Epílogo
Uxía
Entro corriendo en el aeropuerto, justo a tiempo de verlo caminar en mi dirección. Sus ojos grises enseguida impactan en los míos y, como me ocurre cada vez que eso pasa, se me acelera el corazón.
Me recibe con esa sonrisa segura y sensual con la que consigue que me tiemblen las piernas y se me estremezca hasta el alma y, sin perder ni un segundo, avanzo hacia él y enredo los brazos en su cuello para apropiarme de esos labios que tanto he extrañado y que tanto deseo.
—Te he echado mucho de menos —murmuro segundos después cuando su boca abandona la mía para que ambos podamos respirar.
—¿Segura? —pregunta con picardía.
—Muy segura —respondo.
—Eso espero, porque no pienso volver a marcharme tanto tiempo —me asegura apretándome más contra su cuerpo a la vez que deja escapar un suspiro de felicidad y besa mi pelo.
Cientos de mariposas alzan el vuelo en mi estómago al pensar en la etapa que estamos a punto de comenzar.
Han pasado seis meses desde que nos reencontramos en el ascensor de su hotel y, en ese mismo instante, decidimos que no nos íbamos a volver a separar.
Han sido meses de muchos aviones, videollamadas y wasaps; necesitábamos tiempo para hacer las cosas bien.
Ben ha conseguido alquilar su casa y ha llegado a un acuerdo con su jefe: podrá teletrabajar, aunque cada quince días tendrá que ir a la oficina, lo que le supondrá volar a Londres dos veces al mes.
Por mi parte, yo seguiré encargándome de que Manuela, quien ha encontrado en Mati una nueva aliada, no acabe cargándose el barrio entero mientras sigo dirigiendo el hotel.
Lo bueno es que ahora lo haremos en equipo, porque ahora somos «nosotros», no yo y él.
—¿Preparada para empezar el resto de nuestra vida? —me pregunta entrelazando sus dedos con los míos.
—Preparada para todo lo que sea mientras tú estés conmigo —respondo con seguridad.
Alzo la mirada y enseguida quedo atrapada por esos ojos grises que me cautivaron desde el primer día, esos ojos grises que fueron capaces de ver en mi interior lo que ni siquiera yo sabía que existía.
Los ojos en los que espero perderme cada día de mi vida.