Una pasión escondida Capítulo 3. El hombre bajo la lluvia
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Capítulo 3. El hombre bajo la lluvia

La lluvia comenzó antes de las ocho y convirtió los adoquines en espejos.

Gabriel esperaba bajo el reloj de la antigua estación, más alto de lo que Elena recordaba y más vulnerable de lo que había imaginado.

El cabello plateado, las líneas alrededor de los ojos y una leve rigidez en la mano derecha no borraban al hombre joven; lo volvían verdadero.

Durante unos segundos ninguno avanzó. Después él pronunció su nombre y toda la distancia acumulada pareció concentrarse en aquella palabra.

Elena no corrió a sus brazos. Le preguntó por las cartas, por el silencio y por la frase cruel que la obligó a dejar de esperar.

Gabriel respondió que aquella nota no era suya.

Amalia le había mostrado fotografías de un automóvil incendiado y le explicó que Octavio buscaba los negativos del archivo.

Si Gabriel regresaba o escribía directamente, pondría a Elena en peligro.

Él aceptó desaparecer durante un tiempo; cuando quiso volver, Amalia le comunicó que Elena se había comprometido y le exigió respetar su nueva vida.

La explicación no absolvió a nadie. Elena le dijo que la habían protegido como si careciera de voluntad, y Gabriel aceptó la acusación sin defenderse.

También confesó que tuvo otra relación, que cuidó a una mujer durante una enfermedad larga y que enviudó cinco años atrás.

No había vivido detenido en el pasado, pero tampoco había dejado de escribir cartas que nunca enviaba.

La sinceridad, lejos de destruir el romanticismo, lo hizo posible: eran dos adultos con historias completas, no fantasmas obligados a conservarse puros.

Cuando Gabriel extendió la mano, Elena la tomó sólo un instante.

El contacto fue sereno y devastador. Desde el otro extremo de la plaza, una figura bajo paraguas levantó una cámara.

Julia lo vio desde el automóvil y avisó a Sofía, pero el observador desapareció entre los andenes antes de que pudieran alcanzarlo.