Una pasión escondida La mujer del paraguas
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La mujer del paraguas

Sofía identificó finalmente a la figura del paraguas: Verónica Mena, hija de Octavio y directora del museo familiar.

Había fotografiado la estación y entrado en la casa, pero pidió hablar antes de ser detenida.

Llegó sin paraguas, empapada y temblorosa.

Explicó que ella envió el primer sobre después de encontrar documentos de su padre.

Quería que Elena descubriera las cartas antes de que Octavio tomara posesión de la casona.

También confesó el robo: sustrajo únicamente las cartas donde Gabriel mencionaba los negativos, con la intención de impedir que su padre supiera cuánto conocían.

La llama había sido provocada por un hombre de seguridad enviado por Octavio, que entró detrás de ella.

Verónica llevaba años sospechando que la fortuna familiar descansaba sobre delitos, pero temía destruir a su padre enfermo y el prestigio del museo.

Las cinco mujeres la escucharon sin indulgencia y sin crueldad.

Inés explicó que proteger un apellido nunca justificaba prolongar el daño; Clara preguntó si estaba dispuesta a declarar; Teresa le recordó que el miedo no desaparecía antes de actuar, sino después del primer paso.

Verónica aceptó colaborar y entregó una mitad del mapa.

La otra debía estar en la libreta de Amalia.

Al unir ambos fragmentos apareció el plano del invernadero y una marca bajo una antigua mesa de cultivo, en el único rincón al que nunca llegaba el sol directo.

No podían esperar una orden judicial antes de la demolición.

Sofía organizaría una entrada legal de emergencia con la evidencia disponible, pero necesitaba tiempo.

Las amigas decidieron adelantarse sólo para localizar la caja, documentarla y salir.

Gabriel quiso acompañarlas; Elena aceptó con una condición: allí dentro seguiría sus decisiones, no sus impulsos de protector.