Capítulo 16
A la familia normalmente no la escoges, la mayoría te toca en suerte.
No podía dejar de pensar en la mala suerte que había tenido Desiré con la familia de Robert.
Eli no solo era caprichosa y egocéntrica, era mala, por eso sonreía como el gato que se comió al ratón mientras regresábamos a la mansión.
Lo único bueno que tenía era que no era muy lista.
Creía que había ganado la batalla por haber acaparado la atención de David, como si arrebatármelo le supusiese la obtención de un trofeo que yo pretendía conseguir.
Pues había fallado, ese no era mi objetivo.
Como también falló en azuzar a su madre en contra de su padre, pero de eso ya se iría dando cuenta cuando Rebeca le pusiese límite a sus gastos.
Y hablando de objetivo, siguiendo el ofrecimiento de Abbot Grantshow, me presenté en sus oficinas unos días más tarde.
Me dijo que si quería ver cómo funcionaba el equipo legislativo de un club deportivo, solo tenía que acercarme a las oficinas de los Connecticut Whale, que es una filial de los New York Rangers.
Me acerqué a la recepción para anunciarle mi llegada.
—Buenas tardes —saludé .
—Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle?
—¿Puede avisar al señor Abbot Grantshow? Soy Dennise Legrand. —¿Por qué estaba dando el apellido de mi madre? Pues porque, según dijo la tía Desiré, hay que ponérselo fácil.
Si quería que recordasen mi nombre, no podía darles un apellido complicado como era Urtaritz, porque no lo memorizarían y seguro que lo escribirían mal.
No olvidemos que siempre que buscas información sobre un abogado, lo primero que haces es ir a internet, y no encontrarás algo que no existe.
Con el objetivo de que mis clientes me encontrasen, era mejor darles algo más fácil.
Lo sentía por papá, pero tendría que entender que no renunciaba a su apellido, sino que tenía que desplazarlo a un segundo lugar.
—Le avisaré. Acomódese en la zona de espera. —La recepcionista me señaló la zona de asientos a un costado.
—Gracias.
Me senté en una butaca, cerca del sofá de dos plazas en el que esperaban una joven de unos 18 y un chico que rondaría los 22. Compartimos una sonrisa cortés, de esas que se dan a desconocidos cuando se ven obligados a compartir espacio por un rato.
La joven vestía de forma casual, más bien informal, con unos pantalones vaqueros y unas zapatillas deportivas.
Él, por el contrario, llevaba una chaqueta de vestir y zapatos más formales.
Su cuerpo era atlético y tenía una pequeña cicatriz en la ceja derecha que le daba un toque sexy a sus ojos rasgados.
Se le notaba nervioso, porque su mano se movía continuamente de su rodilla hacia su corbata.
—¿Sanders? —Todos nos giramos hacia el recién llegado, era Abbot.
—Sí. —Los otros dos se pusieron en pie.
—Soy Abbot Grantshow, hablamos por teléfono hace unos días.
—Le recuerdo —dijo el chico.
—Bien. Me gustaría charlar contigo para explicarte nuestro proyecto. —El chico desvió la mirada hacia la chica.
—De acuerdo.
—Dennise, voy a atender a Sanders, no te importa esperar unos minutos, ¿verdad?
—Sin problema. —¿Qué otra cosa le iba a decir? Y además le regalé una delicada sonrisa, de esas de «no estoy encantada, pero haré lo que me pide».
—¿Y esta jovencita? —preguntó Abbot señalando a la chica.
—Es mi hermana, Susan —la presentó el chico.
—Supongo que se aburrirá mientras te explicamos todo el asunto. Dennise, ¿te quedarías con ella mientras espera? —Bonita manera de pasarme la patata caliente.
—Será un placer. —Le sonreí a la chica, indicándole que, si bien ellos no la querían cerca, conmigo estaría mucho mejor. Sé lo que es sentirse desplazada. Por un momento, me pareció reconocerme en ella cuando tenía su edad.
—Estupendo. ¿Me acompañas? — El chico le dio una última mirada a su hermana, como asegurándose de que se quedaba en buenas manos. Nada peor que quitarle el único apoyo a alguien que está nervioso.
—Cuidaré bien de ella —prometí. Él me sonrió en agradecimiento.
Ambas observamos mientras se alejaban por el pasillo hacia la zona de los despachos.
—Soy Dennise. —Extendí la mano para saludarla con formalidad.
—Susan —correspondió con timidez. Tenía que hacerle sentir menos cohibida, así que busqué algo con lo que empezar una conversación que le fuese interesante. No tuve que ir muy lejos. Abandonado sobre el asiento estaba el folleto universitario que ella había estado ojeando hasta hacía unos segundos.
—¿Yale? —pregunté mientras apuntaba con la mirada.
—Sí.
—¿Quieres inscribirte para este curso?
—Me gustaría, su programa de ciencias es magnífico. Pero no depende de mí. —Su mirada se desvió hacia el pasillo por el que se había alejado el chico.
—Ah. Creo que, si de verdad quieres estudiar en Yale, al menos deberías intentarlo. —Ella torció el gesto. Supuse que podría ser un problema de dinero.
—Todo depende de con qué equipo firme mi hermano, de momento solo estoy valorando las opciones. —Vale, ahora lo entendía .
Como hermano mayor, él cuidaría de su hermanita. Un contrato con un club le facilitaría una residencia y unos ingresos. Vivirían juntos y, mientras él jugaba, ella estudiaría en la universidad.
—Entonces esperemos que el club quiera contratarlo.
—Oh, Jason es muy bueno, todos quieren ficharlo para la próxima temporada. Los Connecticut Whale no es el único equipo interesado en él. Ya hemos tenido dos entrevistas, y nos quedan otras tres después de esta. —Por su forma de hablar, parecía que lo había acompañado a todas ellas.
—Y supongo que habrás investigado todas las universidades que quedan cerca de esos equipos —deduje.
—Sí. —Sus ojos vacilaron un segundo, como si el folleto de Yale tirase de ella.
—Pero no son Yale —dije de forma tentativa.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —se atrevió a decir.
—Claro.
—No tendrás nada que ver con la doctora Legrand de Yale, ¿verdad?
—¿Desiré Legrand? —La tía Desiré se había cambiado el apellido después de su boda, pero había sido cosa reciente, así que mucha gente seguía llamándola por su apellido de soltera.
—Sí, ella. —La vi reacomodarse mejor en el asiento, como intentando acercarse más a mí.
—Es mi tía. —Sus ojos brillaron como si le hubiese dicho que tenía una entrada de más para ver a Taylor Swift.
—Su estudio sobre el espectrómetro de masas aplicado a la biotecnología molecular es alucinante. —Genial, no había entendido más que la palabra estudio.
—Sí, eso he oído. Pero yo no entiendo nada de eso, lo mío son las leyes. —Tenía que cortar ese hilo de conversación antes de que se animase demasiado.
—Me gustaría hacerle tantas preguntas. —Se mordió el labio inferior de forma soñadora.
—Quién sabe, quizás puedas preguntarle en persona. —Le guiñé el ojo, como si tuviese un secreto que le iba a encantar. Y podría ser. Tal vez había llegado mi oportunidad para meterme en aquella negociación.