido una gran suma de dinero a cualquiera del sector que encontrara a James, así que Rafael sabe que tiene cuentas pendientes con él.
Thomas no entiende cómo supieron que Melina era la persona perfecta para utilizarla contra él y hacerle daño. Ni siquiera ha admitido que todavía la quiere, así que ¿cómo lo supieron?
—No te preocupes, mamá; haré todo lo que esté en mi poder para que esos bastardos paguen, y traeré a Melina a casa —jura Thomas ante su madre. Ella perdió a su bebé dos veces por culpa de James, y Thomas piensa asegurarse de que pague por ello el resto de su vida.
MELINA
Melina se despierta sobresaltada por unos gritos.
Mira a su alrededor buscando la fuente de la voz y el peligro, pero cierra los ojos de inmediato cuando un dolor punzante le atraviesa la cabeza.
Levanta la mano hacia la sien para aliviarlo, pero el cuerpo entero le protesta.
Le duele todo. Se acurruca en posición fetal y se agarra el estómago, como si le estuvieran triturando los intestinos.
Se le llenan los ojos de lágrimas mientras la sangre le fluye entre las piernas.
—Mi bebé —dice Melina en voz baja, con el labio inferior tembloroso.
—Mi ángel —dice mientras se abraza el vientre.
—Nunca llegué a conocerte. —Se le encoge el corazón mientras un dolor sordo se le instala en el pecho.
—Lo siento, lo siento, pequeño. Mami lamenta mucho no haber podido protegerte. Por favor, perdóname. —Los hombros de Melina tiemblan mientras unos sollozos desgarradores empiezan a brotar de su garganta. El dolor del alma le duele más que el del cuerpo.
Melina llora y llora la pérdida de su bebé hasta quedarse dormida, con el cuerpo agotado de tanto llorar.
Antes de caer rendida, desea poder desangrarse y morir para reunirse con su pequeño.
Ya perdió un bebé una vez, y necesitó todas sus fuerzas para superarlo.
No sabe si podrá hacerlo esta vez, porque se culpa a sí misma de la pérdida de su hijo.